Cazarabet conversa con... Joaquim Pisa Carilla,
autor de “La Guerra Civil española desde una ambulancia. El frente de Aragón en
las memorias del sanitario Joaquín Leal Moreno” (Sariñena Editorial)
En este libro el
escritor y periodista Joaquín Pisa nos describe cómo fue la guerra civil
española en el frente de Aragón desde las memorias del sanitario Joaquín Leal
Moreno. De la mano de Sariñena Editorial.
La sinopsis del
libro:
Desde el comienzo
mismo de la Guerra de España, también participaron en aquel conflicto miles de
voluntarios sin armas, como médicos, enfermeras, practicantes, camilleros,
conductores de ambulancia… El personal sanitario estuvo en primera línea de
fuego, prestando ayuda y auxiliando por igual a los combatientes fueran
compañeros o enemigos, y también a la población civil en la retaguardia próxima
al frente. Uno de aquellos jóvenes que participó sin armas en la Guerra Civil
española, un muchacho sagaz, observador y autodidacta, se llamaba Joaquín Leal
Moreno; fue conductor de ambulancia y enfermero voluntario en el frente de
Aragón, entre octubre de 1936 y finales de 1937, y más tarde en la retirada de
Catalunya y la Batalla del Ebro, siempre al volante de su ambulancia, la número
15 del contingente de vehículos de la Sanidad militar republicana.
Nosotros ya
hemos conversado tres veces con este autor:
https://www.cazarabet.com/conversacon/fichas/fichas1/pisa.htm
https://www.cazarabet.com/conversacon/fichas/cenizas.htm
https://www.cazarabet.com/conversacon/fichas/fichas1/trescuentosmonegrinos.htm
Cazarabet conversa con Joaquim Pisa Carilla:
-Joaquín, ¿cómo
llegan hasta a ti las memorias del sanitario Joaquín Leal Moreno?
-Por pura casualidad, consultando la página web del Archivo Histórico
Provincial de Huesca a poco de que digitalizaran el legado de Joaquín Leal, que
sus herederos cedieron al Archivo en 2022. Allí están sus diarios de guerra y
sus memorias, unas 140 fotografías tomadas en el frente de Aragón, y decenas de
dibujos y planos de su mano, todo material del período 1936-1937, salvo las
memorias, que fueron escritas en los años setenta.
-¿Y cuándo ves en
ellas material suficiente y “bueno” para escribir esta crónica testimonial sobre
la vida en el Frente de Aragón vista y vivida desde una ambulancia?
-Inmediatamente comprendí que el material era de primera, y desde luego
estaba inédito. Pero lo más importante es que los escritos de Leal, chófer y
sanitario voluntario en el frente aragonés. aportan un punto de vista inédito
sobre aquel conflicto que fue la Guerra de España y que él vivió en primera
línea de fuego. El suyo es el testimonio de un peatón de la Historia, el de
alguien que no era un destacado militar, un político o un intelectual de
relieve, sino el de un hombre corriente. Eso sí, Leal era un gran observador,
dotado de gran agudeza, además de una persona reflexiva, sensible y empática.
-¿Desde fuera
parece que un sanitario corría menos peligro en una guerra y más en concreto en
la Guerra de España; cómo lo ves?
-Al contrario, la exposición al riesgo de los sanitarios de primera
línea solo era comparable a la que sufrían los integrantes de los batallones de
Choque, que luchaban cuerpo a cuerpo con el enemigo. En cierto modo, los
sanitarios como Leal peleaban cuerpo a cuerpo con la Muerte. Las memorias de
Joaquín Leal están repletas de situaciones en las que no solo tuvo que jugarse
la vida para rescatar a heridos bajo el fuego enemigo, sino que después hubo de
conducir la ambulancia en evacuaciones a veces casi suicidas esquivando tiros,
cañonazos y hasta el ametrallamiento desde el aire por cazas enemigos.
-¿Quién escribe una
memoria es porque tiene necesidad de hacerlo digamos que como catarsis, como un
proceso “curativo” o porque tenía esa facultad de observar que luego le
despertaba la necesidad, casi imperativa, de escribir?
-Leal comenzó a tomar notas apenas llegó al frente, a primeros de
octubre de 1936. Él se sentía parte de algo importante, era muy consciente de
que en aquella guerra estaban escribiendo la Historia con mayúsculas. Joaquín
Leal era entonces un joven muy motivado, antifascista y revolucionario; escribe
y toma fotografías para dejar testimonio de lo que ve y vive. Décadas después,
cuando ya es un anciano, en los años setenta, escribe sus memorias, echando
mano de los diarios y de sus recuerdos, de las fotografías, de los dibujos del
natural, etc. El Leal de las memorias vuelve la mirada al pasado para entender
todo aquello que vivió, y poder explicárselo a sí mismo.

Joaquín Leal junto a la
ambulancia nº 15 (1936)
-Por favor, Joaquín, preséntanos a Joaquín Leal y al
Joaquín Leal en la guerra como sanitario destinado en el frente de Aragón…
Descríbenos ese “espíritu libre”.
-Leal era una persona con una amplia formación autodidacta, un verdadero
humanista, pacifista, un republicano sin partido, dotado con una enorme fe en
la Humanidad, con verdadero espíritu de servicio a sus semejantes fueran
militares o civiles, amigos o enemigos. La guerra le desengañó de muchas cosas,
pero él estaba muy satisfecho de lo que hizo en ella, y francamente tenía
motivos para estarlo: lo dio todo por los demás, incluso su propia salud. Era
sí un espíritu libre: rebelde, indisciplinado, obstinado en ocasiones, y a
menudo enfrentado a los mandos incompetentes y obtusos, a los que despreciaba.
Por el contrario, Leal adoraba a la gente competente, era el colaborador más
apreciado por el personal médico con el que trabajó, procuraba aprender cuanto podían
enseñarle. Así pasó de chófer de ambulancia a enfermero cualificado, y llegó a
colaborar en intervenciones de quirófano a requerimiento de los propios
cirujanos.
-En la guerra y en el Frente de Aragón ¿qué periplo
recorre Joaquín Leal? ¿qué descubre Leal ---que menos tenía que ver con la
guerra—pero estando dentro de la guerra?
-Joaquín Leal y el primer equipo de la ambulancia 15 llegaron al cerco
de Huesca en los primeros días de octubre de 1936. Venían de la Barcelona
revolucionaria. En Huesca tuvo Leal su bautismo de fuego, y fue testigo de los
sucesivos asaltos al Manicomio provincial. De allí enviaron a la ambulancia 15
y su dotación a Torralba de Aragón, donde le tocó vivir el desastre del asalto
a la ermita de Santa Quiteria, cerca de Tardienta, en abril de 1937, una
carnicería que le marcó profundamente. Más al sur, pero en la misma comarca de
Los Monegros, Leal y su ambulancia recorrieron la sierra de Alcubierre y los
hospitales de sangre de los pueblos aledaños: el propio Alcubierre, Lanaja, Grañén, Poleñino, Sariñena… Aquí
vivió en carne propia los mortíferos bombardeos sobre las indefensas
poblaciones de la retaguardia inmediata al frente, y en la sierra asistió
sanitariamente a combatientes como los Guerrilleros de Zuera, otra experiencia
importante en su vida. Más tarde pasó por la Cuenca Minera de Teruel, regresó a
Los Monegros y terminó en el Pirineo aragonés, durante los combates en el
sector de Sabiñánigo. En diciembre de 1937, Leal se rompe física y mentalmente,
deja la ambulancia y es enviado a Barcelona, donde pasa tres meses
hospitalizado. Cuando le dan el alta, marcha de nuevo a Teruel ya solo como
sanitario, sin ambulancia; después, la batalla del Ebro, la retirada hacia
Francia, el internamiento, el regreso a España y la prisión en hospitales
militares, hasta ser puesto en libertad en 1940. La guerra fue en general una
experiencia muy dolorosa para él, llega a escribir que cuando se alistó creía
que aquella guerra era diferente a las otras, pero acabó pensando que era como
todas, es decir un desastre y un sinsentido.

La ambulancia 15 dejando heridos
en el Hospital Inglés de Grañén (1937)
-¿Era diferente
ser sanitario en la ciudad qué en los pueblos y ciudades del Aragón sumergido
en el frente?
-Cuando está lejos del frente, de permiso o en destinos más tranquilos,
Leal casi se aburre. Es consciente de que necesita la acción, el sentirse vivo
y útil; cuestión de adrenalina, seguramente. Busca ocupaciones para llenar el
tiempo libre, como la enseñanza, y llega a crear una escuelita en Torralba de
Aragón, en la que tendrá a su cargo cuarenta críos de la población durante casi
dos meses. Escribe, lee, procura formarse. Pero lo suyo es la carretera, los
hospitales de sangre, el recorrer los parapetos y las alambradas recogiendo
heridos, muchas veces de noche y a oscuras, sintiendo las balas alrededor.
-Dices y explicas que Joaquín Leal era sensible, quizás
demasiado para una guerra, ¿no?
-La guerra le produce un dolor a veces casi físico. En el cadáver de un
oficial franquista encuentra una carta dirigida a la madre de aquel hombre, y
tras leerla, Leal se pone a llorar, pensando en su propia madre. Efectivamente,
el sanitario era un hombre con una enorme capacidad para la empatía con quienes
sufrían, lo que le llevó incluso a tener problemas con algunos superiores que
le pedían ser “más militar”.

Enlaces a caballo de la 122
Brigada Mixta en la sierra de Alcubierre (1937)
-Toda guerra directa o indirectamente, de alguna
manera, destruía a un hombre y dejaba huella, ¿lo ves así?
-Al principio, Leal cree participar en una revolución que cambiará el
mundo. Después entenderá que todas las guerras son iguales, una desgracia que
se abate sobre los seres humanos. El hombre enfermo y machacado que es puesto
en libertad por los franquistas en 1940, lleno de cicatrices en el cuerpo y en
el alma, tiene poco que ver con el joven idealista y entusiasta que llegó al
cerco de Huesca en 1936. Sin embargo, sus ideas básicas son las mismas, y su
temple y determinación también.
-Este libro tiene y retiene mucha documentación y
material anexo y eso le da mucho “más valor”, ¿te ha sido difícil de encontrar?
-La mayor parte de la documentación escrita y gráfica proviene del
legado de Joaquín Leal. Algunos otros documentos los he conseguido rastreando
aquí y allá, o ya los tenía como parte de mi archivo personal. La bibliografía
procede en buena parte de mi biblioteca, y otra, sobre todo la relativa al
discurrir de la guerra en poblaciones altoaragonesas (Tardienta, Sariñena, Grañén, etc.), la he ido reuniendo a medida que la
necesitaba para seguir adelante con el libro.

Plana mayor y correo de la
columna Roja y Negra, en Siétamo (1936)
-No es el primer libro sobre la Guerra de España o
sobre las repercusiones de la misma que escribes. ¿Lo tuyo es necesidad; este
trágico acontecimiento te inspira o con lo que vas escribiendo pretendes
contribución a la Memoria Histórica donde antes solamente había silencio
rotundo y atronador?
-Me interesa especialmente lo que en historiografía contemporánea se
llama “Historia desde abajo”, que hace ya bastantes años se definió como “la
Historia de las gentes sin historia”, una rama de la historia social que da voz
a las personas corrientes, a sus opiniones y a sus vivencias, pues son esas
personas comunes quienes realmente hacen la Historia con mayúsculas. Devolver
la voz, y en cierto modo la vida, a esta gente, rescatar en definitiva la
memoria individual y colectiva, silenciada durante tanto tiempo, es una tarea
que me motiva mucho.
-Joaquín, ¿nos puedes explicar en qué te gustaría
trabajar o ya estás trabajando, nos puedes dar alguna pista?
-Siempre tengo varios proyectos abiertos, algunos desde hace años.
Actualmente llevo entre manos y relativamente avanzado un libro sobre la
participación de la inmigración aragonesa en la construcción de la Barcelona de
inicios del siglo XX, es decir sobre la época en que se cimenta la Barcelona
contemporánea, cuando aparece el movimiento obrero, el nacionalismo catalán y
el republicanismo lerrouxista, todo visto desde la
experiencia personal de una familia originaria de Sariñena, los hermanos Ulled Altemir, uno de cuyos miembros, Jesús Ulled, fue
alcalde accidental de Barcelona en 1935. Creo que será un buen libro.
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