Cazarabet conversa con... Juan Villalba Sebastián
y José Serafín Aldecoa Calvo sobre sus artículos en el número 157-158 de la
revista cultural “Turia” (Instituto de Estudios Turolenses)
Turia llega con
otra apuesta cultural: seria, contundente y alentadora.
Por algo se alzó
con el premio nacional al fomento de la lectura.
Pues sí. El IET ha tenido la amabilidad con el proyecto Cazarabet-Mas de
las Matas (como siempre) de enviarnos sus últimas publicaciones. Una de ellas
es el número 157-158 de su revista cultural Turia. Los contenidos son más que
interesantes, pero vamos a destacar dos de sus secciones:
- “Sobre Aragón”
Ramón Acín: vivir en un mar de letras. Por Juan Villalba
Sebastián
- “Cuadernos turolenses”
Los Doporto de Teruel: ciencia, República y exilio. Por Serafín
Aldecoa
Cazarabet conversa con Juan Villalba Sebastián:
-¿Qué
características hacen de él un "hacedor de talentos" o "un
ojeador de plumas" que viajan y que él encuentra y hace que, de alguna
manera, resalten en el panorama literario?
Ramón Acín
destacó, en su faceta de crítico, por su curiosidad intelectual, su fino olfato
literario y una generosidad poco común que le llevó a descubrir, apoyar y dar
visibilidad a voces emergentes —a menudo heterodoxas—, actuando como puente
entre autores, editores y lectores dentro de una amplia red cultural. Esa misma
vocación cristalizó en 1985 con la creación del programa “Animación a la
lectura”, una iniciativa pionera con la que impulsó el descubrimiento y la
proyección de nuevos talentos aragoneses. Gracias a este trabajo, contribuyó a
que autores y autoras jóvenes —presentes en encuentros, talleres y circuitos de
lectura— encontraran cauces de difusión y reconocimiento, reforzando el tejido
literario de Aragón.
-Al ser gestor cultural y al estar en
contacto y estar tanto al tanto de tantas plumas, gentes, revistas y demás...
es el caldo de cultivo con el que él, poco a poco, y a fuego lento ha hecho
seguimiento y descubrimiento de muchas de las destacadas plumas que hay en el
presente en Aragón...
Hombre, yo creo que
él, con paciencia y criterio, contribuyó de alguna manera a detectar y
acompañar a muchas de las voces más relevantes de la literatura aragonesa
contemporánea. En ese proceso de descubrimiento y proyección pueden señalarse
nombres como Manuel Vilas, Ignacio Martínez de Pisón, Miguel Mena, Angélica
Morales, Patricia Esteban Erlés o Ana Alcolea, entre otros, cuya consolidación
en el panorama literario ha encontrado eco en espacios y dinámicas que él
contribuyó a dinamizar.
-Porque lo que es indiscutible que el
panorama presente de las letras aragoneses es magnífico, ¿no?; ¿por qué, a qué
lo atribuyes?
Sí, es cierto que
el panorama actual de las letras aragonesas es especialmente fértil. En buena
medida se debe a la confluencia de varias generaciones de autores muy sólidos
como Soledad Puértolas, Manuel Vilas, Javier Sebastián, Miguel Mena, José Luis
Melero, Antón Castro, Antonio Iturbe, Joaquín Berges, Javier Sierra, Angélica
Morales, Ignacio Martínez de Pisón, Ana Alcolea y un largo etcétera, con otras
voces más recientes como Irene Vallejo, Nacho Escuín, Patricia Esteban Erlés,
Marta Borrás, lo que ha creado un diálogo continuo entre tradición y
renovación.
A ello se suma un
ecosistema cultural muy activo: editoriales independientes (Xórdica,
Pregunta, etc.), revistas (no nos olvidemos de la revista cultural Turia, todo un referente de resistencia
y cultura universal que parte de lo local para alcanzar lo universal),
bibliotecas y programas públicos que han fomentado la lectura y la escritura
desde hace décadas —entre ellos iniciativas como las impulsadas por Ramón
Acín—. Este tejido ha permitido detectar, acompañar y dar visibilidad a nuevos
talentos.
-Los encuentros con los autores,
escritoras y escritores, y el mostrarlos con sus conversaciones abiertas ha
sido un punto muy, muy alentador en todo ello, ¿no?
Sin duda, los
encuentros con autores —esas conversaciones abiertas, cercanas y sin corsés—
han sido un elemento decisivo para dinamizar el panorama literario. Han
permitido humanizar la figura del escritor, acercarlo al lector y convertir la
literatura en un espacio de diálogo vivo, no solo de lectura en solitario.
Además, estos
encuentros generan comunidad: lectores, escritores y mediadores culturales
comparten inquietudes, descubren nuevas voces y establecen vínculos que van más
allá del acto puntual. En ese contexto, iniciativas impulsadas por figuras como
Ramón Acín han sido fundamentales, porque han entendido la cultura como
conversación continua y no como un producto cerrado.
En definitiva,
ese intercambio directo ha sido muy alentador porque no solo visibiliza a los
autores, sino que también estimula vocaciones, crea lectores más activos y
contribuye a que el ecosistema literario aragonés siga creciendo con
naturalidad y solidez.
-¿Qué parte del
"éxito" de las Letras Aragonesas tiene Ramón Acín?
Como ya he
señalado, su aportación al éxito de las letras aragonesas es directa y
fundamental, no solo como escritor, sino como dinamizador cultural. A través de
programas de animación a la lectura, encuentros con autores y diversas
iniciativas, ha contribuido a crear lectores, visibilizar a escritores
aragoneses, tejer redes culturales y fomentar el hábito lector, especialmente
entre los jóvenes.
En conjunto, su
labor es estructural, ya que ha ayudado a construir el ecosistema que sostiene
la actual vitalidad y proyección de la literatura aragonesa.
-Pero cuando se pone a dar
conferencias sobe el mundo literario...abre todo un abanico de posibilidades y
casi te “embauca" a la lectura. Esa es una virtud que no la tienen
todos...
Sin duda, ahí
reside una de las grandes fortalezas de Ramón Acín. Cuando imparte conferencias
sobre el mundo literario no se limita a informar: sugiere, conecta y despierta
curiosidad. Tiene la capacidad de presentar los libros como puertas
abiertas, trazando relaciones, contextos y lecturas posibles que amplían el
horizonte del oyente.
Ese “embaucar”
—en el mejor sentido— es en realidad una forma de seducción intelectual:
convierte la literatura en una experiencia cercana, viva y accesible. Y,
efectivamente, es una virtud poco común, porque no todos los buenos conocedores
de la literatura saben transmitir pasión y contagiar el deseo de leer. En su caso, —seguramente por su
faceta de profesor— esa capacidad comunicativa refuerza aún más su papel como
mediador entre los libros y los lectores.
-Y también como escritor, ensayista o
narrador, se muestra ágil... como ensayista mostrándose siempre mirando las
plumas cercanas como la de Jesús Moncada y otros más contemporáneos...
Sí, y no es una
impresión superficial: en Ramón Acín hay una clara vocación de cercanía
—temática y estilística— cuando ejerce como ensayista o narrador. Su escritura
es ágil porque parte de una voluntad comunicativa muy marcada: no escribe para
distanciar, sino para invitar a leer, a pensar y a dialogar con el entorno
inmediato.
En ese sentido,
su mirada hacia “las plumas cercanas” no es casual. La referencia a Jesús
Moncada resulta especialmente pertinente: como Moncada, muestra interés por los
territorios vividos, la memoria cultural y las voces que construyen identidad,
aunque lo haga desde registros distintos. Donde Moncada ficcionaliza
con gran densidad simbólica, Acín tiende más a la divulgación reflexiva,
al ensayo que ilumina sin imponerse.
Además, su
atención a autores contemporáneos responde a una actitud coherente con su labor
de animación lectora y de crítico: leer lo próximo para comprender mejor lo
propio. No se trata solo de afinidad literaria, sino de una forma de
situarse en el mundo cultural aragonés: reconocer tradiciones, tender puentes y
hacer accesible la literatura.
Por eso, como
ensayista, su agilidad no es solo cuestión de estilo, sino de enfoque: escribe
con claridad, con voluntad pedagógica y con una mirada abierta que integra
referentes cercanos —como Moncada y otros contemporáneos— dentro de un discurso
más amplio sobre la lectura y la cultura.
-Como
narrador tiene la libertad como bandera: libros sobre sus andanzas
viajeras---que no turísticas---, relatos, cuentos... ¿de quién crees ha
bebido?; ¿qué obres nos destacarías de él o nos aconsejarías?
Como narrador,
esa “libertad como bandera” en escritura
no surge de la nada: se perciben lecturas y afinidades que van más por
una tradición de escritores caminantes,
observadores y heterodoxos que por una escuela cerrada.
En esa línea, es
fácil reconocer ecos —más de espíritu que de estilo— de autores como Josep Pla,
por su atención a lo cotidiano y lo vivido; de Julio Llamazares, en esa mirada
al territorio interior y al viaje como experiencia emocional; o incluso de Camilo
José Cela en obras como Viaje a la Alcarria, donde el desplazamiento no
es turismo sino excusa narrativa para
comprender un paisaje humano. Y, de nuevo, la sombra de Jesús Moncada
puede aparecer en esa forma de rescatar
lo local con vocación universal.
Acín Fanlo, sin embargo, no imita: adapta ese legado a su propio
terreno. Sus “andanzas viajeras” rehúyen el itinerario convencional y se
convierten en relatos de experiencia,
donde lo importante no es el destino sino la mirada: hay observación, ironía,
cercanía y, muchas veces, un tono casi conversacional que conecta con su faceta
de mediador cultural.
En cuanto a qué
obras destacar o recomendar, más que títulos aislados —porque su producción es
bastante dispersa entre artículos, relatos y libros de carácter híbrido— lo más
valioso es acercarse a:
—Sus libros
de viajes, donde mejor se aprecia esa libertad narrativa y su capacidad
de convertir lo cotidiano en materia literaria. No me puedo resistir en
destacar dos títulos esenciales: Un andar que no cesa. Cuadernos de viaje y Las
historias de la historia (Viajes de papel).
—Sus recopilaciones
de artículos o ensayos breves, que funcionan casi como pequeñas piezas
narrativas, muy accesibles y sugerentes.
—Sus relatos
y cuentos, donde condensa su estilo: brevedad, observación y una cierta
complicidad con el lector. Su última publicación, Vida, es un magnífico ejemplo de lo expuesto.
—Sus novelas. Citar alguna sería una falta de
cortesía para el resto.
Si hubiera que
aconsejar una puerta de entrada, sería precisamente esa: empezar por sus textos
más breves y de viaje, porque ahí se ve con claridad quién es como narrador.
Luego, poco a poco, se descubre que detrás de esa aparente ligereza hay una mirada muy consciente sobre el territorio, la
cultura y la experiencia de leer y vivir.
-En su narrativa los personajes son
muy, muy importantes, pero los lugares, como el omnipresente Pirineo---tan
presente en otras grandes plumas aragonesas--- es como otro personaje más, ¿no?
Sí, y además es
una de las claves más reconocibles de su narrativa. Los personajes sostienen el
pulso humano del relato, pero los espacios —y muy especialmente el Pirineo
aragonés— no funcionan como simple escenario: actúan, condicionan y dialogan
con quienes los habitan.
En ese sentido,
el paisaje pirenaico se convierte en una especie de personaje silencioso:
impone ritmos, modela caracteres, sugiere estados de ánimo. No es lo mismo
vivir, pensar o recordar desde la llanura que desde la montaña; y Acín lo
aprovecha para dotar a sus historias de una densidad emocional y simbólica
muy particular.
Esto lo emparenta
con una tradición muy sólida de la literatura aragonesa en la que el territorio
tiene peso propio. Ahí resuena, por ejemplo, la obra del citado Julio
Llamazares —aunque centrado en la montaña leonesa— o la de José Antonio
Labordeta, donde el paisaje también es memoria, identidad y, en cierto modo,
conciencia colectiva.
En Ramón, sin
embargo, hay un matiz interesante: ese “personaje paisaje” no aparece
idealizado. El Pirineo puede ser acogedor o áspero, luminoso o inhóspito,
según la mirada del narrador o la situación de los personajes. Y ahí está su
acierto: en mostrar que los lugares, como las personas, tienen múltiples
caras y afectan de manera distinta a quien los atraviesa.
Por eso, sí: en
su narrativa, personajes y espacios forman un tejido inseparable. Entender a
unos sin los otros sería perder buena parte de la profundidad de su literatura.
-Y
siempre, me da que, no perdiendo la mirada a los más jóvenes, al futuro sabe
que sin ellos nada es posible....
Sí, esa intuición
es muy certera. En él hay una conciencia muy clara de que la literatura
—y, en general, la cultura— solo tiene continuidad si logra interpelar a los
más jóvenes. No es un gesto retórico: forma parte de su manera de entender
la escritura y, sobre todo, su labor como mediador y animador a la lectura.
Esa “mirada hacia
el futuro” se traduce en varios planos. Por un lado, en un tono accesible y
nada excluyente, que evita el hermetismo y busca complicidad. Por otro, en
los temas: incluso cuando habla de memoria, territorio o tradición, lo hace con
la intención de hacerlos significativos para nuevas generaciones, no
como algo cerrado o nostálgico.
Además, su
contacto directo con jóvenes lectores —en encuentros, charlas y actividades— le
permite ajustar el discurso: sabe qué despierta curiosidad, qué distancia y qué
puede “enganchar”, no olvidemos que ha sido profesor también. Ahí radica una de
sus mayores virtudes: no simplifica, pero sí traduce, abre puertas sin
rebajar el contenido.
En el fondo, late
una idea muy firme: sin relevo lector no hay literatura viva. Y por eso su
escritura, incluso cuando parece ligera o cercana, está atravesada por una
intención muy seria: formar lectores, despertar inquietudes y garantizar que
la cultura siga teniendo futuro. De hecho, tiene libros de literatura
infantil y más abundante incluso, juvenil.
-Juan, ¿querrías añadir algo más sobre
Ramón Acín Fanlo?
Más que situarlo
en el primer plano mediático, su importancia en el panorama actual radica en
algo menos visible pero decisivo: su papel como articulador del ecosistema
literario.
No es solo un
escritor que publica, sino alguien que genera lectores, crea contextos y
dinamiza la vida cultural. En un momento en que la literatura compite con
muchas otras formas de ocio, figuras como la suya resultan esenciales porque
sostienen ese “tejido invisible” que permite que los libros circulen, se
comenten y cobren sentido colectivo.
Además, aporta
una mirada arraigada pero no localista. Como otros autores que han
sabido convertir lo cercano en universal —piénsese en su admirado Jesús
Moncada—, Acín trabaja desde Aragón, desde sus paisajes y sus gentes, pero con
una vocación abierta, integradora. Eso contribuye a reforzar la idea de que la
literatura periférica no es menor, sino necesaria para enriquecer el
conjunto.
También es
relevante su capacidad para transitar entre géneros —ensayo, narración,
crónica viajera— sin rigidez, lo que conecta bien con las formas de lectura
contemporáneas, más fragmentarias y diversas. En ese sentido, su obra dialoga
con el presente no solo por lo que cuenta, sino por cómo lo cuenta.
Y hay un último
aspecto que no conviene subestimar: su coherencia. En él coinciden el escritor
y el promotor cultural, el lector apasionado y el divulgador. Esa suma le
otorga una autoridad particular: no impone un canon, pero sí invita a descubrirlo.
En conjunto, su
importancia no se mide únicamente por títulos concretos, sino por algo más
amplio: contribuye a que la literatura siga siendo un espacio vivo,
compartido y con futuro.
A mi juicio y me
meto donde no me llaman, merecería el Premio de las Letras Aragonesas.
-Y esta última pregunta es punto y
aparte, que en una provincia tan despoblada como es Teruel se edite una revista
cultural como Turia con el trayecto que lleva es algo meritorio, pero que muy
meritorio, no sé si nos damos cuenta de ello. Coméntanos por favor...
Es, sin exagerar,
un pequeño milagro cultural. Esto lo dice siempre su infatigable director, Raúl
Carlos Maícas. Que en un territorio como Teruel —marcado por la despoblación y
la fragilidad de sus infraestructuras culturales— haya nacido, crecido y se haya
consolidado una revista como Turia es
algo de enorme valor.
Turia no es solo una publicación periódica:
es un espacio de encuentro, de
pensamiento y de proyección literaria que ha logrado trascender su lugar
de origen. Desde Teruel ha sido capaz de reunir a voces nacionales e
internacionales, combinar creación y crítica, y mantener una exigencia intelectual constante
durante décadas. Eso rompe un tópico muy arraigado: que la cultura de calidad
solo puede sostenerse en grandes capitales.
Ahí es donde
figuras como Ramón Acín —y otros
agentes culturales vinculados a ese ecosistema— adquieren aún más relevancia.
Porque detrás de proyectos así no hay solo financiación o estructura: hay convicción, trabajo sostenido y una fe
profunda en la cultura como bien necesario.
Además, el caso
de Turia tiene un valor simbólico muy potente: demuestra que incluso en
contextos adversos se puede generar centralidad
cultural desde la periferia. Y no como excepción exótica, sino como
modelo posible. La revista ha contribuido a situar a Teruel en el mapa
literario, no solo nacional, sino internacional, a crear lectores, a dar voz a
escritores y a mantener viva una conversación cultural que, de otro modo, sería
mucho más débil. Para mí es un orgullo formar parte de su consejo de redacción
y escribir con frecuencia en sus páginas, un escaparate donde mis textos
aparecen junto a los de Ramón Acín o Vargas Llosa, por citar dos nombres
Por eso, sí: es
muy meritorio. Pero, sobre todo, es imprescindible
reconocerlo y sostenerlo, porque proyectos así no solo enriquecen un
territorio concreto, sino que elevan el nivel cultural del conjunto.
Cazarabet
conversa con José Serafín Aldecoa Calvo:
-
Serafín, ¿nos puedes presentar quiénes eran “Los Doporto” de Teruel sobre los
que escribes un articulo-reportaje en la revista
Turia? ¿Qué te interesaba analizar de ellos fundamentalmente?
- Primero. Los Doporto son una familia que se
instala en Teruel en la Calle del Paseador a finales del siglo XIX cuando
Severiano, el mayor y tío, llega a Teruel en 1888 como catedrático de Geografía
e Historia al Instituto y con él y unos años más tarde llegan dos sobrinos,
Luis y Mariano, a estudiar el Bachillerato. También llegarán dos hermanas de
Severiano e incluso otra hermana de los sobrinos residió algunos años en la
capital. He titulado los Doporto “de” Teruel porque, aunque no eran nacidos en
la ciudad, Severiano permaneció como catedrático cerca de tres décadas y
realizó estudios y publicaciones sobre la capital y provincia, mientras que los
sobrinos realizaron brillantemente el Bachillerato aquí, Luis, llegó a ser
alcalde de Teruel y Mariano casó con una bibliotecaria turolense de nombre
Mercedes Laguía, mientras iba y venía a Madrid para
estudiar la carrera de Físicas.
Segundo. He
querido rescatarlos del olvido puesto que eran desconocidos como otros tantos
turolenses a los que el régimen franquista se encargó de enterrarlos. Aparte de
ello, he querido resaltar la cantidad de científicos de diferentes campos que
tuvieron que exiliarse al extranjero para evitar la represión política. ¡Cuánta
materia gris se perdió en el país por la salida de mentes privilegiadas, porque
los dos sobrinos lo eran! Luis falleció en México y Mariano en Irlanda.
-¿Qué
aportaciones realizaron al mundo de la ciencia y humanística?
- Severiano,
el tío, aparte de la catalogación y ordenamiento del Archivo histórico del
Ayuntamiento de Teruel, fue el autor del Cancionero turolense, una antología de
cantos recogidos en la provincia de Teruel, director del periódico “El
Republicano” y otras publicaciones e incluso autor de campañas arqueológicas.
Luis fue una de las figuras destacadas dentro de la
Geografía de los años 20 y 30, especialmente en la elaboración de mapas
geográficos de España que en su día fueron considerados inmejorables, algunos
de los cuales se conservan todavía en el Instituto Ramón y Cajal de Huesca.
También destacó en la redacción de manuales de Geografía que en su día se
emplearon en las aulas para la docencia y en México, director de la
Enciclopedia UTEHA. (Unión Tipográfica Editorial
Hispano Americana) con la colaboración de destacados españoles exiliados. Según
algunos, UTEHA fue la aportación cultural más grande del exilio intelectual
español.
Mariano estudió Físicas y destacó en la Meteorología como
fundador, secretario e impulsor de la Sociedad Española de Meteorología y de la
revista Anales de la Sociedad Española de Meteorología, aparte de director del
Observatorio Meteorológico del Monte Igueldo de San Sebastián y del “Irish Meteorological
Service” (Servicio Irlandés de Meteorología, IMS) a nivel nacional en Irlanda.
El número de artículos científicos publicados es enorme.

-Llega la república y ellos estaban
comprometidos con esta causa e ideario, la guerra y el exilio... ¿cómo les fue
a ellos todo este periplo?
R- Los tres
estuvieron comprometidos con la República. Severiano a finales del siglo XIX
era el dirigente republicano más respetado y reconocido de la ciudad de Teruel
y como tal, candidato y concejal del Ayuntamiento de Teruel, aparte de sus
labores periodísticas dentro del periodismo republicano finisecular.
Creemos que al
“adoptar” de facto a sus sobrinos, aparte de orientarles en los estudios, debió
de influir en su formación y en su ideario político.
En el caso de
Luis fue el líder del Partido Republicado de Teruel (PRT) y como tal dos décadas más tarde fue elegido alcalde, cargo que
ejerció entre 1918 y 1920 posteriormente, en 1933, candidato a diputado a
Cortes por Acción Republicana. De Mariano disponemos de menos información de su
ideario pero lo cierto es que aparece en la
documentación como “socialista” y por tanto,
republicano.
Cuando se produjo
la sublevación del 18 de julio, ambos se adhirieron al bando republicano. Luis
fue subcomisario general de guerra mientras que Mariano asesoró y ocupó un
cargo dentro de Armada.
No sabemos por
qué Luis fue nombrado cónsul de la República en Brasil en plena guerra pero ya no regresó a España y se exilió
definitivamente en México DF donde falleció, mientras que su hermano Mariano,
al terminar la guerra, pese a las peticiones de su hermano para que viajara a
México, pasó a Francia y posteriormente se instaló en Irlanda donde falleció.

Expediente de Luis Doporto del
Tribunal de la Masonería. Archivo Salamanca
.-Los Doporto desde su aportación
docente combinaban y trabajaban por y para la investigación y
la ciencia...? ¿Cómo y de qué manera influyeron los Doporto en la Sociedad de
Teruel?
R.- En el caso de Severiano lo primero a destacar fue su
labor periodística con la creación y dirección de un periódico como El Republicano en Teruel y junto a Luis
su sobrino, influyeron en el alumnado turolense a través de su actividad
docente en el Instituto y en la Escuela Normal. La redacción del Cancionero
Turolense por parte de Severiano fue un ejercicio de investigación mediante
un trabajo de campo por toda la provincia, aparte dio conferencias, realizó
alguna excavación arqueológica…. El menos influyente fue Mariano ya que el área
de formación era la meteorología y ello le llevó fuera de Teruel muy pronto
pese a que su residencia seguía siendo la ciudad del Turia.

Luis Doporto
Marchori, alcalde de Teruel
- Serafín, se te da muy bien indagar sobre
personajes, familias, gentes, grupos... ¿por qué crees que te ves, muy a
menudo, detrás de esto...? Si fueses narrador, quizás nos escribirías sobre
familias como la de los Buendía, de García Márquez... —estas preguntes me gusta
hacerlas para ver un poco “la otra cara” del entrevistado y cuáles son sus
gustos lectores y no sé, quizás me sorprendas---
- En
general, puedo decirte que me gusta bucear y analizar la trayectoria de
aquellos que fueros víctimas por no estar “en el lado correcto de la historia”;
aquellos outsiders o heterodoxos y como tal, al final fueron perdedores pese a
que podían haber tenido un futuro prometedor; aquellos que fueron gentes de
ciencia, de sabiduría y que marcharon fuera de España y sobre los que el
franquismo cubrió con el manto del olvido. No había nada en los libros que
estudiamos.

Plaza del Paseador de Teruel donde
residieron los Doporto. Foto: Jaime Fernández Fuertes
- Severiano fue catedrático en
historia y geografía y etnólogo, llegando a recopilar un cancionero muy extenso
¿no? pero qué podríamos destacar más de él...
- Bueno sobre la
labor de Severiano en Teruel ya te he comentado varias cosas. He aquí algunas
más como la limpieza y catalogación de los numerosos y valiosos pergaminos del
Ayuntamiento de Teruel. Él mismo contaba que los encontraron “cubiertos por el polvo de los siglos. Fueron
publicados en 1918 en Madrid bajo el título de “Catálogo cronológico e índice
alfabético de los documentos históricos desde 1208 hasta 1817 del Archivo
Municipal de Teruel Fue doctor en Historia con la tesis
“Tabasco en la época precolombina”, defendida en 1902 y publicada en Madrid un
año más tarde, así como miembro de la Real Academia de Historia (RAH). Según
Ignacio Peiró y G. Pasamar, “representa al grupo de
catedráticos de instituto que en la segunda mitad del siglo XIX consolidaron la
construcción de la Geografía y la Historia como una disciplina escolar y la de
catedrático como profesión docente”.
- Y luego estuvieron Luis
y Mariano—sus sobrinos--, el primero político y geógrafo, convirtiéndose en uno
de los alcaldes más jóvenes de la época, en este caso de Teruel; mientras que
Mariano dedicándose a la física derivo a la meteorología, llegando a trabajar
en un lugar donde el clima, por su ubicación y características
distan mucho de las nuestras, las Islas Irlandesas porque trabajó en el
Servicio de Meteorología de allí, pero los dos siguen dejando huella...
- No solo
trabajó allí en Servicio Meteorológico de Irlanda, sino que fue el director
general nacional, el jefe estatal de la Meteorología durante unos cuantos años
asistiendo a reuniones y congresos internacionales representando a Irlanda.
Luis tuvo una trayectoria más política pero no hay que
olvidar que fue un gran geógrafo ya que dejó sus libros de Geografía y sus
valiosos mapas para la docencia en institutos y escuelas normales.

Mariano
Doporto, catedrático de Física, casado con Mercedes Laguía
- Luis, el
hermano mayor, tuvo que exiliarle a México, ¿verdad?, pero prosigue su labor como geógrafo e historiador, además de ser
activo y seguir vinculado a sus ideas republicanas; explícanos qué es de su
exilio y si logró volver porque se le condenó a prisión estando, ya, en tierras
mexicanas donde también alcanza a ser todo un hombre destacado en sus
facetas... Aunque éste sí que está siempre más ligado a la política hay cierto
activismo claro en el entorno del exilio español de México le debió ser más fácil...
- Un hecho que no nos hemos podido explicar es por qué Luis,
siendo un subcomisario general del Ejército republicano, fue enviado como
cónsul a Brasil en plena guerra civil. Lo cierto es que allí que fue, pero
cuando acabó el conflicto armado ya no volvió a España
sino que se dirigió, creemos que directamente, a México donde permaneció hasta
el final de su vida.
De sus actividades en México
disponemos de muy poca información pese a nuestros intentos de indagar
insistentemente a través de diferentes medios bibliográficos, en redes… e
incluso contactamos con familiares de Teruel que aún queda alguno
pero no disponían de documentación.
Allí, en México DF, compartió
estudios y trabajos con otros intelectuales españoles también exiliados (Juan
Sapiña Enrique, Rioja
lo Bianco, Agustín Millares…) especialmente a través de la redacción de la citada UTEHA de
la que fue director.
Pese a encontrarse en México, se le
aplicó la Ley de Represión de la Masonería y del Comunismo que tenía efectos
retroactivos y se aplicaba incluso a los ausentes por lo que Luis fue juzgado
“in absentia” y condenado a 12 años por su
pertenencia a la Masonería. Su expediente se encuentra en Salamanca al igual
que su hermano, Mariano, pero el de este está vacío. La verdad es que nos
faltan datos e información para redactar un libro sobre Los Doporto que sería
nuestra intención.

Ficha de inmigración a México de Rosario, gracias a Raúl Ibáñez
Hervás
- La
vida de su hermana fue más tranquilla por ser mujer y porque así, cómo lo
diríamos, casi lo marcaban los cánones o porque le nació de ella...tras la
Guerra Civil se afincó en Madrid y parece que no perdió el contacto con su
familia, ¿fue la salvaguarda de parte de la documentación de los Doporto y de
“su legado”?-Y esta última pregunta es punto y aparte porque que en una
provincia tan despoblada como es Teruel se edite una revista cultural como
Turia con el trayecto que lleva es algo meritorio, pero que muy meritorio, no
sé si nos damos cuenta de ello. Coméntanos por favor...
- Efectivamente, su hermana, Rosario, ocupó un
segundo plano tal como era de esperar de una mujer en aquella época. En algunos
momentos figuró como residente en Teruel, pero gracias a la documentación que
nos proporcionó Raúl Ibáñez Hervás, conocemos su ficha de emigración también a
México: 29 de julio de 1948. Entendemos que fue reclamada por su hermano Luis y
suponemos que para ella la vida en España no fue fácil durante el franquismo
hasta que decidió y pudo marcharse debido a ser “hermana y familia de rojos”.
En la ficha de inmigración figura que tiene autorización para un año en México,
pero Rosario falleció allí en 1894.
En cuanto a la
revista Turia, está claro que detrás
de una obra de como esta, se encuentra una persona, Raúl Maícas, dedicada en
cuerpo y alma a la publicación y a la búsqueda de recursos para su financiación
en la que han contribuido también las instituciones que han visto que ello da
prestigio y ninguna ha dado marcha atrás. Larga vida a Turia.
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