Cazarabet conversa con... Luis Miguel Ferrer
Mayayo, autor de “Diccionario rural. Un mundo, una salud” (Prames)
Diccionario
rural. Un mundo, una salud
Luis Miguel
Ferrer Mayayo se sumerge, más que nunca, en el mundo rural de una manera que
solamente personas con esa sensibilidad por el entorno saben hacer…
El autor es
premio “San Francisco de Asís” por la “Trayectoria profesional del ilustre
Colegio Oficial de Veterinarios de la Provincia de Zaragoza.
Este
libro-diccionario se puede complementar con su anterior libro, también
diccionario, Diccionario de pastor. Palabras y palabros para entenderse con
el mundo rural
La
sinopsis del libro:
Tras el éxito del
Diccionario de pastor. Palabras y palabros para
entenderse con el mundo rural, que incluía unas 3000 palabras,
numerosas aportaciones de amigos y de gente que acogió estupendamente la
obra han hecho que el autor haya reunido en esta ocasión hasta 8000 vocablos.
Pero este Diccionario rural no es solo una mera recopilación de
voces. Hasta un 15 % de ellas son específicas del tema sanitario referido
este a la salud humana, animal, vegetal y medioambiental, de ahí un subtítulo
que es, en realidad, un lema de la FAO: Un mundo, una salud.
Además, y mucho
más importante, el fin último de este “intenso pero muy gratificante” trabajo
de Luis Miguel Ferrer Mayayo, veterinario jubilado y excelente conocedor del
medio rural, es contribuir a dar luz a un mundo, el de los pueblos, que luchan
por sobrevivir. Como él mismo dice: “Si de alguna forma puedo ayudar a
entenderse tanto a sanitarios como a moradores de esta España arrinconada y
medio olvidada, será un orgullo para mí”.
El autor, Luis
Miguel Ferrer Mayayo:
Conozcamos mejor
su trabajo;
https://dialnet.unirioja.es/servlet/autor?codigo=498320
Cazarabet
conversa con Luis Miguel Ferrer Mayayo:
-Amigo Luis Miguel, ¿de dónde te viene
“esa afición” a recopilar palabras y vocabularios que, en tu libro anterior,
tenían a ver con el mundo del “pastoreo” y que aquí engloba “el mundo rural”?
-No es una
afición, sino simplemente una primera petición de mi hija pequeña, María,
cuando estaba terminando sus estudios de Grado en Veterinaria y yo me iba a
jubilar después de 42 años de veterinario rural y profesor de Veterinaria.
Esa lista, que no
era más que una lista para mi hija, la publicó PRAMES y tuvo tan buena
aceptación que me llegaron muchas más palabras o sitios donde sacarlas a la
luz.
Todo esto junto
con una conversación con María Pilar, mi médica de familia, en la que me
explicó que ella tuvo los mismos problemas que mi hija y que otras personas
sufren lo mismo cuando tienen que relacionarse con la gente del mundo rural, me
motivo para sacar el segundo diccionario, con casi tres veces la cantidad de
voces del primero.
-Si
quedan las palabras, ¿queda parte de ese mundo que nunca deberíamos perder?
-Ese mundo rural,
que todos los políticos dan como agonizante, está vivo y merece conservarse con
todas sus connotaciones. Recoger y guardar las palabras es un granito de arena
más para conservar lo que nunca deberíamos haber dejado perder hasta casi la desaparición.
-¿Intentas que con la recopilación de palabras y
vocabulario rural contribuir a que se guarde memoria de este mundo, a menudo,
sino olvidado sí dejado de lado por una sociedad en la que se impone “lo
urbano”?
-Cada vez que
encuentras una o varias palabras te das cuenta que no estás solo en esta
empresa y que hay mucha gente intentando guardar las palabras de su pueblo o
comarca.
Todas esas
palabras, más o menos locales, son necesarias y hay que hacer todo lo posible
por mantenerlas vivas porque son parte de nuestra cultura y de nuestra forma de
relacionarnos.
No son cosas
olvidadas y obsoletas, son realidades.
Para que valga como ejemplo, hace unos días encontré una tesis doctoral
de la Universidad de la Rioja en la que un docto médico recogía los
“riojanismos” empleados en urología, los que todavía le siguen llegando a él
siendo un especialista, pero atendiendo a gente urbana y rural.
Si para atender a
un enfermo se necesitan conocimientos de medicina, para entenderlo deberemos
comunicarnos con las palabras que él conoce. Hablarle con tecnicismos es una
forma de crear desconfianza en el paciente.
-Hay que saber escuchar, sin
pretensiones ni prepotencia al mundo rural, ¿verdad?
-Hay que saber
escuchar y saber entender, que son dos cosas necesarias, pero diferentes.
Si salgo al mundo
rural con mi “tupper ware”
llena de tecnicismos y barbarismos, la mayoría anglicismos, me va a ser más
difícil entenderme que si me llevo mi buena “fiambrera” llena de estas palabras
rurales, todavía en uso por parte de una población rural semi-olvidada
y maltratada, pero viva y necesaria.
-¿Tu quieres con este libro-diccionario
reivindicar el mundo rural haciendo que las palabras sirvan de “puente”?
-Yo soy rural, he
trabajado en y con el mundo rural y siempre reivindico aquello con lo que me
críe, crecí y he vivido. Me resulta muy gratificante poder escribir todas estas
palabras -agónicas que me van llegando y que todavía pueden servir de puente con
el mundo urbano y con aquellos inmigrantes que vienen y trabajan en los
pueblos, desconociendo nuestro idioma y cultura, pero viviendo en el mundo
rural.
-¿Crees que, en parte, y fruto de la
globalización del vocabulario buena parte de las trazas, desde el vocabulario,
de ese mundo y esencia de “lo rural” se pueden perder?
La globalización,
algunos medios de información (algunos de ellos tan cultos que la mitad de las
palabras son barbarismos), las redes sociales y la falta de comunicación
directa con la palabra entre personas, está haciendo que se pierdan muchas
cosas del mundo rural o de poblaciones minoritarias.
Cada anciano que
muere en el mundo rural se lleva una parte de cultura que ya nadie podrá
recobrar.
-Pero
a esa pérdida habrán contribuido más factores, ¿no?;¿qué nos puedes decir?
-Si, además de
las ya comentadas, debemos tener en cuenta que, en esta sociedad urbana en la
que vive la mayoría, estamos SOLOS con miles o millones de personas y hablamos
más con nuestra mascota que con nuestros abuelos o vecinos. Eso degrada la
comunicación y la salud mental de la gente que tiene todo lo necesario para ser
feliz, pero no lo es.
-Luis Miguel, ¿qué encuentra digamos
que una persona que viene desde el mundo urbano en el vocabulario rural y
teniendo y reteniendo este libro en sus manos?
-Este libro
recoge una buena cantidad de voces y frases que ayudan a la persona de ciudad
que va a trabajar o a descansar al mundo rural a entender a la gente que vive
allí y se relaciona con las palabras que aprendió desde su infancia y que
todavía son las normales para su vida diaria.
Para otros, y eso
me ha sorprendido gratamente en muchos de los lectores, encuentran la nostalgia
de aquellos días en que nacieron, se criaron o veranearon en el pueblo y ahora
vuelve a recordar con esa nostalgia todo lo positivo que les resulto.
-Podemos
aprender, incluso, los que “somos rurales, ¿no? Por ejemplo, a ponerlo en
valor, a empoderarnos y a sentirnos orgullosos, pero a algo más, ¿no?
Explícanos.
-Leyendo y
escuchando siempre se aprende.
Consultar
“palabros” y compararlos con las de pueblos, comarcas o comunidades vecinas nos
puede enseñar a ver como han cambiado las palabras o
los significados de las mismas y a evitar malentendidos por palabras iguales
que tienen significados algo o totalmente diferente a unos pocos kilómetros de
nuestra casa.
La cultura se
habla y escribe con palabras y, si no entendemos las palabras, la cultura, esa
cultura específica, se pierde.
-Quien
“se pierde” lo rural, ¿qué se pierde?
Quien se pierde
lo rural, no sabe lo que se pierde. Desconocer o ignorar es la mejor manera de
pensar que solamente es bueno lo que sabes, que solamente tú tienes ombligo y
el tuyo es el más bonito. Es caer en la más absoluta ignorancia con muchos
conocimientos. Es una grave enfermedad muy extendida en estas últimas décadas
con tanta información que llega a intoxicarnos.
Lo cercano, lo de
siempre, lo rural, es entrañable y tenemos que recordar que las ciudades se
hicieron con la gente de pueblo y se nutren de lo que producen en sus campos y
granjas, a pesar del maltrato con el que se les premia o castiga.
-Un
veterinario debe escuchar a los ganaderos y a los animales…debe saber observar
y mirar; debe ser y estar; estar y ser. ¿Es ese parte del secreto de “tu
éxito”?
-No, no es parte,
es todo el secreto. Escuchar, entender y hablar con tus clientes ganaderos y su
familia y amigos es básico.
Escuchar y hablar
con los animales es más difícil y requiere muchas horas mirando su
comportamiento, sus reacciones, su cara y sus expresiones, pero tiene una cosa
divina para el veterinario: ellos nunca nos mienten, cosa que no pueden decir
los médicos.
Este ha sido uno
de los consejos más serios que siempre le ha dado a mi hija: habla con los
animales y escucha al ganadero. Él es el que va a pagar tus servicios y con el
que vas a disfrutar de tus éxitos y pasar los malos ratos.
-¿Es, hasta qué punto, necesario y
primordial saber escuchar a todos los habitantes del mundo rural?; me da que tú
imaginas “como todos los habitantes del mundo rural” a animales, personas,
plantas y hasta piedras…
-Como te decía,
es vital escuchar a los animales, pero efectivamente, saber interpretar lo que
nos dicen las plantas, las piedras o el resto de la naturaleza, hace que puedas
ir estableciendo un diagnóstico o preparando un programa preventivo mientras vas
a la paridera en tu coche y ves la calidad de la cosecha, la hierba helada o
seca o los troncos de los árboles donde se rascan los animales con sarna y, que
antes de ver al animal, ya sabes con mucha seguridad lo que le está pasando.
Ir unos días
acompañando a un pastor veterano puede ser una clase más provechosa que muchas
ponencias de congresos y clases de universidad. Debemos comprender lo general
para especializarnos. Ser especialista sin haber sido generalista puede llegar
a ser hasta peligroso para los pacientes.
-Porque
debemos entender el mundo rural y su vocabulario como un todo, desde un punto
de vista holístico, ¿no?
-Es tan sencillo
como el lema de la FAO que figura como subtítulo de este segundo libro “Un
mundo, una salud”.
Hoy en día nos
movemos por todo el planeta y arrastramos nuestras palabras, costumbres
enfermedades y problemas. Si el mundo se calienta hay problemas, si importamos
animales o plantas con enfermedades, nuestros animales y plantas enferman. Si
las redes sociales nos cuentan tonterías, nosotros nos volvemos tontos. Todo
está relacionado y no siempre para bien.
-Con
los animales ganado principalmente y con los ganaderos ¿qué relación humana has
llegado a tener?
-Con los
ganaderos he aprendido tanto como en la universidad o los congresos. Mi
relación con ellos ha sido muy buena en general, aunque también debo tener
algún enemigo.
He tenido y tengo
muy buenos amigos en el mundo rural, no solamente de Aragón, sino de toda
España y buena parte del Mediterráneo. He estado visitando granjas en
diferentes países y he conversado con veterinarios y ganaderos todas las horas
que ha sido necesario.
Cuando te tomas
la vida así, el trabajo no es un castigo sino un gran placer.
-¿Qué aprendiste de tu anterior publicación de
un libro diccionario—también editado por Prames—que has podido incorporar aquí,
Diccionario de pastor. Palabras y palabros para entenderse con el mundo rural
-Después de ver
como evolucionó la difusión y aceptación del “Diccionario del pastor” y viendo
que médicos, enfermeros, secretarios de Ayuntamiento, repartidores de paquetes
y veraneantes tenían los mismos problemas que mi hija y me iban mandando
palabras o sitios donde encontrarlas, seguir incorporando esos palabros y
buscando más ha sido una agradable necesidad.
Fue después de
hablar con mi médica de familia y con unos amigos que fueron a trabajar de
médico y enfermera a Los Pedroches cordobeses cuando busque más palabras
específicas del mundo sanitarios y, sobre todo, cuando estaba preparando una
entrevista en ONDA CERO con Julia Otero y me dijeron que unos médicos
valencianos que fueron destinados a Murcia, habían hecho un pequeño libro de
palabras y frases que no entendieron en sus primeros momentos. Eso fue el
detonante de buscar más palabras sanitarias y otras muchas más para entender a
la gente del mundo rural.
Hoy en día, mi
exhausto trabajo de jubilado consiste en pintar y escribir sobre el mundo rural
que me vio nacer y con el que he vivido hasta este momento.

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Cazarabet
Mas de las Matas
(Teruel)