Cazarabet conversa con... Mariano Coronas Cabrero, autor de “Así nos
divertíamos, así jugábamos… Recopilación de juegos infantiles de Labuerda”
(Asociación El Gurrión)
Mariano Coronas
Cabrero recopila un conjunto de juegos infantiles de su pueblo del Sobrarbe,
Labuerda.
"Así nos divertíamos, así jugábamos...
" es un viaje a la infancia; un viaje a los años cincuenta y sesenta, a
una infancia en blanco y negro, pero coloreada por los paisajes que fuimos
descubriendo y recorriendo y en los que escribimos los primeros años de nuestra
vida, los fundamentos de lo que ahora somos.
Crecimos entre nanas y canciones con las que
nos enseñaron a reconocernos, a contar, a comer; entre juegos que nos ayudaron
a relacionarnos con otros chicos y chicas, a encontrar nuestros espacios
vitales; entre espacios naturales que recorrimos y conquistamos cientos de
veces; entre faenas familiares que nos aproximaron al trabajo…
Si escribir es salvar la vida del olvido; este
trabajo es un grano de arena que quiere contribuir a ello.

Reseña de la primera edición en imprenta
En el nº 179 de
la revista de Labuerda, El Gurrión aparece un artículo sobre este libro que
sirvió de base para un documental firmado por Mariano Coronas y Eugenio
Monesma:
https://www.elgurrion.com/numeros/179.pdf
No es la primera vez que Cazarabet conversa con Mariano Coronas
sobre El Gurrión y otras publicaciones editadas por este singular promotor
cultural:
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El Gurrión - Labuerda |
30/01/2016 |
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La
hora del recreo. Colección de artículos publicados semanalmente en el
Heraldo Escolar, durante el curso 1990-1991, relacionados con los juegos |
23/07/2017 |
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Anversos y reversos |
29/05/2019 |

4 de abril de 2025
Un cartel muy explícito
En una calle de Barcelona
Cazarabet conversa con Mariano Coronas Cabrero:
-Mariano, ¿qué fue lo
que, en su día allá por 1985 cuando todavía ejercías de maestro en las aulas,
hizo que escribieras este libro: Así nos divertíamos, así
jugábamos…?
-En realidad, debo remontarme a unos años antes. Desde
septiembre de 1977 hasta junio de 1981 viví en Barcelona y trabajaba en un
colegio de Canovelles. Fue en ese tiempo, cuando empecé a escribir mis
recuerdos lúdicos de infancia. Todo ello se plasmó en un documento del que hice
50 copias -a multicopista-, para enviar a las amistades. Posteriormente, a
mediados de 1985, el Ayuntamiento de Labuerda me comunicó que habían recibido
una subvención para publicaciones y convertí ese documento inicial, con algunos
añadidos, en una nueva publicación, realizada en imprenta, de la que se
hicieron 300 ejemplares. Se repartió por las casas de Labuerda y se vendieron
algunos ejemplares en librerías, hasta agotarse. Finalmente, en 1998, en
colaboración con el MRP “Aula Libre” y el CES (Centro de Estudios de Sobrarbe)
hice la versión ya definitiva y bien editada: 900 ejemplares que se enviaron a
los miembros de Aula Libre, a los socios del CES, etc. En aquel primer momento,
hace más de 40 años, creí que debía escribir lo que se iba olvidando poco a
poco y pensé que era un tema de interés. La infancia es la patria a la que
volvemos con frecuencia... Y los libros en los que la retratamos u ofrecemos
datos y detalles de la misma, son los que nos permiten refrescar vivencias,
estimular recuerdos y “volver a vivir” lo que ya vivimos...
-¿Qué despertaban los
juegos de los años que aquí desgranas que no despiertan ahora?
-Vamos a ver. La recopilación-recuerdo que yo hago de los juegos
infantiles de Labuerda es un trabajo de memoria de una infancia en un pueblo
pequeño. La calle era el elemento socializador en el que vivíamos con total
libertad. No olvidemos que había otros dos espacios-estamentos donde esa
socialización estaba constreñida por normas, ritos, silencios, castigos... Me
refiero a la escuela y la iglesia (catecismo, doctrina...) La Plaza y las
calles eran lugares de reunión diaria, a la salida de la escuela (después de
pasar fugazmente por casa para coger la merienda: pan con vino y azúcar, pan
con aceite y azúcar o con manteca y azúcar (azúcar, en todos los casos, uno de
los llamados ahora, “venenos blancos”). A veces, las ganas de ir a la plaza
para juntarnos con los demás que podían salir, se veían frustradas porque había
que echar una mano al padre en la huerta o llevarle la merienda o cualquier
pequeña faena que uno tenía pendiente. Los juegos eran actividades de
aprendizaje de la vida: había risas, diversión y pequeños conflictos..., como
en todo.
-¿Cómo se ha ido perdiendo
aquel corpus de juegos del que personas de alrededor de mi generación -yo soy
del 74- todavía hemos sido herederas y practicantes?
-Es evidente que la vida no se detiene y que nuevas formas de
diversión han ido apareciendo y han organizado las mentes de niños y niñas.
Para ello, han llegado nuevas formas de comunicación y de interrelación El
primero de todos, la televisión. Las infancias de mis tiempos en la España
rural carecían de pantalla y, por tanto, la práctica de juegos diversos, como
instrumentos de divertimento y socialización era diaria. Cuando aparece la
tele, surgen nuevos estímulos para pasar el tiempo libre y se abre el abanico
de intereses: películas, series, deportes, programas infantiles... hay que
compaginar el tiempo de televisión, que puede ser de consumo en soledad, con el
agrupamiento lúdico en la calle... Y la calle empieza a dejar de ser un espacio
abierto, libre y seguro... Progresivamente, desaparecen las piedras para dar
paso al asfalto, se va llenando de coches, las plazas tienen setos y flores que
conviene respetar, etc., etc. Todo camina en contra del mantenimiento de las
apuestas lúdicas estacionales que conformaban una parte del universo infantil.
He hablado de la televisión, pero, imagina cómo está el tema ahora con los
dispositivos móviles que, muchos adultos ponen en las manos de los críos, desde
muy pequeños para que no molesten, para que se entretengan..., generando una adictividad, cuando menos preocupante.

Así nos
divertíamos, así jugábamos y otras publicaciones que he ido haciendo sobre
juegos infantiles y populares
-Hoy en día, después del tiempo lectivo, hay otro dedicado a las
actividades extraescolares y luego están los deberes, ¿queda tiempo para
jugar?, ¿queda tiempo para disfrutar de la calle en los pueblos o de los patios
internos, parques…en las ciudades?
-El juego es parte muy importante y sustancial de la infancia y
de la vida. Y no olvidemos que algunas infancias en algunos entornos tienen
complicado hasta jugar... Dicho esto, en nuestra geografía europea, hay dos
factores que lo dificultan. Por un lado, está la despoblación del medio rural
(y pueblos sin niños y niñas) y la motorización de la vida en las ciudades, en
las que las calles no son aptas para que los chicos y chicas pequeños anden
solos. A partir de ahí, vamos buscando lugares “seguros” y ahí aparecen los
parques y los patios de colegios Una vez tenemos los espacios físicos, vemos
que hay dos factores más que condicionan el tiempo de juego: las actividades
extraescolares y las tareas escolares (los famosos deberes). Todo podría
armonizarse de manera que no fueran cargas excesivas, diariamente, para los
niños y niñas, ya desde pequeños. Ahí hay una responsabilidad de la familia que
debería tener presente la necesidad de jugar de las criaturas pequeñas y de los
colegios para no cargar excesivamente la actividad escolar, a la qua ya se
dedican varias horas, en directo cada día. A veces, las jornadas de los niños y
niñas son más largas que las de sus progenitores... Por tanto, el tiempo de
juego se ve mediatizado por todo eso que hemos nombrado y se ha reducido el
juego libre con tantas precauciones y tantas “obligaciones”.

Platetes y cajas de cerillas.
para hacer carpetas. Materia prima para jugar
-La verdad que, de lo mejor que te puede regalar la vida, ha
sido y es poder jugar en la calle con gente, además diferente a la que
coincidías en el aula… Eso, además, te aportaba otras cosas…
-Ahora que está tan de moda la palabra socialización... Jugar en
la calle, con quienes coincidas, que no necesariamente tienen que ser los
amigos del colegio, proporciona herramientas personales para gestionar la
relación establecida, para asumir las pequeñas derrotas, si en el juego
practicado hay un ganador y un perdedor, pero también saber comportarse en la
victoria, sin hundir en la miseria a quien ha perdido. Como era y es habitual
que no siempre ganen los mismos y pierdan los mismos. Había en mi pueblo una
cancioncilla que, unos días, entonábamos unos y otros días, otros: “Hemos ganau, la copa del meau; los qu´han perdido, se l´han bebido”.
Coplilla que nos igualaba, por lo que he dicho. El juego es un ejercicio de
aprendizaje constante, porque se reconoce a quienes tienen más habilidades para
uno que para otro, se forman equipos para cooperar, se desarrollan habilidades
varias: fuerza, velocidad, astucia, compañerismo, aprovechamiento de
recursos... Al final, cada uno, según sus habilidades, jugaba a una cosa o a
otra.

Juguetes que fabricábamos
-En todos los apartados, siendo yo de una comunidad vecina,
encuentro muchísimos paralelismos; algunos no los he vivido y/o jugado
directamente, pero sí los he visto y muchos, sí…
-Éste es uno de los misterios más interesantes. En las
recopilaciones de juegos infantiles que podemos encontrar en diferentes lugares
y, por tanto, en lugares muy alejados, sorprende que jugáramos con los mismos
objetos o a juegos muy parecidos. Y todo ello, en tiempos en los que no
existían ni televisión ni redes sociales, ni nada que pudiese servir -con
rapidez- a la difusión. Sí existían otros medios para ponerse en contacto a
unos con otros, claro; mucho más lentos, pero también efectivos, a la larga. Hay
que pensar -si no está ya dicho con anterioridad- que los entornos rurales
compartían muchas características comunes y, por tanto, en todos los sitios
había piedras, madera, árboles, arbustos, semillas, flores, acequias, barrancos
y ríos, montes y laderas... Una geografía y una naturaleza compartida...
Siempre hubo personas, artesanos, etc. que iban de un lado a otro y que,
probablemente, servían de medios de transmisión de juegos, oficios, vocabulario
y otras actividades.
-En las escuelas, ¿sabes si se trabaja en los recreos en tratar
de no perder muchos de estos juegos?
-Recuerdo los recreos de mis primeros años de maestro (mediados
los años 70 y los 80 del pasado siglo), en los que no era necesario “trabajar
el juego” porque se jugaba de forma natural a la comba, a la goma, a churro, a
canicas, a saltos de pídola, etc. con mucha frecuencia y de manera estacional.
Una característica curiosa de las actividades lúdicas libres, era que, de golpe
y porrazo, se empezaba a jugar a una cosa y durante unas semanas, solo a esa
cosa... Y, de golpe y porrazo, se cambiaba a otra y así, sucesivamente... Luego hubo un tiempo en el que el profesorado
de Educación física (cuando dejó de llamarse gimnasia la asignatura) en sus
reuniones de seminarios comarcales, etc. recopiló e impulsó el que en esas
clases hubiera un espacio para practicar esos juegos que se estaban perdiendo.
Yo mismo recuerdo que fabriqué tres o cuatro “guiadores” con alambre grueso
para conducir aros y llevé también los aros de las calderetas de cinc, que eran
los auténticos con los que yo había jugado y cómo costaba conducir por el
patio, cuando nosotros lo hacíamos con toda naturalidad... Ahí estaría otra
gran diferencia. Cuando tú jugabas a algo, lo hacías y repetías hasta
dominarlo; cuando te lo ofrecían en el colegio, no había tiempo para repetir
tanto rato y no todo el mundo tenía la misma habilidad para dominar el juego y
que le gustase hacerlo. Posteriormente, se pintaron y aún se ven perfectamente
en muchos patios de recreo, “el plano”, el “tres en barro”, etc. para estimular
la práctica. Pero las condiciones actuales son las que son. Y ese posible
aprendizaje escolar, no se traslada fácilmente a las calles pobladas de
coches... Durante el curso escolar 1990-1991 publiqué en el Heraldo escolar 35
artículos, uno por semana, bajo el título genérico de La hora del recreo”.
Precisamente, el pequeño proyecto tenía la finalidad de recordar a maestras y
maestros la posibilidad de recoger y estimular la práctica de los juegos
infantiles, llamémosles, tradicionales, a la hora de los recreos y luego en las
calles y plazas de los pueblos. No hubo seguimiento de si aumentó la práctica,
pero ahí quedó un notable intento de ánimo y divulgación. En 2017, hice por mi
cuenta una publicación con ese nombre, a la que añadí una amplia presentación,
un largo listado de artículos refrentes al juego (hemeroteca) y otro listado de
decenas de libros (bibliografía) con recopilaciones en diferentes áreas
geográficas y demás consideraciones. De esta publicación, ya os hicisteis eco
en vuestras páginas: https://www.cazarabet.com/pais/kms/pais34/horarecreo.htm
También ha habido interés y se han divulgado a través de
jornadas culturales, de animadores lúdicos, de algunas asociaciones que han
convocado a niños y niñas en plazas y parques dedicando jornadas al aprendizaje
y la práctica de algunos juegos.

Aro y guiador. Foto de Eugenio Monesma
-Se estimulaba mucho más la imaginación en aquellos días,
¿verdad?
-Probablemente, también servían para eso. La imaginación es una
facultad que admite variados estímulos; uno de ellos es el juego libre, pero
también se estimula con la lectura, con la oralidad, con el cine, con la
observación de la naturaleza, con el cultivo de la amistad, etc., etc. Es
evidente que aquellos juegos permitían otro tipo de involucración en su
práctica; diferente de la que puede darse al ver la televisión o jugar con
videojuegos, etc. Pero cada uno somos hijos de una época, de un tiempo, queramos
o no...

Churro, mediamanga
y mangantera. Foto de Eugenio Monesma
-Y si un día no había imaginación y aparecía un poco el
aburrimiento, no pasaba nada… porque ahora todos los expertos nos dicen y nos
hablan de “las bondades” del aburrimiento. Coméntanos, por favor…
-En mis tiempos de infancia aún no se habían inventado los
psicólogos y, por tanto, no había traumas relacionados con la diversión o el
aburrimiento. Cuando eres niños, si te aburre una cosa, haces o intentas hacer
otra y el tema queda zanjado. No teníamos estrés por estar siempre
divirtiéndonos. Había ratos, de reuniones en corro, hablando de diversos
asuntos y echándonos unas risas. Y eso era posible y saludable, porque nos
encontrábamos en la calle, a salvo de miradas de adulto y porque desconocíamos
la relación entre el aburrimiento y los problemas derivados...

Comba. Foto de Eugenio Monesma
-¿Qué juegos hasta te han
sorprendido a ti porque los has jugado poco o conocido de manera indirecta y
casi se han perdido en el tiempo?
-En la jornada de filmación de juegos con Eugenio Monesma (hablo
con más detalle más adelante), conocimos algunos que no habíamos visto jugar
con anterioridad: uno era “la petrusca” y otro, el
“tango” ... También tuvimos noticia de algunas canciones que no conocíamos...
Es decir, al margen de que, durante mucho tiempo practicáramos unos juegos
determinados, otros habían dejado de jugarse y de aquellos que hicimos
nuestros, también la mayoría han pasado a mejor vida o a los libros de
recopilación como el que nos ocupa. La vida en sí misma es un camino de
pérdidas constante, que se acentúa con los años: pierdes referencias,
amistades, salud, personas de tu alrededor, memoria, recuerdos y toda la larga
lista de pérdidas, muy humanas, pero irremediables que puedas imaginar.

Esturrumbarnos por os terreros. Foto de Eugenio Monesma
-¿Y qué juegos te
sorprende que todavía se jueguen?
-He podido fotografiar el dibujo del “plan” en una calle
pública, lo que me lleva a pensar que después de dibujado, fue jugado. El
escondite... El coleccionismo de cromos sigue de total actualidad; los juegos
con pelota, el “veo, veo”, la fabricación de juguetes (antes, con materiales
recogidos en la naturaleza y hoy día, con materiales reciclables...) También es
necesario constatar que algunos espacios públicos están vedados para que los
chicos jueguen y de tal circunstancia aporto un par de testimonios
fotográficos.

Juego con carpetas. Modalidad -a
montón-. Foto
de Eugenio Monesma
-¿Qué crees, amigo
Mariano, que supuso en aquel momento la publicación de este libro que
recordaba a qué se jugaba y cómo se divertía la gente?
Ya sabes que uno tiene una capacidad
limitada de llegar a mucha gente con sus publicaciones. Sí creo, que es un
eslabón más en la tarea de recopilar el juego en la infancia. Tengo una
colección cercana al centenar de libros sobre el tema. Varios de ellos, fruto
del intercambio del mío con el de otros autores que hicieron algo parecido en
sus respectivos lugares de nacimiento o de investigación. Sé que algunas
personas que lo recibieron, por pertenecer a alguno de los colectivos
colaboradores en la edición, o que lo compraron con posterioridad, dijeron que
les había removido el interior para recordar su propia infancia y, en ese
sentido, había tenido una emotiva utilidad. Con el paso del tiempo, queda ahí
como testigo de unas vivencias que trajo el recuerdo y que puede ser consultado
en algunas bibliotecas y que está archivado en la BN. Pero sí quiero comentar
algunas cuestiones curiosas, no con la edición de 1998, sino con la primera de
1985.
El día 8 de enero de 1986, me llamó Ramón
Martí, de Radio Valle del Cinca de Barbastro y me hizo una entrevista sobre la
marcha. Eran las 8:10 de la mañana de un miércoles. Dio la casualidad que
estaba en la emisora su hermano: Javier Martí que había sido profesor mío en el
Instaituto de Aínsa en cuarto de Bachiller y con el que pude hablar ese día,
después de mucho tiempo. Les envié un libro a cada al día siguiente. Ese mismo
día, el periódico “El Día”, de Zaragoza, publicó una amplia reseña del libro.
El día 13 de enero, recibí una llamada
para desplazarme a Zaragoza, a los estudios de TV para hablar del libro en
cuestión. Era una entrevista en el programa “Esto es Aragón”. (El programa
"Esto es Aragón" fue un espacio emblemático de la delegación
territorial de Televisión Española en Aragón, durante la década de los 80,
destacando como revista cultural y documental sobre la comunidad. El espacio lo
presentaba la periodista Isabel Corona). Viajé en autobús el día 14 hasta la
capital aragonesa y allí me recogió mi amigo José Mari Fantova de Plan, que
vivía en Zaragoza, para llevarme a los estudios citados (en el edificio de la
casa-chalet situada en el paseo Ruiseñores, 57-59 de la capital aragonesa).
Guardo una cinta VHS con la entrevista, que luego pasó a un CD mi hijo Daniel
para poderla ver con un reproductor más moderno que el magnetoscopio, je, je.
Por otra parte, ese mismo año, Eugenio
Monesma se interesó por la recopilación y quiso filmar algunos de aquellos
juegos. El día 24 de agosto de 1986, pasamos unas cuantas horas de mañana y
tarde metidos en esa faena. Lamentablemente, nunca pudo convertir las imágenes
filmadas en uno de sus documentales por cuestiones técnicas. Sí dispongo de una
filmación sin montar de todo lo jugado. Precisamente en la revista El Gurrión
número 179 de mayo de 2025 (páginas 33-37) explica él y explico yo las
vicisitudes de aquella jornada y por qué no acabó en un documental. Artículo
que puede consultarse en: https://elgurrion.com/numeros/179.pdf
Y aquí seguimos, observando cómo cambia
la vida en general y el desarrollo de la infancia, en relación con el juego.

En
una plaza
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