Cazarabet conversa con...   María Celia Fontana Calvo, autora de “La capilla de San Victorián del monasterio de San Juan de la Peña” (Instituto de Estudios Altoaragoneses)

 

 

 

 

 

 

 

 

María Celia Fontana Calvo, con una edición del Instituto de Estudios Altoaragoneses y de la Diputación de Huesca, se adentra en la capilla de san Victorian, situada en el extremo del claustro del monasterio de San Juan de la Peña y lo hace muy bien como para que tomemos buena nota tanto de la meticuloso y rigurosa metodología como de lo que “te enseña” su estudio e investigación.

Se encuentra dentro, el presente libro, de la colección del IEA Perfil. Guías de Patrimonio Cultural Altoaragonés y es su décimo ejemplar.

En la presentación del libro estuvieron presentes, además de la autora la directora del IEA, Susana Villacampa Sanvicente y el técnico de Patrimonio Cultural y responsable del Sipca Francisco Bolea Aguarón, que es, a la vez, director de la colección.

La colección Perfil fue fundada en el 2007 y ofrece, según explica el IEA: “novedosas investigaciones y lecturas sobre muy distintos bienes culturales, desde los pozos de nieve o la arquitectura racionalista del siglo XX, la arqueología romana y andalusí, la arquitectura civil del Renacimiento, joyas y alhajas altoaragonesas o los pueblos de colonización, siempre conjugando el rigor en la investigación, un enfoque accesible y una destacada contribución gráfica”.

 

Para saber más:

Vayamos al Monasterio, hoy y ahora, del Monasterio de San Juan de la Peña: https://www.monasteriosanjuan.com/

Desde la Wikipedia:

https://es.wikipedia.org/wiki/Real_Monasterio_de_San_Juan_de_la_Pe%C3%B1a

Otra perspectiva, más directa: https://patrimonioculturaldearagon.es/patrimonio/real-monasterio-de-san-juan-de-la-pena/

La capilla de San Victorián, gótico flamígero dentro de un conjunto monástico románico: https://es.wikipedia.org/wiki/G%C3%B3tico_flam%C3%ADgero

 

La sinopsis del libro, aquello que nos encontraremos en él:

Situada en un extremo del claustro del monasterio antiguo de San Juan de la Peña, y posiblemente eclipsada por la magnificencia de su entorno románico, la capilla de san Victorián quizá no ha recibido la atención que merece. Es, sin embargo, una delicada joya gótica, construida por iniciativa del abad Juan Marqués entre 1426 y 1433, que a sus elaboradas formas flamígeras añade una profusa y sorprendente decoración escultórica —ángeles músicos, serafines y santos, un variado bestiario, seres monstruosos, extraños híbridos, motivos vegetales, insignias abaciales y reales—, tan sugerente como esquiva en su interpretación.

Con el objetivo de descifrar los complejos mensajes de la capilla, M.ª Celia Fontana Calvo, armada de una formidable erudición que le permite recurrir a un impresionante número de fuentes tanto escritas como visuales, analiza los significados de todos sus elementos, reconstruye el contexto en que fueron creados y reconsidera el conjunto a la luz de cada uno de los detalles. De este modo consigue ofrecer una sólida lectura de una obra en la que se combinan mensajes de carácter funerario con admoniciones a la comunidad monástica e incluso consejos políticos dirigidos por el abad a los reyes de la Corona de Aragón.

 

Biografía de la autora:

Licenciada y doctora en Historia del Arte por la Universidad de Zaragoza (España), cuenta con un máster en Educación y Comunicación de Museos por la misma universidad. En 1998 obtuvo una beca de la AECI, gracias a la cual se incorporó como docente a la Universidad de las Américas, Puebla. Desde 1999 es profesora-investigadora de tiempo completo en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, donde estuvo adscrita inicialmente a la Facultad de Artes y, en la actualidad, a la Escuela de Turismo.

Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores desde el año 2000 y es responsable del Cuerpo Académico Estudios sobre la imagen en el arte desde 2013. Asimismo, es miembro del ICOM y académica correspondiente de la Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis de Zaragoza (España). Desde 2001 dirige la revista de investigación en Historia, Arte y Patrimonio Argensola, de la Diputación Provincial de Huesca, fundada en 1950.

Se desempeña como docente en la Licenciatura en Turismo, la Maestría en Arte y Literatura y el Doctorado en Arquitectura y Urbanismo de la UAEM, programas en los que también dirige y asesora tesis. En el ámbito de la investigación, desarrolla estudios tanto sobre arte hispano como novohispano desde una perspectiva iconográfica, con el objetivo de contribuir a la interpretación del patrimonio y favorecer su promoción y valoración social y turística. En el ámbito español destacan sus aproximaciones temáticas al arte oscense de época medieval, renacentista y barroca. Su libro más reciente, publicado en 2025 por el Instituto de Estudios Altoaragoneses, lleva por título La capilla de San Victorián del monasterio de San Juan de la Peña. El discurso religioso y político del abad Juan Marqués.

 

 

 

 

Cazarabet conversa con María Celia Fontana Calvo:

 

-María Celia, por favor, explícanos qué te ha llevado a escribir sobre la capilla de San Victorián que se encuentra dentro del complejo del Monasterio de San Juan de la Peña. Explícanos, su ubicación y cómo animarías a visitarla.

Creo que se han dado una serie de circunstancias favorables para llevar a cabo este estudio. Tras los trabajos recientes de Javier Ibáñez, ha sido posible confirmar la autoría arquitectónica de la capilla y, por otro lado, los estudios sobre su contexto permitían ya averiguar, al menos parcialmente, los mensajes plasmados en ella. Hoy sabemos que la capilla de San Victorián fue costeada por el abad Juan Marqués entre 1426 y 1433 y que es obra de Pedro Jalopa, arquitecto francés procedente de la región de Picardía e introductor, junto con el maestro Isambart, del gótico flamígero en tierras hispanas, primero en Aragón y posteriormente en Castilla.

Por si su novedad y calidad arquitectónica fueran poco, la capilla —ubicada en un ángulo del claustro y bajo la gran roca que da nombre al monasterio— constituye un auténtico festín para la vista por la profusión de figuras talladas que cubren su superficie, y al mismo tiempo un reto para cualquier investigador o investigadora que, como yo, se dedique al estudio de la vertiente temática de las obras artísticas.

.-Investigar sobre cualquier rincón cercano y/o integrado en el Monasterio de San Juan de la Peña debe ser como más que importante, lo digo por toda la idiosincrasia que alberga el propio monasterio. No hay duda que para Aragón es “algo más que un Monasterio” y todo lo que allí se congrega, imagina que también, ¿no?

Sin duda esta capilla es producto del momento histórico que vivía el monasterio y de la voluntad de recuperar una autoridad, un peso político y un esplendor perdidos hacía muchos siglos. En mi opinión, y como trato de argumentar en el libro, después de una profunda crisis agravada por la política de Benedicto XIII, el papa Luna, que dejó prácticamente descabezado al monasterio, el abad Juan Marqués trató de recuperar autoridad, prestigio y cohesión interna, o al menos de proyectar esa imagen.

En este sentido cobran especial fuerza su escudo personal (un disco con círculos concéntricos, derivado del marco, una medida de metales preciosos) vinculados a la mitra y el báculo de su dignidad. A través del programa iconográfico, el abad no solo advierte a sus monjes contra la acedia, sino que también dirige un mensaje al rey Alfonso V, al que exhorta a vigilar aquello que consideraba una amenaza para la comunidad cristiana.

-¿Qué tiene para ti de particular o qué te llamó la atención de esta Capilla para dedicarle esta investigación tan minuciosa, meticulosa…? Se trata de un estudio en profundidad.

Fui guía de turismo del monasterio durante un mes, al terminar la carrera, y entonces me di cuenta de lo mucho que quedaba por estudiar desde el punto de vista artístico y de la dificultad que entrañaba hacerlo. Por esa razón, no he podido escribir este libro hasta ahora. En mi caso, solo me adentro de lleno en una investigación cuando he logrado resolver previamente algunas de sus incógnitas. En lo que respecta a la capilla de San Victorián, me atreví a dar ese paso en el momento en que identifiqué los perros tallados en las nervaduras y en algunos rincones de la capilla como animalizaciones de judíos.

El arte medieval siempre despierta mucho interés. Es muy atractivo en cuanto a sus formas y está lleno de figuras que, sin embargo, el espectador ya no puede comprender porque se ha perdido el contexto. Libros como el que acabo de publicar tratan precisamente de restituir ese conocimiento que el tiempo ha ido diluyendo.

-¿Cuánto tiempo te ha llevado este trabajo que veo e intuyo exigente?

Ha sido un proceso largo. En 2020 publiqué en la revista Argensola un estudio sobre la acedia y el caracol. El resto del trabajo lo he desarrollado para este libro, alternándolo con otras investigaciones de arte aragonés y novohispano, así como con mi labor docente en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, en Cuernavaca (México).

En la catedral de Cuernavaca (fotografía: Ernesto Ríos Lanz)

 

- ¿Por qué la capilla está dedicada a san Victorián o Beturián, como dicen tierras oscenses? ¿El abad que construyó la capilla tenía un vínculo especial con él?

La capilla de San Victorián es una capilla funeraria, mandada construir por el abad Juan Marqués para su propio enterramiento y en homenaje a los abades pasados y futuros del monasterio. La dedicó a san Victorián porque él era monje del monasterio de San Victorián de Asán, en Sobrarbe, pero en la capilla pinatense no se encuentran las reliquias del santo italiano. Según la tradición, los restos se trasladaron desde Asán al monasterio de Montearagón, en Huesca.

-El arte medieval, de unos tiempos para acá, ¿crees que se está valorando más por parte de cualquier persona que, aún sin poseer muchos conocimientos sobre el tema, tiene mucho gusto por el arte…?

Sí, el arte medieval, tanto el románico como el gótico, tiene un componente figurativo muy interesante, casi siempre ligado a lo simbólico que lo hace muy atractivo para todo tipo de personas. Por lo que se refiere a San Juan de la Peña, la parte más importante del monasterio medieval o viejo son: la iglesia alta con el panteón real y el panteón de nobles, y el claustro, todos ellos de estilo románico y construidos en los siglos XI y XII. La actual capilla de San Victorián es una obra del primer tercio del siglo XV que transforma la antigua sala capitular del monasterio, también del siglo XI y donde se enterraron algunos de sus principales abades de esa época, en capilla funeraria del abad Juan Marqués.

-Esta capilla es una de las primeras obras aragonesas e hispanas que presenta formas del gótico flamígero. ¿Qué puedes decirnos al respecto? 

Efectivamente, esta capilla es una de las primeras obras del gótico flamígero, como la capilla de los Corporales de Daroca (1417-1424). Del autor de la capilla de San Victorián, Pedro Jalopa, quizás la obra más importante sea la capilla de Santiago de la catedral de Toledo (ca. 1435-1438), realizada por encargo del poderoso condestable Álvaro de Luna. Arquitecto de gran calidad, Jalopa supo traducir los emblemas devocionales en formas arquitectónicas: en la capilla toledana creó, en el abovedamiento, la forma de una concha, emblema de Santiago; en San Victorián recurrió al emblema de San Atanasio, representación del dogma de la Trinidad, fundamental en la liturgia funeraria monacal de tradición cluniacense.

Fotografía: Jesús Tejel (Sala Virtual de Exposiciones Cazarabet)

 

-¿Qué modificaciones se dieron en la capilla desde el siglo XIX?

A partir de la declaración de monumento nacional en 1889, comienzan los trabajos de recuperación en el monasterio viejo. En la capilla de San Victorián las intervenciones más importantes se deben, por un lado, a dos miembros de la Comisión Provincial de Monumentos, Gregorio Castejón y Ricardo del Arco Garay, quienes decidieron eliminar en 1913 retablo y la reja que aún conservaba la capilla por no pertenecer a la época de su construcción; y, por otro lado, al arquitecto Francisco Íñiguez Almech, seguramente entre 1940 y 1941 abrió la puerta que comunica la capilla con la iglesia y también el arcosolio donde se encuentra el sepulcro del abad.

– La capilla es de dimensiones muy reducidas, pero ¿alguna restauración ha sacado a la luz elementos antes ocultos en los muros?

Sí, durante la restauración de la capilla, llevada a cabo en los años 80 del siglo XX, se encontraron en el muro que linda con la iglesia restos de pintura mural fechables a mediados del siglo XII. Representan la Entrada de Cristo en Jerusalén, una imagen que, en la tradición benedictina, se vincula con la glorificación de san Benito. Su presencia en la capilla se explica porque, como se ha señalado, en ella también fueron enterrados algunos abades en el siglo XI.

 -La ubicación del monasterio bajo ese peñasco rocoso le da una fuerza extraordinaria…

El arquitecto José Secall en 1849 describió la capilla de San Victorián como una “rica joya engastada en esa gigantesca mole”. Es una metáfora muy bonita.

Por otro lado, la peña que cobija el monasterio condicionó tanto su origen como su abandono. El emplazamiento, la imponente roca y las filtraciones de agua contribuyeron a que este lugar fuera considerado único y sagrado. En él ya existía vida eremítica antes de la fundación del monasterio de San Juan de la Peña en el siglo XI.

Sin embargo, bajo la gran roca la vida resultaba extremadamente dura: el frío, la humedad y los constantes desprendimientos de piedras dificultaban la existencia, sobre todo durante el invierno, y a ello se sumaba la amenaza permanente del fuego. De hecho, el monasterio viejo fue abandonado tras el último incendio devastador, en 1675, lo que llevó a los monjes a decidir la construcción del monasterio nuevo en el llamado llano de San Indalecio.

-La investigación y tus explicaciones escritas van acompañadas de muchas fotografías y demás, lo que aquí es imprescindible y engrandece el trabajo, ¿no?

Las ilustraciones del libro, bastantes más de doscientas, responden a mi método de trabajo. Necesito fotografiar todo para poder observarlo y analizarlo, porque sin una correcta identificación todo el ejercicio de interpretación se tambalea.

Por otro lado, procuro siempre documentar el uso de una imagen en contextos semejantes, con el fin de profundizar en su significado desde una perspectiva más amplia. Para ello, en este libro he recurrido con frecuencia a espléndidos manuscritos iluminados. La reciente cancelación del acceso en línea a los fondos de la British Library ha complicado notablemente este proceso, ya de por sí laborioso, pero, aun así, el esfuerzo ha merecido la pena.

-¿Arte y geometría se dan la mano en esta capilla?

Arte y arquitectura se entrelazan de manera ejemplar en la capilla. Impresiona la habilidad del arquitecto Pedro Jalopa para dar forma, a través del abovedamiento, al Scutum fidei (escudo de la fe) o símbolo de san Atanasio, una formulación gráfica destinada a expresar el misterio de la Trinidad. Este símbolo es necesario para exponer la fe comunitaria de los monjes que juega un papel fundamental en la salvación de su abad porque protege de los demonios, presentes también en las bóvedas para intentar su condena.

Por otro lado, cada uno de los elementos arquitectónicos —arcos angrelados, arquivoltas, chambranas, hornacinas, ménsulas, nervaduras molduradas— actúa como soporte estructural y simbólico de una rica decoración vegetal y animalística, integrada de forma orgánica en el discurso espacial.

-Perdona la pregunta, porque para nada soy experta en el tema, pero hay muchas representaciones de animales, incluso de dragones, impresiona…

El bestiario de la capilla es amplio y variado, pero comparte un rasgo común: todos los animales poseen connotaciones negativas. El caracol remite a la acedia, mientras que dragones, leones, perros, gatos y otras criaturas se combinan para dar lugar a seres monstruosos que, en el contexto funerario de la capilla, evocan fuerzas demoníacas dispuestas a atacar el alma del abad difunto.

Estas representaciones se inscriben en un discurso moral y doctrinal propio de la Baja Edad Media, en el que los judíos, considerados herejes, son reducidos a la animalización.

-El Monasterio de San Juan de la Peña está muy relacionado con la realeza de lo que fue la cuna de lo que hoy es Aragón y tú dedicas un capítulo importante al valor emblemático de la heráldica en la capilla, ¿qué nos puedes decir?

La heráldica desempeña un papel fundamental en la articulación del discurso visual de la capilla. Por un lado, figura el escudo del abad en una composición que incorpora un elemento particular, el marco —medida de peso de metales preciosos, vinculada etimológica y simbólicamente a los apellidos March, Marco y Marqués—, acompañado por el báculo y la mitra abaciales. Por otro lado, se representan las armas reales de Alfonso V, coronadas por el vespertilio o murciélago como cimera.

La composición heráldica del abad recuerda formalmente a un gran ojo, cuya función simbólica sería compensar la visión limitada del monarca, restringida por el casco de tipo barril, con aberturas muy estrechas para los ojos. Desde esta posición, el abad parecería advertir al rey —identificado él mismo con el vespertilio— de que el verdadero peligro no procede de los musulmanes, como sugería una conocida profecía medieval, sino de los judíos, mostrados en el interior de la capilla como enemigos permanentes de Cristo y de la comunidad cristiana.

-Por lo que expones en el libro, el programa iconográfico de la capilla tuvo que ser muy bien pensado y diseñado. ¿Qué relación hay entre el interior y el exterior de la capilla? ¿Qué mensajes se exponen en la obra?

El interior y el exterior de la capilla mantienen una relación estrecha, aunque desarrollan discursos distintos. De manera muy sintética, el interior representa el destino del abad tras su muerte: el juicio particular y la salvación del alma gracias a la fe de la comunidad, expresada mediante el Scutum fidei y el canto gregoriano, entendido como elemento armonizador de los desequilibrios que conducen al vicio y al pecado.

En el exterior, el mensaje adopta un carácter exhortativo: se recuerda a los monjes la necesidad de cultivar la virtud y evitar la acedia, y se proyecta al mismo tiempo una advertencia dirigida al rey sobre los peligros que, desde la perspectiva del abad, amenazaban a la comunidad cristiana.

-El monasterio de San Juan de la Peña era cluniacense. ¿Puedes decirnos cómo influye su forma de vida y su liturgia en el programa iconográfico de la capilla?

-La orden cluniacense desarrolló una liturgia de difuntos especialmente elaborada, lo que explica su idoneidad para un monasterio que había funcionado durante siglos como panteón real y nobiliario. Esta dimensión funeraria y litúrgica es clave para comprender el programa iconográfico de la capilla.

A comienzos del siglo XV, en una época de crisis, el abad parece reforzar un discurso centrado en la vida ascética, insistiendo en la necesidad de combatir los vicios y cultivar la virtud como condición indispensable para la salvación.

-¿Cómo contribuye, además, el abad que manda construir la Capilla de San Victorián a la política de Aragón?

-Benedicto XIII había promovido la Disputa de Tortosa (1413-1414) con la intención de favorecer la conversión de los judíos, pero el rey Alfonso V no continuó esta política y, siguiendo la línea de sus antepasados, mantuvo una actitud de protección hacia las comunidades judías. Frente a esta postura, el abad Juan Marqués parece sugerir en la portada de la capilla a través de la composición heráldica que el monarca no percibía plenamente el alcance del problema, ni el peligro que los judíos podían suponer para los cristianos. El abad parece ser partidario de la expulsión.

-Una vez finalizado tu trabajo y mirándolo en perspectiva ¿qué destacarías y qué hilos pueden quedarse por atar?

-Nunca se terminan los libros. Siempre resulta difícil encontrar el momento adecuado para escribir sobre un tema: cuanto más se retrasa, más conocimiento se acumula, pero no se puede posponer la escritura indefinidamente. Creo que este libro invita a la reflexión y permite contemplar la capilla, con sus estructuras y figuras, desde una perspectiva diferente, ya que pone de relieve aspectos que hasta ahora habían pasado desapercibidos. Espero que sirva también de estímulo para nuevas investigaciones.

-Amiga, declaraba Lourdes Diego, creo recordar—lo digo y escribo de memoria—en el Heraldo, que “San Juan de la Peña es más que un Monasterio es un símbolo”; si lo trasladamos a la capilla de San Victorián, ¿tú que añadirías?

-A partir de la Crónica de San Juan de la Peña, en el siglo XIX se acrecienta la idea de que el monasterio funcionó en los albores de la reconquista peninsular como otra Covadonga. En este espacio sacralizado se habría celebrado la asamblea fundacional que decidió la primera gran empresa militar cristiana, la conquista de Aínsa, lograda gracias a la intervención providencial simbolizada por la aparición de la cruz sobre la encina.

De alguna forma, el abad Juan Marqués intenta dar continuidad a la imagen institucional consolidada, aunque en parte legendaria, del monasterio. Desde esa posición procura restaurar la figura moral del abad como padre y director espiritual de la comunidad y, a la vez, legitimar su intervención en la política del reino, ofreciendo consejo a Alfonso V en relación con la cuestión judía.

 

 

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