Cazarabet conversa con... Juan Manuel Parragués,
autor de “Los niños del Pireo” (Muñoz Moya Editores)
Editorial Muñoz Moya
edita un libro de narrativa desde la pluma de Juan Manuel Parragués….
La novela es muy
interesante y cabe leerla con atención porque dice más de lo que “se lee”
La sinopsis del
libro:
En Barcelona, el 11 de septiembre de
1977, Alfredo Molina, un militante antifranquista, es víctima de un ataque
perpetrado por miembros de un grupo ultra. Ingresado en estado de máxima
gravedad en el hospital Clínico, comienza a rememorar su vida, desde los
primeros recuerdos de la infancia, en un recorrido por la historia reciente.
Le acompañan Emilio y Merche. Los tres
se conocieron en el verano de 1960, a las puertas de una kermés en el madrileño
barrio de Vicálvaro. Una canción que llega a los oídos de Alfredo, da origen al
nombre que pondrá a su grupo de amigos: Los niños del Pireo. A partir de
ese momento, se irán produciendo encuentros y desencuentros, hasta el desenlace
final.
A través de ellos, junto con las
personas con las que se relacionan, se va tejiendo el tamiz de la vida
política, cultural, económica y familiar de la sociedad española de los años
sesenta y setenta, de manera desinhibida, no exenta de dramatismo.
Se ha escrito mucho sobre la historia
del antifranquismo, pero, quizás, se conocen menos los aspectos más íntimos de
sus protagonistas: sus entornos sociales, familiares, laborales, sus
motivaciones, contradicciones, dudas, debilidades… De esto trata esta novela.
Adentrándonos en el terreno de la vida
de la militancia clandestina, se van mostrando las circunstancias en las que
tenían que desenvolverse: las normas de seguridad para evitar ser detenidos,
las citas, la amenaza de los infiltrados y confidentes, las dificultades para
reunirse o publicar y distribuir sus periódicos y panfletos, las torturas a las
que fueron sometidos, las confesiones y delaciones de compañeros o camaradas,
las vivencias carcelarias, el aislamiento social, el sufrimiento de sus familias,
las luchas y rivalidades internas, las acciones callejeras, el papel de los
líderes en el exilio, alejados de la realidad…
El autor, Juan
Manuel Parragués su biografía:
Nacido en Madrid
en 1952. Psicólogo. Desde los catorce años, cuando dio comienzo su vida laboral
como botones, ha desempeñado múltiples puestos, hasta llegar al mundo de la
consultoría. Ha sido presidente de un grupo consultor y director de fundaciones
institucionales. Director de cursos del área empresarial en universidades de
verano, simultaneando el ejercicio de esas actividades con la psicología
clínica, hasta su jubilación. Su interés por la reciente historia de España, y
en particular por el movimiento de oposición clandestino contra la dictadura,
le ha llevado a escribir su primera novela, Los niños del Pireo
Cazarabet
conversa con Juan Manuel Parragués:
-Amigo Juan Manuel—permíteme lo de
“amigo” por favor así todo esto será más distendido-- Los niños del Pireo es la
historia del antifranquismo contada haciendo memoria desde una hospitalización
por un ataque “ultra”… lo de “hacer memoria” tiene a
ver, aunque sea un poco, porque las cosas desde la perspectiva del tiempo se
ven de otra manera?
-Así es. Los hechos, en el momento en que se
están produciendo, tienen una carga emocional para los actores que los
experimentan, que dificultan el análisis racional. La tristeza, el miedo, la
ira e incluso la alegría, por citar algunas de las emociones básicas, son
mecanismos de supervivencia que nos impulsan a actuar en el momento. El tiempo
desactiva las emociones, siempre subjetivas, a favor del análisis, que permite
una mayor objetividad. También hay que decir que recurrir a los recuerdos va en
detrimento de la “frescura”. En ocasiones, nos puede jugar malas pasadas.
-En
esto tu profesión y visión de las cosas como psicólogo con lo de los recuerdos,
el mirar al pasado y analizarlo, ¿ha tenido algo a ver?
-No creo que mi formación en psicología haya
tenido mucho que ver con la decisión de escribir “los niños del Pireo”. Es
posible que me haya servido para estructurar las ideas que deseaba transmitir a
través de los personajes. La verdad, es que no sabría decirlo.
-Los
personajes están muy bien diseñados es como si cada uno de ellos ejerciese una
función muy precisa dentro de la novela… ¿lo concebiste así?
-Establecí unos
criterios básicos para los personajes principales. A lo largo de la novela,
ellos mismos, han ido perfilándose. Algunos, que podríamos llamar secundarios,
que, para mí tienen mucha fuerza en el relato, como por ejemplo “El Langui”, surgieron, como si estuviesen ahí, esperando, en
el momento que les correspondía.
-A
mi me hubiese creado cierta ansiedad por esa obsesión
a que nada se escape a que todo sea como redondo y perfecto y lo mismo pasa con
el cuadro en el que se desarrolla la acción el antifranquismo en tiempos,
claro, del franquismo… un período tan largo y dilatado, ¿cómo te lo hiciste?
-En primer lugar, acotando el período, durante
el que se iba a desarrollar la novela (entre 1960 y 1977). La lucha de la
resistencia antifranquista comenzó nada más terminar la guerra, en 1939. Aunque
se hace alguna mención a hechos puntuales anteriores, a través de algunos
personajes que van apareciendo, lo esencial se desarrolla en el periodo
establecido. Hice un primer esquema, que permitía estructurar el libro y
facilitaba la investigación, tanto de conversaciones de protagonistas, como
bibliográfica.
-¿Conocerse en una “kermés” era algo
especial o mucho más común de lo que pensamos?, por cierto, yo antes de leer el
libro no caí en lo que era una “kermés” –y eso que vengo del francés--, ¿se lo
puedes explicar a nuestros lectores?
-La kermés era un recinto al aire libre dentro
de un solar vallado. Un baile popular, que se abría las tardes de los domingos
de verano o durante las fiestas patronales. El escenario para la orquesta era
muy rudimentario, construido con tablones sujetos sobre un entramado de vigas
de madera. En el perímetro, estaban las mesas y las sillas de tijera. En un
lateral, la barra de bar, con refrescos y tres o cuatro barreños de limonada,
donde flotaban las rodajas de limón y los trozos de hielo. En el centro la pista
de baile. Cables y alambres aéreos cruzaban de parte a parte el solar,
sujetando las bombillas de colores rojos, verdes, azules, blancas, amarillas, y
las guirnaldas, que daban colorido. Normalmente, se ubicaban en los
extrarradios de las ciudades o en los pueblos.
-
¿Cómo era “militar” en la clandestinidad porque, me da, que como lo explicas es
que lo sabes más directamente de lo que dices…?
-“Militar” en una
organización clandestina cuyo objetivo era derrocar el régimen franquista,
especialmente si era comunista, condicionaba la vida. No olvides lo que se
jugaban los (y las) que decidían incorporarse “a la lucha”: detenciones,
torturas, años de cárcel, pérdida del trabajo, expulsión de la universidad, e
incluso, la propia vida. Según aumentaba el compromiso y la responsabilidad
orgánica, las normas de seguridad iban en aumento: Cambios de trabajo y de
domicilio frecuentes. Resultaba difícil mantener una vida familiar o
desarrollar una carrera profesional. La mayoría de los militantes del interior,
fueron detenidos y condenados a penas de prisión.
-Los
encuentros y los desencuentros de los amigos y amigas en el camino de la vida
¿qué peso tiene dentro del libro, el mismo que tendría en cualquier otra
circunstancia?
-Si cabe, tiene un peso mayor, debido a los
condicionamientos de los que vivían una vida de militantes.
-Lo
que es tremendamente maravilloso es la fortaleza de una amistad forjada y
trabada a cierta edad y que dura… y eso tiene más valor cuando se mira en
perspectiva, ¿no?; ¿qué nos puedes decir?
-El título de la novela, “los niños del
Pireo”, tienen que ver con la amistad. Son el grupo de amigos, de la infancia y
de la adolescencia, que se mantienen unidos, a pesar de las circunstancias de
Alfredo, el militante comunista, que no puede mantener la frecuencia de
encuentro de los otros. A pesar de ello, el vínculo es tan fuerte, que se
mantiene sólido a lo largo de la vida. De hecho, siempre están dispuestos a
ayudarle, conscientes de las consecuencias que puede acarrearlos. En este
sentido, podemos decir que en la novela se ensalzan los valores de la amistad…
y el amor, en circunstancias difíciles.
-¿Hay o es un punto de inflexión el
ataque “ultra” que al protagonista bien le hubiese podido costar la vida?
-Prefiero no desvelar el desarrollo y
desenlace. Más que un punto de inflexión, el ataque ultra que se produce el 11
de septiembre de 1977, es un punto de partida… hacia atrás en el tiempo.
-Pero
mirando a estos tres personajes y a todo el entorno social, económico,
cultural…sí veo y me imagino y casi recuerdo algunas cosas que me contaban a mí
de muy joven, ¿cómo lo ves?
-No sé lo que e
contaban a ti de joven. La novela, a través de sus personajes y sus
circunstancias, va reflejando los distintos entornos de los años en que se desarrolla,
social, económico, cultural: Guerra de Vietnan, Mayo
del 68, música de la juventud, modas, películas…
-Me
impresiona cómo han cambiado muchas cosas: unas para bien, otras, quizás, para
no tanto…el concepto de familia y las relaciones dentro de la misma han
cambiado, pero la mujer, ahí, todavía va a remolque…¿qué
nos puedes decir?
-Es innegable el cambio que se ha producido en
la sociedad actual en relación con las de los años sesenta y setenta. Hay
muchos estudios sociológicos al respecto. El papel de la mujer en la sociedad,
la familia, el trabajo, no tienen nada que ver tampoco. En 1960 en España
prevalecía el machismo. Al final de la década, se fue produciendo cierta
liberalización de la mujer. Refiriéndome a los militantes comunistas, si bien
se veía a la camarada como una luchadora, que merecía todo el respeto, no se
puede negar que, tanto ellos, como ellas, no eran ajenos a los valores de una
sociedad machista, en la que se desenvolvían, con todos los matices que se
quieran poner.
-Aunque
a mí me echa para atrás ese tufillo a naftalina que nos ha recorrido siempre y
que, de vez en cuando, retorna es como si no hubiésemos cerrado bien una bolsa
y se escapasen las miserias…
- El retraso
económico histórico de España, en relación con los países avanzados de Europa,
ha condicionado los aspectos culturales y sociales. Los cuarenta y tantos años
de la dictadura, supusieron en freno muy importante. Hemos avanzado mucho
durante los últimos años, pero aún nos queda camino por recorrer. De vez en
cuando, con más frecuencia de la que quisiéramos, se producen regresiones de
comportamientos, que nos recuerdan a épocas, que deberían estar superados.
-Esto enlaza en que la transición,
tiene sus peros y en que se debería de poner negro sobre blanco o explicarnos
las cosas de otra manera y en saber transmitirlas… ¿no?
- La llamada
transición en España, es un fenómeno sociopolítico muy complejo. Después de
cincuenta años, se sigue debatiendo, si podría haberse hecho de una u otra
manera. A mi entender, es un debate que no conduce a ninguna parte. No digo que
no deba ser objeto de estudio y análisis, para aprender del pasado, pero la
realidad es que las cosas no se pueden cambiar. Mejor sería que los políticos
que nos gobiernan, muy mediocres, en mi opinión, tuvieran la capacidad, la
visión y la misión, de encontrar caminos que nos permitan avanzar hacia la
consolidación de los valores democráticos y hacia una sociedad lo más justa y
solidaria posible. De lo contrario, corremos el peligro de una involución. Los
populismos aprovechan la fragilidad y las crisis para granjearse apoyos, de
personas desengañadas con el sistema democrático.
-La
educación y la transmisión de valores tiene, aquí, su importancia, ¿no?; además
no hace falta ponerse como un basilisco cada vez que hablamos de valores; yo
cuando hablo de valores me refiero a los humanos.
- Hay muchos
tipos de valores: humanos, sociales, universales. Todos ellos son importantes
para permitir la convivencia en los distintos marcos sociales en que nos
desenvolvemos. La educación, en el ámbito familiar y escolar, es esencial para
que desde niños se adquiera el sentido de la responsabilidad, el respeto, la
empatía, la humildad, la gratitud, la paciencia, la colaboración, la amistad,
por citar algunos de los más importantes, fomentan la identidad de las personas
y las regiones y los países.
-Esta
es una novela en el que se retrata la microhistoria de los personajes que es lo
que “hacen la vida” y no la macro historia que, a la vez, estaba trufada de
muchos “peros”, ¿no?
-La macro
historia se compone de muchas micro historias. La novela histórica, como “los
niños del Pireo”, nos permiten conocer una sociedad, en un período concreto, a
través de las vivencias de sus protagonistas, en los entornos en que se
desenvuelven. No son seres extraterrenales. Lo que les sucede, piensan,
sienten, hacen, está influenciado por la sociedad, en la que nacen, viven y
mueren.
-Me
imaginaba algo de la militancia clandestina, pero donde más he aprendido ha
sido de escuchar a quiénes intentaban plantar cara al franquismo…porque al
franquismo se le intentaba plantar cara…¿no?
-Así es. Una
parte de la población optó por enfrentarse al régimen dictatorial y represor de
Franco. No toda, claro está. Eran muchos menos los que, de una u otra forma, se
oponían al estado surgido del alzamiento nacional del 36. La mayoría de los más
comprometidos, los que militaban en organizaciones y partidos prohibidos,
obligados a la clandestinidad, pagaron cara “su osadía”. Las dictaduras
utilizan la represión organizada y sistemática, la franquista también lo hizo.
Decenas de miles sufrieron torturas y cárcel, por no hablar de los que
perdieron la vida. Durante esta semana se ha presentado el libro de Luis
Puicercús, “Todo pasa y todo queda”, que contiene 330 biografías de luchadores
antifranquistas.
-Por cierto, ¿lo que más te llamó la
atención fue “la ley del silencio” lo que además te debe “chocar” como
psicólogo porque el silencio es una de nuestras peores losas para avanzar, ¿no?
---en según qué casos, me refiero---
- El silencio es
otro de los pilares de los regímenes no democráticos. No pueden permitir que la
verdad se sepa. De ahí la censura de los medios de comunicación. Quizás es más
triste, que, una vez realizada la transición, muchos de los servidores del antiguo
régimen, aunque, aparentemente, hayan “abrazado” los valores democráticos,
continúan haciendo todo lo posible por que la verdad de lo sucedido nunca
llegue a conocerse. No creo que sea el momento de pasar cuentas o castigar a
nadie, pero si es importante que los hechos se conozcan, para que no se vuelvan
a producir.
-El
silencio y el miedo, ¿verdad?, porque hay mucho miedo que, a la vez, nos impide
también avanzar; ¿cómo lo ves?, ¿es así?
-El miedo es el
mecanismo en el que se basan los tiranos y sus servidores. El miedo paraliza a
las personas. Es una emoción muy potente que queda perenne en las zonas
subcorticales del cerebro y se activa cuando aparecen señales que se pueden
asociar con los factores que los produjeron. Una persona con miedo es
manejable.
-Yo
creo que, aunque el marco en el que se producen las relaciones de los
personajes es importantísimo; en esta novela lo que priman son los personajes,
los recuerdos en torno a ellos y todo lo que, desde ellos, nos ha desgranado…
-Los personajes
son la esencia de la novela. Sus vivencias y sus recuerdos. Pero, creo que lo
he dicho antes, no son extraterrestres, viven y se relacionan en un lugar y
durante un periodo concretos. Fuera de él, no existirían.
-¿La documentación para este libro ha sido el
saber escuchar mucho a la gente, el estar ahí atento y el saber cómo, después,
poner orden y reflejar bien las personalidades, así como conjugarlo todo… o sea
añadir a los personajes la trama de tramas y el entorno; qué nos puedes decir?
-He intentado,
espero haberlo conseguido, que los personajes principales, y algunos
secundarios, estén bien definidos. Podría decir, recordando al psicoanalista
Carl Jung, que son arquetipos reflejos de una sociedad, sus valores, dudas e
incoherencias. Es cierto que, previamente, escuché a algunas de las personas
que vivieron esa época. Toda la novela está hilada a través de distintas
tramas, en un avance progresivo hacia la resolución final. No exenta de
retrocesos y contradicciones, inherentes a la vida.
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