Cazarabet conversa con...   Juan Villalba Sebastián y José Serafín Aldecoa Calvo sobre sus artículos en el número 157-158 de la revista cultural “Turia” (Instituto de Estudios Turolenses)

 

 

 

 

 

 

 

 

Turia llega con otra apuesta cultural: seria, contundente y alentadora.

Por algo se alzó con el premio nacional al fomento de la lectura.

Pues sí. El IET ha tenido la amabilidad con el proyecto Cazarabet-Mas de las Matas (como siempre) de enviarnos sus últimas publicaciones. Una de ellas es el número 157-158 de su revista cultural Turia. Los contenidos son más que interesantes, pero vamos a destacar dos de sus secciones:

- “Sobre Aragón”

Ramón Acín: vivir en un mar de letras. Por Juan Villalba Sebastián

- “Cuadernos turolenses”

Los Doporto de Teruel: ciencia, República y exilio. Por Serafín Aldecoa

 

 

 

 

 

Cazarabet conversa con Juan Villalba Sebastián:

 

-¿Qué características hacen de él un "hacedor de talentos" o "un ojeador de plumas" que viajan y que él encuentra y hace que, de alguna manera, resalten en el panorama literario?

Ramón Acín destacó, en su faceta de crítico, por su curiosidad intelectual, su fino olfato literario y una generosidad poco común que le llevó a descubrir, apoyar y dar visibilidad a voces emergentes —a menudo heterodoxas—, actuando como puente entre autores, editores y lectores dentro de una amplia red cultural. Esa misma vocación cristalizó en 1985 con la creación del programa “Animación a la lectura”, una iniciativa pionera con la que impulsó el descubrimiento y la proyección de nuevos talentos aragoneses. Gracias a este trabajo, contribuyó a que autores y autoras jóvenes —presentes en encuentros, talleres y circuitos de lectura— encontraran cauces de difusión y reconocimiento, reforzando el tejido literario de Aragón.

 

-Al ser gestor cultural y al estar en contacto y estar tanto al tanto de tantas plumas, gentes, revistas y demás... es el caldo de cultivo con el que él, poco a poco, y a fuego lento ha hecho seguimiento y descubrimiento de muchas de las destacadas plumas que hay en el presente en Aragón...

Hombre, yo creo que él, con paciencia y criterio, contribuyó de alguna manera a detectar y acompañar a muchas de las voces más relevantes de la literatura aragonesa contemporánea. En ese proceso de descubrimiento y proyección pueden señalarse nombres como Manuel Vilas, Ignacio Martínez de Pisón, Miguel Mena, Angélica Morales, Patricia Esteban Erlés o Ana Alcolea, entre otros, cuya consolidación en el panorama literario ha encontrado eco en espacios y dinámicas que él contribuyó a dinamizar.

 

-Porque lo que es indiscutible que el panorama presente de las letras aragoneses es magnífico, ¿no?; ¿por qué, a qué lo atribuyes?

Sí, es cierto que el panorama actual de las letras aragonesas es especialmente fértil. En buena medida se debe a la confluencia de varias generaciones de autores muy sólidos como Soledad Puértolas, Manuel Vilas, Javier Sebastián, Miguel Mena, José Luis Melero, Antón Castro, Antonio Iturbe, Joaquín Berges, Javier Sierra, Angélica Morales, Ignacio Martínez de Pisón, Ana Alcolea y un largo etcétera, con otras voces más recientes como Irene Vallejo, Nacho Escuín, Patricia Esteban Erlés, Marta Borrás, lo que ha creado un diálogo continuo entre tradición y renovación.

A ello se suma un ecosistema cultural muy activo: editoriales independientes (Xórdica, Pregunta, etc.), revistas (no nos olvidemos de la revista cultural Turia, todo un referente de resistencia y cultura universal que parte de lo local para alcanzar lo universal), bibliotecas y programas públicos que han fomentado la lectura y la escritura desde hace décadas —entre ellos iniciativas como las impulsadas por Ramón Acín—. Este tejido ha permitido detectar, acompañar y dar visibilidad a nuevos talentos.

 

-Los encuentros con los autores, escritoras y escritores, y el mostrarlos con sus conversaciones abiertas ha sido un punto muy, muy alentador en todo ello, ¿no?

Sin duda, los encuentros con autores —esas conversaciones abiertas, cercanas y sin corsés— han sido un elemento decisivo para dinamizar el panorama literario. Han permitido humanizar la figura del escritor, acercarlo al lector y convertir la literatura en un espacio de diálogo vivo, no solo de lectura en solitario.

Además, estos encuentros generan comunidad: lectores, escritores y mediadores culturales comparten inquietudes, descubren nuevas voces y establecen vínculos que van más allá del acto puntual. En ese contexto, iniciativas impulsadas por figuras como Ramón Acín han sido fundamentales, porque han entendido la cultura como conversación continua y no como un producto cerrado.

En definitiva, ese intercambio directo ha sido muy alentador porque no solo visibiliza a los autores, sino que también estimula vocaciones, crea lectores más activos y contribuye a que el ecosistema literario aragonés siga creciendo con naturalidad y solidez.

 

-¿Qué parte del "éxito" de las Letras Aragonesas tiene Ramón Acín?

Como ya he señalado, su aportación al éxito de las letras aragonesas es directa y fundamental, no solo como escritor, sino como dinamizador cultural. A través de programas de animación a la lectura, encuentros con autores y diversas iniciativas, ha contribuido a crear lectores, visibilizar a escritores aragoneses, tejer redes culturales y fomentar el hábito lector, especialmente entre los jóvenes.

En conjunto, su labor es estructural, ya que ha ayudado a construir el ecosistema que sostiene la actual vitalidad y proyección de la literatura aragonesa.

 

-Pero cuando se pone a dar conferencias sobe el mundo literario...abre todo un abanico de posibilidades y casi te “embauca" a la lectura. Esa es una virtud que no la tienen todos...

Sin duda, ahí reside una de las grandes fortalezas de Ramón Acín. Cuando imparte conferencias sobre el mundo literario no se limita a informar: sugiere, conecta y despierta curiosidad. Tiene la capacidad de presentar los libros como puertas abiertas, trazando relaciones, contextos y lecturas posibles que amplían el horizonte del oyente.

Ese “embaucar” —en el mejor sentido— es en realidad una forma de seducción intelectual: convierte la literatura en una experiencia cercana, viva y accesible. Y, efectivamente, es una virtud poco común, porque no todos los buenos conocedores de la literatura saben transmitir pasión y contagiar el deseo de leer. En su caso, —seguramente por su faceta de profesor— esa capacidad comunicativa refuerza aún más su papel como mediador entre los libros y los lectores.

 

-Y también como escritor, ensayista o narrador, se muestra ágil... como ensayista mostrándose siempre mirando las plumas cercanas como la de Jesús Moncada y otros más contemporáneos...

Sí, y no es una impresión superficial: en Ramón Acín hay una clara vocación de cercanía —temática y estilística— cuando ejerce como ensayista o narrador. Su escritura es ágil porque parte de una voluntad comunicativa muy marcada: no escribe para distanciar, sino para invitar a leer, a pensar y a dialogar con el entorno inmediato.

En ese sentido, su mirada hacia “las plumas cercanas” no es casual. La referencia a Jesús Moncada resulta especialmente pertinente: como Moncada, muestra interés por los territorios vividos, la memoria cultural y las voces que construyen identidad, aunque lo haga desde registros distintos. Donde Moncada ficcionaliza con gran densidad simbólica, Acín tiende más a la divulgación reflexiva, al ensayo que ilumina sin imponerse.

Además, su atención a autores contemporáneos responde a una actitud coherente con su labor de animación lectora y de crítico: leer lo próximo para comprender mejor lo propio. No se trata solo de afinidad literaria, sino de una forma de situarse en el mundo cultural aragonés: reconocer tradiciones, tender puentes y hacer accesible la literatura.

Por eso, como ensayista, su agilidad no es solo cuestión de estilo, sino de enfoque: escribe con claridad, con voluntad pedagógica y con una mirada abierta que integra referentes cercanos —como Moncada y otros contemporáneos— dentro de un discurso más amplio sobre la lectura y la cultura.

 

-Como narrador tiene la libertad como bandera: libros sobre sus andanzas viajeras---que no turísticas---, relatos, cuentos... ¿de quién crees ha bebido?; ¿qué obres nos destacarías de él o nos aconsejarías?

Como narrador, esa “libertad como bandera” en escritura no surge de la nada: se perciben lecturas y afinidades que van más por una tradición de escritores caminantes, observadores y heterodoxos que por una escuela cerrada.

En esa línea, es fácil reconocer ecos —más de espíritu que de estilo— de autores como Josep Pla, por su atención a lo cotidiano y lo vivido; de Julio Llamazares, en esa mirada al territorio interior y al viaje como experiencia emocional; o incluso de Camilo José Cela en obras como Viaje a la Alcarria, donde el desplazamiento no es turismo sino excusa narrativa para comprender un paisaje humano. Y, de nuevo, la sombra de Jesús Moncada puede aparecer en esa forma de rescatar lo local con vocación universal.

Acín Fanlo, sin embargo, no imita: adapta ese legado a su propio terreno. Sus “andanzas viajeras” rehúyen el itinerario convencional y se convierten en relatos de experiencia, donde lo importante no es el destino sino la mirada: hay observación, ironía, cercanía y, muchas veces, un tono casi conversacional que conecta con su faceta de mediador cultural.

En cuanto a qué obras destacar o recomendar, más que títulos aislados —porque su producción es bastante dispersa entre artículos, relatos y libros de carácter híbrido— lo más valioso es acercarse a:

—Sus libros de viajes, donde mejor se aprecia esa libertad narrativa y su capacidad de convertir lo cotidiano en materia literaria. No me puedo resistir en destacar dos títulos esenciales: Un andar que no cesa. Cuadernos de viaje y Las historias de la historia (Viajes de papel).

—Sus recopilaciones de artículos o ensayos breves, que funcionan casi como pequeñas piezas narrativas, muy accesibles y sugerentes.

—Sus relatos y cuentos, donde condensa su estilo: brevedad, observación y una cierta complicidad con el lector. Su última publicación, Vida, es un magnífico ejemplo de lo expuesto.

—Sus novelas. Citar alguna sería una falta de cortesía para el resto.

Si hubiera que aconsejar una puerta de entrada, sería precisamente esa: empezar por sus textos más breves y de viaje, porque ahí se ve con claridad quién es como narrador. Luego, poco a poco, se descubre que detrás de esa aparente ligereza hay una mirada muy consciente sobre el territorio, la cultura y la experiencia de leer y vivir.

 

-En su narrativa los personajes son muy, muy importantes, pero los lugares, como el omnipresente Pirineo---tan presente en otras grandes plumas aragonesas--- es como otro personaje más, ¿no?

Sí, y además es una de las claves más reconocibles de su narrativa. Los personajes sostienen el pulso humano del relato, pero los espacios —y muy especialmente el Pirineo aragonés— no funcionan como simple escenario: actúan, condicionan y dialogan con quienes los habitan.

En ese sentido, el paisaje pirenaico se convierte en una especie de personaje silencioso: impone ritmos, modela caracteres, sugiere estados de ánimo. No es lo mismo vivir, pensar o recordar desde la llanura que desde la montaña; y Acín lo aprovecha para dotar a sus historias de una densidad emocional y simbólica muy particular.

Esto lo emparenta con una tradición muy sólida de la literatura aragonesa en la que el territorio tiene peso propio. Ahí resuena, por ejemplo, la obra del citado Julio Llamazares —aunque centrado en la montaña leonesa— o la de José Antonio Labordeta, donde el paisaje también es memoria, identidad y, en cierto modo, conciencia colectiva.

En Ramón, sin embargo, hay un matiz interesante: ese “personaje paisaje” no aparece idealizado. El Pirineo puede ser acogedor o áspero, luminoso o inhóspito, según la mirada del narrador o la situación de los personajes. Y ahí está su acierto: en mostrar que los lugares, como las personas, tienen múltiples caras y afectan de manera distinta a quien los atraviesa.

Por eso, sí: en su narrativa, personajes y espacios forman un tejido inseparable. Entender a unos sin los otros sería perder buena parte de la profundidad de su literatura.

 

-Y siempre, me da que, no perdiendo la mirada a los más jóvenes, al futuro sabe que sin ellos nada es posible....

Sí, esa intuición es muy certera. En él hay una conciencia muy clara de que la literatura —y, en general, la cultura— solo tiene continuidad si logra interpelar a los más jóvenes. No es un gesto retórico: forma parte de su manera de entender la escritura y, sobre todo, su labor como mediador y animador a la lectura.

Esa “mirada hacia el futuro” se traduce en varios planos. Por un lado, en un tono accesible y nada excluyente, que evita el hermetismo y busca complicidad. Por otro, en los temas: incluso cuando habla de memoria, territorio o tradición, lo hace con la intención de hacerlos significativos para nuevas generaciones, no como algo cerrado o nostálgico.

Además, su contacto directo con jóvenes lectores —en encuentros, charlas y actividades— le permite ajustar el discurso: sabe qué despierta curiosidad, qué distancia y qué puede “enganchar”, no olvidemos que ha sido profesor también. Ahí radica una de sus mayores virtudes: no simplifica, pero sí traduce, abre puertas sin rebajar el contenido.

En el fondo, late una idea muy firme: sin relevo lector no hay literatura viva. Y por eso su escritura, incluso cuando parece ligera o cercana, está atravesada por una intención muy seria: formar lectores, despertar inquietudes y garantizar que la cultura siga teniendo futuro. De hecho, tiene libros de literatura infantil y más abundante incluso, juvenil.

 

-Juan, ¿querrías añadir algo más sobre Ramón Acín Fanlo?

Más que situarlo en el primer plano mediático, su importancia en el panorama actual radica en algo menos visible pero decisivo: su papel como articulador del ecosistema literario.

No es solo un escritor que publica, sino alguien que genera lectores, crea contextos y dinamiza la vida cultural. En un momento en que la literatura compite con muchas otras formas de ocio, figuras como la suya resultan esenciales porque sostienen ese “tejido invisible” que permite que los libros circulen, se comenten y cobren sentido colectivo.

Además, aporta una mirada arraigada pero no localista. Como otros autores que han sabido convertir lo cercano en universal —piénsese en su admirado Jesús Moncada—, Acín trabaja desde Aragón, desde sus paisajes y sus gentes, pero con una vocación abierta, integradora. Eso contribuye a reforzar la idea de que la literatura periférica no es menor, sino necesaria para enriquecer el conjunto.

También es relevante su capacidad para transitar entre géneros —ensayo, narración, crónica viajera— sin rigidez, lo que conecta bien con las formas de lectura contemporáneas, más fragmentarias y diversas. En ese sentido, su obra dialoga con el presente no solo por lo que cuenta, sino por cómo lo cuenta.

Y hay un último aspecto que no conviene subestimar: su coherencia. En él coinciden el escritor y el promotor cultural, el lector apasionado y el divulgador. Esa suma le otorga una autoridad particular: no impone un canon, pero invita a descubrirlo.

En conjunto, su importancia no se mide únicamente por títulos concretos, sino por algo más amplio: contribuye a que la literatura siga siendo un espacio vivo, compartido y con futuro.

A mi juicio y me meto donde no me llaman, merecería el Premio de las Letras Aragonesas.

 

-Y esta última pregunta es punto y aparte, que en una provincia tan despoblada como es Teruel se edite una revista cultural como Turia con el trayecto que lleva es algo meritorio, pero que muy meritorio, no sé si nos damos cuenta de ello. Coméntanos por favor...

Es, sin exagerar, un pequeño milagro cultural. Esto lo dice siempre su infatigable director, Raúl Carlos Maícas. Que en un territorio como Teruel —marcado por la despoblación y la fragilidad de sus infraestructuras culturales— haya nacido, crecido y se haya consolidado una revista como Turia es algo de enorme valor.

Turia no es solo una publicación periódica: es un espacio de encuentro, de pensamiento y de proyección literaria que ha logrado trascender su lugar de origen. Desde Teruel ha sido capaz de reunir a voces nacionales e internacionales, combinar creación y crítica, y mantener una exigencia intelectual constante durante décadas. Eso rompe un tópico muy arraigado: que la cultura de calidad solo puede sostenerse en grandes capitales.

Ahí es donde figuras como Ramón Acín —y otros agentes culturales vinculados a ese ecosistema— adquieren aún más relevancia. Porque detrás de proyectos así no hay solo financiación o estructura: hay convicción, trabajo sostenido y una fe profunda en la cultura como bien necesario.

Además, el caso de Turia tiene un valor simbólico muy potente: demuestra que incluso en contextos adversos se puede generar centralidad cultural desde la periferia. Y no como excepción exótica, sino como modelo posible. La revista ha contribuido a situar a Teruel en el mapa literario, no solo nacional, sino internacional, a crear lectores, a dar voz a escritores y a mantener viva una conversación cultural que, de otro modo, sería mucho más débil. Para mí es un orgullo formar parte de su consejo de redacción y escribir con frecuencia en sus páginas, un escaparate donde mis textos aparecen junto a los de Ramón Acín o Vargas Llosa, por citar dos nombres

Por eso, sí: es muy meritorio. Pero, sobre todo, es imprescindible reconocerlo y sostenerlo, porque proyectos así no solo enriquecen un territorio concreto, sino que elevan el nivel cultural del conjunto.

 

 

 

Cazarabet conversa con José Serafín Aldecoa Calvo:

 

- Serafín, ¿nos puedes presentar quiénes eran “Los Doporto” de Teruel sobre los que escribes un articulo-reportaje en la revista Turia? ¿Qué te interesaba analizar de ellos fundamentalmente?

- Primero. Los Doporto son una familia que se instala en Teruel en la Calle del Paseador a finales del siglo XIX cuando Severiano, el mayor y tío, llega a Teruel en 1888 como catedrático de Geografía e Historia al Instituto y con él y unos años más tarde llegan dos sobrinos, Luis y Mariano, a estudiar el Bachillerato. También llegarán dos hermanas de Severiano e incluso otra hermana de los sobrinos residió algunos años en la capital. He titulado los Doporto “de” Teruel porque, aunque no eran nacidos en la ciudad, Severiano permaneció como catedrático cerca de tres décadas y realizó estudios y publicaciones sobre la capital y provincia, mientras que los sobrinos realizaron brillantemente el Bachillerato aquí, Luis, llegó a ser alcalde de Teruel y Mariano casó con una bibliotecaria turolense de nombre Mercedes Laguía, mientras iba y venía a Madrid para estudiar la carrera de Físicas.

Segundo. He querido rescatarlos del olvido puesto que eran desconocidos como otros tantos turolenses a los que el régimen franquista se encargó de enterrarlos. Aparte de ello, he querido resaltar la cantidad de científicos de diferentes campos que tuvieron que exiliarse al extranjero para evitar la represión política. ¡Cuánta materia gris se perdió en el país por la salida de mentes privilegiadas, porque los dos sobrinos lo eran! Luis falleció en México y Mariano en Irlanda.

 

-¿Qué aportaciones realizaron al mundo de la ciencia y humanística?

 

- Severiano, el tío, aparte de la catalogación y ordenamiento del Archivo histórico del Ayuntamiento de Teruel, fue el autor del Cancionero turolense, una antología de cantos recogidos en la provincia de Teruel, director del periódico “El Republicano” y otras publicaciones e incluso autor de campañas arqueológicas.

Luis fue una de las figuras destacadas dentro de la Geografía de los años 20 y 30, especialmente en la elaboración de mapas geográficos de España que en su día fueron considerados inmejorables, algunos de los cuales se conservan todavía en el Instituto Ramón y Cajal de Huesca. También destacó en la redacción de manuales de Geografía que en su día se emplearon en las aulas para la docencia y en México, director de la Enciclopedia UTEHA. (Unión Tipográfica Editorial Hispano Americana) con la colaboración de destacados españoles exiliados. Según algunos, UTEHA fue la aportación cultural más grande del exilio intelectual español.

Mariano estudió Físicas y destacó en la Meteorología como fundador, secretario e impulsor de la Sociedad Española de Meteorología y de la revista Anales de la Sociedad Española de Meteorología, aparte de director del Observatorio Meteorológico del Monte Igueldo de San Sebastián y del “Irish Meteorological Service” (Servicio Irlandés de Meteorología, IMS) a nivel nacional en Irlanda. El número de artículos científicos publicados es enorme.

 

-Llega la república y ellos estaban comprometidos con esta causa e ideario, la guerra y el exilio... ¿cómo les fue a ellos todo este periplo?

 

R- Los tres estuvieron comprometidos con la República. Severiano a finales del siglo XIX era el dirigente republicano más respetado y reconocido de la ciudad de Teruel y como tal, candidato y concejal del Ayuntamiento de Teruel, aparte de sus labores periodísticas dentro del periodismo republicano finisecular.

Creemos que al “adoptar” de facto a sus sobrinos, aparte de orientarles en los estudios, debió de influir en su formación y en su ideario político.

En el caso de Luis fue el líder del Partido Republicado de Teruel (PRT) y como tal dos décadas más tarde fue elegido alcalde, cargo que ejerció entre 1918 y 1920 posteriormente, en 1933, candidato a diputado a Cortes por Acción Republicana. De Mariano disponemos de menos información de su ideario pero lo cierto es que aparece en la documentación como “socialista” y por tanto, republicano.

Cuando se produjo la sublevación del 18 de julio, ambos se adhirieron al bando republicano. Luis fue subcomisario general de guerra mientras que Mariano asesoró y ocupó un cargo dentro de Armada.

No sabemos por qué Luis fue nombrado cónsul de la República en Brasil en plena guerra pero ya no regresó a España y se exilió definitivamente en México DF donde falleció, mientras que su hermano Mariano, al terminar la guerra, pese a las peticiones de su hermano para que viajara a México, pasó a Francia y posteriormente se instaló en Irlanda donde falleció.

Expediente de Luis Doporto del Tribunal de la Masonería. Archivo Salamanca

 

.-Los Doporto desde su aportación docente combinaban y trabajaban por y para la investigación y la ciencia...? ¿Cómo y de qué manera influyeron los Doporto en la Sociedad de Teruel?

 

R.- En el caso de Severiano lo primero a destacar fue su labor periodística con la creación y dirección de un periódico como El Republicano en Teruel y junto a Luis su sobrino, influyeron en el alumnado turolense a través de su actividad docente en el Instituto y en la Escuela Normal.        La redacción del Cancionero Turolense por parte de Severiano fue un ejercicio de investigación mediante un trabajo de campo por toda la provincia, aparte dio conferencias, realizó alguna excavación arqueológica…. El menos influyente fue Mariano ya que el área de formación era la meteorología y ello le llevó fuera de Teruel muy pronto pese a que su residencia seguía siendo la ciudad del Turia.

 

Luis Doporto Marchori, alcalde de Teruel

 

- Serafín, se te da muy bien indagar sobre personajes, familias, gentes, grupos... ¿por qué crees que te ves, muy a menudo, detrás de esto...? Si fueses narrador, quizás nos escribirías sobre familias como la de los Buendía, de García Márquez... —estas preguntes me gusta hacerlas para ver un poco “la otra cara” del entrevistado y cuáles son sus gustos lectores y no sé, quizás me sorprendas---

 

- En general, puedo decirte que me gusta bucear y analizar la trayectoria de aquellos que fueros víctimas por no estar “en el lado correcto de la historia”; aquellos outsiders o heterodoxos y como tal, al final fueron perdedores pese a que podían haber tenido un futuro prometedor; aquellos que fueron gentes de ciencia, de sabiduría y que marcharon fuera de España y sobre los que el franquismo cubrió con el manto del olvido. No había nada en los libros que estudiamos.

 

Plaza del Paseador de Teruel donde residieron los Doporto. Foto: Jaime Fernández Fuertes

 

- Severiano fue catedrático en historia y geografía y etnólogo, llegando a recopilar un cancionero muy extenso ¿no? pero qué podríamos destacar más de él... 

 

- Bueno sobre la labor de Severiano en Teruel ya te he comentado varias cosas. He aquí algunas más como la limpieza y catalogación de los numerosos y valiosos pergaminos del Ayuntamiento de Teruel. Él mismo contaba que los encontraron “cubiertos por el polvo de los siglos. Fueron publicados en 1918 en Madrid bajo el título de “Catálogo cronológico e índice alfabético de los documentos históricos desde 1208 hasta 1817 del Archivo Municipal de Teruel      Fue doctor en Historia con la tesis “Tabasco en la época precolombina”, defendida en 1902 y publicada en Madrid un año más tarde, así como miembro de la Real Academia de Historia (RAH). Según Ignacio Peiró y G. Pasamar, “representa al grupo de catedráticos de instituto que en la segunda mitad del siglo XIX consolidaron la construcción de la Geografía y la Historia como una disciplina escolar y la de catedrático como profesión docente”.

 

- Y luego estuvieron Luis y Mariano—sus sobrinos--, el primero político y geógrafo, convirtiéndose en uno de los alcaldes más jóvenes de la época, en este caso de Teruel; mientras que Mariano dedicándose a la física derivo a la meteorología, llegando a trabajar en un lugar donde el clima, por su ubicación y características distan mucho de las nuestras, las Islas Irlandesas porque trabajó en el Servicio de Meteorología de allí, pero los dos siguen dejando huella...

 

- No solo trabajó allí en Servicio Meteorológico de Irlanda, sino que fue el director general nacional, el jefe estatal de la Meteorología durante unos cuantos años asistiendo a reuniones y congresos internacionales representando a Irlanda.

Luis tuvo una trayectoria más política pero no hay que olvidar que fue un gran geógrafo ya que dejó sus libros de Geografía y sus valiosos mapas para la docencia en institutos y escuelas normales.

 

Mariano Doporto, catedrático de Física, casado con Mercedes Laguía

 

- Luis, el hermano mayor, tuvo que exiliarle a México, ¿verdad?, pero prosigue su labor como geógrafo e historiador, además de ser activo y seguir vinculado a sus ideas republicanas; explícanos qué es de su exilio y si logró volver porque se le condenó a prisión estando, ya, en tierras mexicanas donde también alcanza a ser todo un hombre destacado en sus facetas... Aunque éste sí que está siempre más ligado a la política hay cierto activismo claro en el entorno del exilio español de México le debió ser más fácil...

 

- Un hecho que no nos hemos podido explicar es por qué Luis, siendo un subcomisario general del Ejército republicano, fue enviado como cónsul a Brasil en plena guerra civil. Lo cierto es que allí que fue, pero cuando acabó el conflicto armado ya no volvió a España sino que se dirigió, creemos que directamente, a México donde permaneció hasta el final de su vida.

De sus actividades en México disponemos de muy poca información pese a nuestros intentos de indagar insistentemente a través de diferentes medios bibliográficos, en redes… e incluso contactamos con familiares de Teruel que aún queda alguno pero no disponían de documentación.

Allí, en México DF, compartió estudios y trabajos con otros intelectuales españoles también exiliados (Juan Sapiña Enrique, Rioja lo Bianco, Agustín Millares…) especialmente a través de la redacción de la citada UTEHA de la que fue director.

Pese a encontrarse en México, se le aplicó la Ley de Represión de la Masonería y del Comunismo que tenía efectos retroactivos y se aplicaba incluso a los ausentes por lo que Luis fue juzgado “in absentia” y condenado a 12 años por su pertenencia a la Masonería. Su expediente se encuentra en Salamanca al igual que su hermano, Mariano, pero el de este está vacío. La verdad es que nos faltan datos e información para redactar un libro sobre Los Doporto que sería nuestra intención.

 

Ficha de inmigración a México de Rosario, gracias a Raúl Ibáñez Hervás

 

- La vida de su hermana fue más tranquilla por ser mujer y porque así, cómo lo diríamos, casi lo marcaban los cánones o porque le nació de ella...tras la Guerra Civil se afincó en Madrid y parece que no perdió el contacto con su familia, ¿fue la salvaguarda de parte de la documentación de los Doporto y de “su legado”?-Y esta última pregunta es punto y aparte porque que en una provincia tan despoblada como es Teruel se edite una revista cultural como Turia con el trayecto que lleva es algo meritorio, pero que muy meritorio, no sé si nos damos cuenta de ello. Coméntanos por favor...

 

- Efectivamente, su hermana, Rosario, ocupó un segundo plano tal como era de esperar de una mujer en aquella época. En algunos momentos figuró como residente en Teruel, pero gracias a la documentación que nos proporcionó Raúl Ibáñez Hervás, conocemos su ficha de emigración también a México: 29 de julio de 1948. Entendemos que fue reclamada por su hermano Luis y suponemos que para ella la vida en España no fue fácil durante el franquismo hasta que decidió y pudo marcharse debido a ser “hermana y familia de rojos”. En la ficha de inmigración figura que tiene autorización para un año en México, pero Rosario falleció allí en 1894.

En cuanto a la revista Turia, está claro que detrás de una obra de como esta, se encuentra una persona, Raúl Maícas, dedicada en cuerpo y alma a la publicación y a la búsqueda de recursos para su financiación en la que han contribuido también las instituciones que han visto que ello da prestigio y ninguna ha dado marcha atrás. Larga vida a Turia.

 

 

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