Cazarabet conversa con... María Jesús Hernández Viñerta, autora de “Ricardo Compairé. El farmacéutico que
retrató el alma del Alto Aragón” (Instituto de Estudios Altoaragoneses)
María Jesús
Hernández Viñerta nos narra la historia de Ricardo
Compairé, el farmacéutico que retrató el alma del Alto Aragón.
Esta
investigadora nos muestra la vida de un hombre que se adentró, fotografía a
fotografía, en el alma de las tierras y gentes del Alto Aragón y lo hizo desde
la analítica de “su ser y estar” más intimista, personal y cotidiano…el de un
farmacéutico que cambiaba la bata y la botica por las botas y la cámara
fotográfica en sus ratos libres…
La
colección Altoaragoneses del IEA, se dedicada a dar a conocer, con
rigurosidad y minuciosidad, las biografías de gentes destacadas de la historia del Alto Aragón,
éstas aparecen, cómo no, enmarcadas en su época y cuentan con el
acompañamiento, siempre, de un gran número de imágenes. De esta manera, llega
Ricardo Compairé: el farmacéutico que retrató el alma del Alto Aragón, a
cargo de María Jesús Hernández Viñerta.
El prólogo viene
de la mano de Enrique Chabier Compairé Angulo, nieto
de nuestro protagonista.
El libro tiene
“ese toque necesario de emotividad” de cara a Ricardo Compairé testigo de una
época y que tuvo la generosidad de hacernos testigos a todas y todos, mediate
su legado y, también, de cara a todo lo que dio a conocer poco a poco, sin
reblar y con el ánimo, explícito e implícito, de enseñarnos a convivir,
siempre, con las mejores sensaciones…
El archivo
familiar, del que guardaba cuidado, Enrique Chabier
Compairé son la piedra angular para que este libro de investigación de María
Jesús Hernández Viñuerta haya visto la luz…
Vamos a tratar a
informarnos, un poco más, de lo que va esta colección o mejor aún que nos lo
cuenten desde el propio instituto de estudios Altoaragoneses…….
“Dirigida por
el historiador oscense Carlos Garcés, la colección Altoaragoneses ha
acogido en números anteriores las biografías de los pintores
León Abadías y Félix Lafuente, la reina Sancha, el diplomático de La Litera
Manuel María Coll, el oscense Francisco de Artiga, el cacique monegrino Mariano
Bastarás, los políticos republicanos Manuel Sender y Jaime Plá y Plá
(exalcalde de Huesca y expresidente de la Diputación Provincial,
respectivamente), así como la historia y la trama de la película de 1931
desaparecida Fermín Galán. En 2026 está prevista la
publicación de la biografía del artista nacido en Tabernas del Isuela, Agustín Alamán, a cargo
de Esther Puisac”.
La autora, María
Jesús Hernández Viñerta
https://dialnet.unirioja.es/metricas/investigadores/3878103
Las
fotografías de este reportaje son de Francisco Camañes.
Cazarabet
conversa con María Jesús Hernández Viñerta:
-María Jesús, ¿nos puedes explicar desde dónde y desde
qué premisa sale este libro acerca de la figura de Ricardo Compairé?; aquí, en
este proyecto, el nieto Enrique Chabier Compairé hace
como “de palanca”, ¿no?
-Efectivamente, este
libro surge fruto de mi amistad con Enrique, quien, desde hace cinco años,
comenzó a compartir conmigo el trabajo de su abuelo con la intención de
despertar mi interés por su figura y motivarme para escribir una biografía
personal. Dado el papel que él mismo había desempeñado como difusor del legado
de su abuelo, consideraba necesario asegurar su continuidad.
Aunque existe abundante bibliografía
especializada sobre su obra, faltaba una biografía que abordara su faceta más
humana: su vida familiar, su carácter y todo aquello que había detrás de su
manera de trabajar. En este libro se recogen también las amistades que hizo,
las anécdotas y las historias que iban surgiendo durante la realización de las
fotografías, ofreciendo una visión completa de su personalidad y de su proceso
creativo.
-¿Cómo era, como persona, Ricardo Compairé
porque, me da, que hay en él la figura de todo un humanista; qué nos puedes
comentar?
-Así es, puede
considerarse un humanista porque, no solo retrató paisajes; sus fotografías
muestran la vida rural, la relación entre las personas y la naturaleza, y una
forma de vida que estaba desapareciendo.
Las imágenes del Alto Aragón reflejan caminos, oficios y
paisajes marcados por la vida de las personas que los habitaron, así como su
forma de vestir y sus tradiciones.
-Creo que lo primero que hay que
destacar es que te acercas de una manera sutil, casi dialogante y tocando mucho
la emotividad y apego del protagonista por el territorio, ¿no?, mostrando al
Ricardo más humano y al ser humano que fotografiaba más que a lo contrario,
¿verdad?;¿por qué eliges que sea así?
-Sí, la intención fue centrarme en el ser humano que
fotografiaba más que el propio fotógrafo. Quería transmitir la conexión que
existía entre Compairé y las personas y paisajes que retrataba, buscando de
esta manera un enfoque que revelara tanto su sensibilidad a la hora de hacer
las fotografías como la riqueza humana de quienes capturaba con su cámara.
-Se
da cuenta, Compairé, cuando llega de realizar sus estudios de Farmacia en
Barcelona, que lo que hay que hacer es fotografiar y de esta manera dejar
testimonio en imágenes de aquello que ve que se va perdiendo como, por ejemplo,
la indumentaria, pero también otras facetas que eran y son parte de la
etnología de unas gentes con su territorio…
-Exacto. Él comenzó a estudiar en Barcelona en 1900, en un
momento en el que el modernismo comenzaba a imponerse. Al empezar a trabajar en
la farmacia de Hecho, su regreso al entorno rural le permitió tomar conciencia
de que aquella forma de vida desaparecería pronto.
Él mismo lo
expresaba en una entrevista en 1949 con el periodista Tomás Jaime, cuando, al
preguntarle sobre las instantáneas, dijo: “Hoy son importantes, pero lo serán
aún más cuando me muera”.
No se equivocaba,
porque hoy, más de cien años después, su archivo constituye un testimonio único
de la vida de su tiempo.
-¿El
legado de Compairé ha ido ganando con los años?
-Sin duda alguna, con el paso del tiempo su obra ha ganado
reconocimiento y valor, tanto por su calidad estética como por su importancia
histórica. A ello ha contribuido el hecho de que la Fototeca de Huesca
adquiriera su archivo y lo haya digitalizado, haciéndolo accesible a un público
mucho más amplio y garantizando su conservación y difusión.
-Tenía como fotógrafo mucha
rigurosidad y lo componía todo de manera que se pudiese entender, casi a modo
de cronista, ¿es así?…
-Sí.
A la hora de fotografiar era muy riguroso, nada era improvisado. Sus
fotografías han dejado constancia de los oficios, los utensilios, la
indumentaria, convirtiéndose en una verdadera crónica visual de la vida
cotidiana.
-En su fotografía no tenía lugar la
improvisación o “guiños artísticos”, se ceñía mucho, digamos, “a lo objetivo”
….
-Exacto. En la realización de las fotografías había una
metodología de trabajo rigurosa. No buscaba guiños artísticos, ni entendía la
fotografía como un ejercicio de experimentación estética, sino como el
testimonio de una forma de vida.
-Los
cronistas y periodistas tienen que tener cierta manera de saber acercarse a las
gentes, pero los fotógrafos, también, ¿no?;¿qué nos puedes decir?
-Efectivamente, tenía don de gentes. A pesar de ser montañés
y de la fama de ser personas cerradas, mostraba mucha empatía. Cuando llegaba a
un lugar, la gente ponía a su disposición sus casas, las ropas de sus arcones,
los utensilios y todo lo que necesitaba para sus fotografías.
Pero esa colaboración no se limitaba únicamente al trabajo,
sino que se extendía también al hospedaje.
Uno de sus acompañantes, Agliberto Garcés,
decía: “Nos trataban a cuerpo de rey. Todo el mundo rodeaba a don Ricardo y se
ofrecía para lo que pudiera necesitar”.
-En el libro también se recogen no pocas
anécdotas de sus andanzas como fotógrafo y de sus “encuentros” digamos
singulares…
-Así es, en el
libro cuento que llegó a repetir una fotografía en invierno y en la nieve con
un grupo de chesos, hasta doce veces; supongo que estarían helados de frío,
porque acabaron pidiéndole que esa vez fuera la última.
Otra vez, en el
puerto de Guarrinza, apareció con sus cámaras una
mañana fría y oscura sobre 1924, y a Jorge Puyó, el pastor que estaba allí, le
pareció un ser llegado de otra galaxia.
Sin embargo, de aquel primer encuentro surgió una amistad
entre ambos que duró toda la vida. Años después, Puyó recordaba este encuentro
en una crónica que escribió para leer en un homenaje a Compairé, ya fallecido.
-Su vida social en torno y con
personas creativas era muy rica y seguro que esto, todo esto, se
retroalimentaba con su trabajo y/o visión del mismo, ¿no? ;¿qué
nos puedes decir?
-Totalmente, el conocer al pintor Willian
Laparra en 1899 le aportó las herramientas necesarias
para aprender a componer las escenas, y el estar rodeado de amigos tan
creativos como Ramón Acín o José María Aventín, entre
otros, seguro que aumentó su sensibilidad artística.
-¿Cómo pasa y vive la
guerra civil Ricardo Compairé?
-La Guerra Civil la pasó entre Huesca y Borja. En Huesca se
dedicó a ayudar a los vecinos, por ejemplo, potabilizando el agua de manera
gratuita, un gesto que le fue agradecido por el Ayuntamiento en 1938. Sin
embargo, en ese momento se encontraba en Borja, porque ese mismo año, en marzo,
abrió una farmacia allí para poner a salvo el archivo fotográfico dada la
intensidad de los combates que se libraban en la capital oscense, permaneciendo
en esta localidad hasta marzo de 1940.
-Se retira de la fotografía en el
45, ¿cómo es este “adiós”?
-Ese
año realizó sus últimas fotografías debido a problemas de visión y porque una
flebitis aguda le impedía cargar con el peso del equipo. Pero, a este declive
físico seguro que se sumó el impacto que la Guerra Civil dejó Huesca. A su
vuelta de Borja nada era igual, algunos de sus amigos más cercanos como Ramón
Acín habían sido fusilados y la ciudad que había comenzado a fotografiar en los
años 20 no era la misma. Así, que a sus limitaciones físicas supongo que se
unieron otras heridas emocionales que condicionaron su retirada.
-¿Cómo
definirías su legado como fotógrafo porque era muy, muy buen fotógrafo?
-Por ambas cosas. Por un lado, no dejaba nada al azar: era
meticuloso con el lugar, la luz, la orientación y la composición, cuidando cada
detalle técnico. Por otro, sus imágenes transmiten una forma de vida que ya no
existe, convirtiéndose en un testimonio valioso de su tiempo.
-María Jesús, ¿tú cómo te has
sentido con este trabajo?
-A pesar de que
nunca pensé en escribir esta biografía, ya que se alejaba de los temas sobre
los que escribo habitualmente y mis conocimientos de fotografía son muy
escasos, el proceso ha resultado reconfortante.
Este trabajo me
ha permitido conocer la figura de Ricardo Compairé, y aprender algunas cosas
sobre fotografía, y sobre todo tomar consciencia de la magnitud,
cantidad y calidad de su obra, así como del reconocimiento que ha alcanzado a
nivel nacional e incluso internacional.
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Cazarabet
Mas de las Matas
(Teruel)