Cazarabet conversa con... Juan Merino, traductor
del libro de Costas Despiniadis “Demonios y nihilistas.
El Dostoyevski político” (Volapük)
Volapük ediciones, situada en
Guadalajara, rescata, casi del olvido, al Dostoyevski político de la producción
escrita de este escritor ruso y lo hace junto con el compromiso de otros
proyectos editores como El Garaje, Piedra Papel Libros, Calumnia y la FAL en la
delegación de Aranjuez.
Un libro que, desde la pluma de
Costas Despiniadis, desnuda al Fiodor Dostyesvski
desde ese perfil, quizás menos conocido, que es el político…
De todas formas, quien haya leído
Crimen y Castigo, El jugador, El idiota, Los hermanos Karamazov… creemos, en
nuestra humilde opinión, que reconocerá mucho del Dostoyevski político y verá,
además, a muchos de “esos demonios” que, seguramente lo persiguieron durante
toda su vida y a no pocos destellos de su relación con el nihilismo ruso al que
tanto criticó, pero quizás hasta él en sus obras lo destripaba bastante……
¿Nos acercamos un poco a Fiodor
Dostoyevski?
https://es.wikipedia.org/wiki/Fi%C3%B3dor_Dostoyevski
Todos y todas nos hacemos una idea
de lo que pueden significar “esos demonios”, desde luego porque él mismo le
dedicó un libro con ese mismo nombre “Los demonios”“ y
todos los que nos hemos acercado a la obra del escritor ruso, lo sabemos
localizar, incluso en el resto de obra literaria, pero quizás nos “supere”, un
poco más, el concepto del nihilismo.
Vamos a definirlo:
https://es.wikipedia.org/wiki/Nihilismo
Y aunque sé que, incluso algunos de
estos arriesgados y valientes editores que han tenido a bien el confiarme esta
joya para que entreviste a quien más nos puede profundizar en ella…os diré que,
por curiosidad he puesto en el “Mozilla”:” nihilismo y relación con Fiodor
Dostoyevski” y me ha salido lo siguiente, ustedes mismos, juzguen y debatan con
otros y con ustedes porque a mí, como ser un poco/bastante nihilista que soy,
según temporadas, reconocía a un nihilista detrás de la tinta que desparramaba
en más de una de sus obras, quizás era mi estada, quizás era que el bueno de
Fiodor fue dando bandazos hasta que abrazó el cristianismo ortodoxo…quizás
fuese el día y el momento en que la lectora, o sea yo, me encontraba.
Yo por ejemplo, lectora de este
escritor y que me acerqué por casualidad a saber más del movimiento nihilista,
me reconocí en él… soy una descreída y no creo en muchas cosas, casi en lo que
más creo es en la nada, pero siempre me quedan ciertas cosas como que hay que
luchar por un mundo más justo, con la ansiada revolución social de todos los
hombres y mujeres contra el sistema que nos ahoga y creo que ciertas obras de
arte, ciertas causas, iniciativas y demás….tienen tanto sentido que todo
sufrimiento , en cierto modo, vale la pena….es aquí donde se derrite el
nihilismo que albergo dentro.
Desde mi punto de vista el escritor
ruso F. D, era escritor que, como pocos, se arrimó al existencialismo---y
quizás en cierto modo el existencialismo tenga algo de nihilismo--- y al lado
que muchas plumas preferían no ir, pisar, ver…
Fiódor
Dostoievski fue un agudo crítico del nihilismo, movimiento que negaba
los valores morales y religiosos, explorando sus peligros en sus obras maestras
como Crimen y castigo y Los demonios, donde personajes como
Raskólnikov encarnan la destructividad de la falta de fundamentos
trascendentales, mostrando cómo la ausencia de Dios lleva al caos y la
autodestrucción, a pesar de haber sido un joven nihilista él mismo antes de su
conversión al cristianismo ortodoxo.
¿Qué es el
Nihilismo en Dostoievski?
Rechazo de
valores: El
nihilismo literario dostoievskiano niega la
moralidad, la autoridad y los principios filosóficos absolutos, proponiendo que
"todo está permitido" si no hay Dios.
Crisis de la
modernidad: Dostoievski
usó el nihilismo para explorar la crisis espiritual de Rusia y Europa,
mostrando sus consecuencias en la sociedad y el individuo.
Personajes y
Obras Clave:
Crimen y
castigo (1866): Raskólnikov, el protagonista, cree en su teoría del
"hombre extraordinario" que puede transgredir la ley moral, lo que lo
lleva al asesinato y a la ruina psicológica, mostrando el fracaso de esta
filosofía.
Los demonios
(1870-1872): Una crítica
directa a los revolucionarios y socialistas nihilistas rusos, personificados por
personajes como Piotr Verjovenski, que buscan la destrucción social sin un
propósito ético.
Los hermanos
Karamárov (1880): A través de
Iván Karamázov, Dostoievski confronta el nihilismo intelectual, preguntando
retóricamente si todo es posible si Dios no existe, un dilema que atormenta a
todos los personajes.
El idiota
(1869): Personajes
como Ippolit Terentyev exploran el nihilismo desde la enfermedad y el
resentimiento, aunque sus contradicciones revelan un anhelo de vida.
La Postura
de Dostoievski
De la
juventud a la madurez: Dostoievski fue un joven nihilista y socialista, pero
su tiempo en Siberia lo transformó en un cristiano ortodoxo convencido y un
crítico feroz de estas ideas, viéndolas como una amenaza.
Solución
Cristiana: A
diferencia de otros, como Nietzsche (quien buscaba trascender el nihilismo con
la voluntad de poder), Dostoievski proponía la fe, el amor y el sufrimiento
redentor como la única salida a la crisis nihilista, defendiendo valores
cristianos como la respuesta a la desintegración moral.
En resumen,
Dostoievski no era un nihilista, sino un explorador y un
"antagonista" literario del nihilismo, que usaba sus personajes y
tramas para exponer sus peligros y ofrecer una alternativa espiritual y moral.
Lo peor de la IA es que escribe como
“casi un dogma”, como una sentencia del Tribunal Supremo…lo mejor será poner
toda nuestra sutil inteligencia humana para en casos como éste y en otros,
saber separar la paja del grano.
La sinopsis del libro:
Este libro aborda un tema bastante
complejo y muy interesante para los amantes de la obra del escritor ruso, el
Dostoyevski político, centrándose principalmente en uno de sus textos
fundamentales: Los demonios.
Para esclarecer el caótico mundo de Dostoyevski, se examinan en detalle datos
fácticos, personajes, acontecimientos históricos y todos los procesos
revolucionarios subyacentes a la sociedad rusa que desencadenaron, junto con la
febril trayectoria política del autor, la escritura de esta novela fascinante.
Cazarabet conversa con Juan Merino:
-Querido amigo Juan, ¿cómo ha sido traducir a Costas Despiniadis cuando éste se acerca al Fiódor
Dostoyevski desde su vertiente más política?
-Pese a que los temas que suele tratar
son de envergadura filosófica o política, Despiniadis
tiene la virtud de hacer simple lo complejo. La traducción de este libro –el
tercero ya de este autor– ha sido muy entretenida, porque se centra en el
análisis de Los demonios, que es una novela muy potente. En su trabajo
Costas va analizando al mismo tiempo la atribulada vida del autor y comentando
la trama de la novela a la luz de los acontecimientos reales contemporáneos que
la inspiraron, de manera que mi labor ha consistido simplemente en trasladar al
español el proceso creativo de Costas, aprendiendo de la historia y de la
literatura rusas de finales del siglo XIX y descubriendo algunos misterios del
itinerario ideológico del escritor: desde el socialismo utópico fourierista de su juventud al conservadurismo recalcitrante
de su madurez.
-Como lector seguro que tú te habías
acercado a Dostoyevski, ¿no? -¿Y cómo te fue la
experiencia?
-Había leído varias novelas de
Dostoyevski –no Los demonios–. Aparte de la construcción de las tramas y
de la elaboración de los personajes, me llamaba la atención que varias novelas,
entre ellas esta, las escribiese para publicarlas por entregas en revistas,
periódicamente. Puede decirse que he podido entrar en el despacho del autor
ruso y verlo dictándole el texto a su esposa o sentir la angustia de completar
capítulos contra el reloj para no tener que devolver el dinero del anticipo.
Tan intenso ha sido.
-¿Imprescindible leer al escritor ruso para luego poder
entender mejor “el análisis” de Despiniadis?
-No es necesario. Yo leí la novela
después de haber traducido el ensayo. En mi círculo cercano se han dado ambas
circunstancias: personas que no habían leído la novela, a las que la lectura
del ensayo les ha conducido a la novela (yo mismo) y otras que han vuelto a
leerla después del ensayo. Pero si preguntas por si es necesario conocer la
novela para entender el ensayo, la respuesta es no. En la medida en que una
novela consigue trasladar al papel una cosmovisión determinada y analizar las
relaciones humanas de un momento histórico (y Los demonios lo consigue),
sus análisis temáticos adquieren la categoría de investigación sobre la
naturaleza humana, más allá del argumento que traten, sea el impacto de la
Ilustración y el conflicto generacional en la Rusia zarista o sea otro. Y este
ensayo trata de un aspecto de la naturaleza humana, como es la interacción con
la comunidad, en el caso del autor ruso. Además, como he dicho, el libro es
cómodo y muy accesible, de lectura agradable.
-Te lo digo porque te das de golpe con un sentido de
afrontar la vida, desde su literatura, muy influenciado por lo que pasa, le
obsesiona, aunque entre en lo que parecen constantes contradicciones o
discusiones con él mismo que traslada a sus textos, ¿te pasa lo mismo?
-Pero precisamente eso es lo
interesante, que, aunque la trama se desarrolle en la Rusia zarista de hace
casi ciento cincuenta años, las obsesiones, las contradicciones y los debates
de los personajes o del propio autor –si la obra es potente– rebasan las
circunstancias culturales y se incrustan en la naturaleza humana, que es hoy,
con matices, la misma que la que observó y examinó Dostoyevski. Despiniadis desmenuza ciertos aspectos de la novela y el
lector o la lectora conocen a través de ellos la sociedad rusa de la época y la
evolución ideológica del autor y también, de paso, penetran en la naturaleza
humana universal.
-¿Qué rasgos del escritor ruso lo “delataban” como un escritor
en el que la política ocupaba un lugar importantísimo?
-Ya de joven perteneció al círculo Petrashevski, de tendencia socialista utópica, y por ello
fue condenado a muerte. Un indulto del zar lo salvó en el último instante, pero
pasó diez años en un campo de trabajos forzados de Siberia. Cuando regresa es
un eslavófilo pertinaz defensor de los valores espirituales rusos frente
al nihilismo occidental, del nacionalismo ruso profundo, de la fe ortodoxa y de
la creencia en un destino especial para Rusia. Aunque su relación con Occidente
era compleja, porque criticaba su racionalismo pero
admiraba su arte. Todo ello se refleja en los personajes y en las críticas a la
modernidad y todo es pacientemente analizado por Costas.
-Yo encuentro, en muchos libros,
bueno en todos los que he leído de este escritor, a un Dostoyevski muy influido
por la política, aunque sea en Demonios donde más se note este diálogo con la
política, ¿no?
-Todo lo que afecta a un ser humano
en su relación con el resto es político. En cualquier obra de Dostoyevski se
aprecian las cuestiones políticas de su tiempo, pero es cierto que en esta la
intención del autor parece que fue exponer las consecuencias nefastas de las
ideas revolucionarias de Europa occidental importadas por los estudiantes en la
Rusia del último tercio del siglo XIX y atacar sus formas de pensamiento y
acción radicales. Y Los demonios se inserta en una tradición
antirrevolucionaria que también cultivaron otros: Leskov (Sin salida, Enemigos
mortales, Acuchillado), Chernichevski (¿Qué
hacer?) o Turguénev (Padres e hijos). Pero también en Crimen y
castigo se aprecia el conflicto del nihilismo individual, cuya negación
moral lleva al asesinato, que solo se redime por el sufrimiento y la fe. O en Los
hermanos Karamázov, que cuestiona el ateísmo y el relativismo moral y
defiende la necesidad de la fe como pilar de la moral. A través de todas ellas,
principalmente de Los demonios, Costas investiga la deriva política de
Dostoyevski.
-¿Por qué es imprescindible leer Demonios, desde el punto de
vista del Dostoyevski más político?; ¿es porque es el libro donde aparecen las
sensibilidades más políticas del escritor ruso?
-Su sensibilidad política impregna
todas las obras, en especial las que escribió a la vuelta de su presidio. Pero
es verdad que en Los demonios el conflicto político se refleja con mayor
claridad por los roles que desempeñan sus personajes principales: Piotr
Verjovenski, el conspirador revolucionario; Stavroguin,
el revolucionario aristócrata con poderosa autoridad moral; Stepán Verjovenski,
el viejo soñador e idealista, maestro y cómplice; Shátov, el ardiente defensor
de la herencia cristiana de Rusia. Y todo ello solapado con que los personajes
están inspirados por el asesinato de Iván Ivánov, antiguo camarada de sus
asesinos, los seguidores del agitador radical Serguéi Necháyev, discípulo de
Mijaíl Bakunin. La imaginación de Dostoyevski enriquece la trama, pero el
componente político se lo proporcionó el revuelo provocado en la prensa de su
tiempo por ese homicidio de un estudiante del entorno socialista
revolucionario, al que el autor quería demonizar como origen de los problemas
sociales de Rusia en aras de los valores tradicionales y religiosos.
-De entrada, yo le veo rasgos
nihilistas a este escritor ruso---como si revoleteasen en su escritura--, ¿se
los ves, los tiene?; si no los tiene, ¿por qué nos lo puede o me lo puede
parecer al leerlo?
-La novela se concibe como crítica a
los movimientos revolucionarios y nihilistas de aquel momento, cuyos
principios contrapone a los valores tradicionales: el ateísmo a la fe, la
ideología a la religión, la razón extrema (el fanatismo) a la ecuanimidad.
Advierte de la amenaza que representan por su cuestionamiento de todas las
convenciones, por su amoralidad y su violencia extremas. La contraposición de
los viejos revolucionarios y los nuevos, los nihilistas, le sirve para ofrecer
una reflexión profunda sobre la crisis espiritual de su tiempo.
-Así, también la narrativa del
escritor ruso tiene otra característica: “un sentido del humor cínico”, entre
enigmático y embriagador a la hora de afrontar el día a día desde sus tramas,
¿qué nos puedes decir?
-Más que humor, en esta obra de
Dostoyevski hay una ironía trágica que surge del absurdo de la condición humana
representado por un elenco de caracteres construido sobre personajes reales
envueltos en situaciones ridículas y absurdas dentro de grandes calamidades, filtrados
a través de una perspectiva burlona y, a menudo, grotesca: por ejemplo, en
Piotr Verjovenski la imaginación del autor crea un figura burlesca basada en
Serguéi Necháyev; Shátov reproduce la personalidad neurótica y susceptible y la
afición a las cartas confesionales interminables de Iván Ivánov; Stepán
Verjovenski es una caricatura de Granovski,
historiador occidentalista cuyas conferencias eran muy concurridas; Varvara
Petrovna, Liputin o el matrimonio von
Lembke son tipos sociales más o menos distorsionados a los que Dostoyevski
consideraba en parte responsables de los excesos de la joven generación
radical. Karmázinov parodia la personalidad y los modales de Turguénev. La idea
de la igualdad biológica entre humanos de Tsákov se
retuerce, en la perversa teoría sobre la igualdad humana del personaje de
Shigáliov, hasta convertirse en un programa de reeducación intergeneracional
para que la humanidad sea un rebaño de esclavos.
-¿De qué abomina Dostoyevski? ¿por qué?
-Dostoyevski refleja sus propias
luchas internas y una profunda exploración de la psicología humana. Su propia experiencia
vital y el contraste entre la cultura rusa y la europea le conducen a una
visión comprensiva del alma humana. Para él la única vía de redimir el alma
humana de la desesperación es la búsqueda de la verdad en la humildad, el amor
al prójimo y la fe cristiana ortodoxa. Por tanto, abomina de todo aquello
que impide al ser humano alcanzar, según él, su vocación espiritual y moral:
la arrogancia, la autojustificación, la superficialidad de la «gente
satisfecha», el racionalismo frío y la falta de fe que él veía en
ciertos intelectuales rusos de tendencia occidentalizante. Detesta a los que se
creen moralmente superiores y dan lecciones sin comprender la profundidad de la
miseria humana, rechaza la banalidad, el ateísmo y el nihilismo, la falta de autenticidad
y la hipocresía. Todo aquello que considera la causa de la desesperación y del
mal en el mundo moderno.
-¿Se muestra el denominador común de cierto “resentimiento” en
las obras del escritor ruso?
-En Los demonios –y en
la obra de Dostoyevski en general– la idea del resentimiento se explora a
través de personajes que viven decepcionados, con amargura y afán de venganza.
Su resentimiento distorsiona la percepción de la realidad, los clava en
un pasado doloroso, les niega la capacidad de ver la bondad ajena,
convierte la envidia en una herramienta de agravio y bloquea su desarrollo
personal. Se refugian en la amargura de sus frustraciones, que genera un rencor
persistente que no se resuelve nunca.
-Amigo, ¿cómo ha sido el proceso de
traducción? ¿porque abarca más allá “del mero hecho de traducir”?
-La traducción es la re-escritura del texto en otro idioma. La tarea de ajustar
la versión española al original griego con la mayor precisión posible convierte
al traductor en una especie de ultracuerpo que se
funde con el autor para recrear con él el texto en otro idioma. Es una labor
recreativa en ambos sentidos del término, porque es divertida, entretenida y
sirve de esparcimiento y, al mismo tiempo, permite participar en el propio acto
creativo re-creando.
Por otro lado, esta no es la primera
vez que traduzco un libro de Costas. El primero fue una historia de las teorías
del Estado moderno –incluyendo las teorías críticas anarquistas (Prometeo
contra Leviatán)– y el segundo demostraba la importancia de la relación de
Kafka con los círculos anarquistas de Praga en la configuración temática de la
obra del escritor checo (Kafka. El anatomista del poder). Pero
habitualmente traduzco textos griegos de época bizantina, de autores que
desaparecieron hace siglos. En contraste con eso, la posibilidad de interpelar
al autor y resolver dudas o precisar detalles me permite sentirme –salvando las
enormes distancias y sin que parezca petulancia– compañero de trabajo del
autor, casi coautor.
-El proceso de documentación versus
investigación debe de ser toda una aventura gratificante, ¿es así?
-Sí, doblemente gratificante en este
caso. La primera recompensa ha consistido en acompañar a Costas en la
reconstrucción del «Dostoyevski político»: recomponer su imagen completa a
partir de los recortes o fragmentos rescatados en la investigación. La segunda
proviene de la lectura de toda la bibliografía manejada por el investigador
para sintonizar en la mayor medida posible con su proyecto. Cuando traduje el
ensayo sobre Kafka, leí no solo toda la bibliografía reconocida por el autor
griego, sino también la obra completa del checo. La labor de traducción es un
proceso de aprendizaje total.
-¿Cuánto y qué has aprendido de todo ello?
-Mi cultura académica se
circunscribe al mundo clásico grecolatino, así que la traducción de textos de
la lengua griega moderna de temática u orientación libertaria me abre a campos
casi siempre desconocidos que enriquecen mi formación política desde perspectivas
inusuales. Concibo su traducción –y en eso coincide también Costas en su faceta
de autor– como un aspecto de la militancia, como acto político, de manera que
el aprendizaje no es solo intelectual, sino también, y principalmente,
ideológico, como miembro de un sindicato de clase revolucionario como CNT. Es
decir, en mi caso la traducción repercute en mi evolución como sujeto político
y como persona, si es que pueden distinguirse uno de otra.
-¿Te ha costado mucho hacerte con el estilo narrativo en el
que nos describe Costas Despiniadis
al Dostoyevski político?
-No. Por varias razones. La primera
y más importante es que Costas tiene la virtud de saber desarrollar conceptos
objetivamente complejos en un estilo completamente accesible para la lectura y,
por consiguiente, manejable para el traductor. En segundo lugar, su estilo es
cada vez más fluido. Y también puede ser relevante el hecho de que, aparte de
algunos artículos, este es el tercer libro suyo que traduzco. En cualquier
caso, mi propósito principal es siempre que el texto refleje con transparencia
el espíritu del texto original y, en esta ocasión, además se trata de dar a
conocer al público lector hispánico la importancia de la obra de Costas Despiniadis.
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Cazarabet
Mas de las Matas
(Teruel)