Cazarabet conversa con... José Gómez Alén, autor de “La abogacía española y la lucha por una justicia democrática durante la dictadura franquista” (Fundación Abogados de Atocha)

 

 

 

 

 

 

 

 

José Gómez Alén nos acerca a cómo era, desde el mundo de los abogados, el luchar por “una justicia democrática “en la larga y dilatada dictadura franquista…

La sinopsis de este libro:

Este libro reconstruye el largo camino de lucha por una justicia democrática en la que confluyeron letrados de diferentes tendencias políticas e ideológicas que se habían enfrentado en la Guerra Civil Un sector de la abogacía, que había apoyado al ejército sublevado en 1936, despertó ante la realidad represiva de un Régimen que chocaba frontalmente con el sentido ético de una profesión que requería el respeto a los derechos individual.es y colectivos de las personas y las garantías jurídico procesales contempladas en la Declaración de Derechos Humanos que a diario conculcaba el Régimen que habían contribuido a fundar. Fue en los años cincuenta cuando comenzaron a coincidir con los abogados de los partidos políticos que clandestinamente habían reconstruido la conciencia social y política republicana recluida en las cárceles franquistas y con los restos de la abogacía que se había librado de la represión.

Los dos colectivos caminaron juntos en la lucha por democratizar la administración de Justicia desde el mensaje de unidad que emanaba de la política de Reconciliación Nacional con su acento reivindicativo en la amnistía, las libertades y la supresión de las jurisdicciones especiales. Letrados y abogadas convirtieron esas reivindicaciones en el eje de una aspiración profesional y política que plasmaron en los colegios de abogados para culminar en el histórico IV Congreso de la Abogacía en 1970 y en los espacios judiciales impuestos por la dictadura, donde defendieron unitariamente a todos los procesados de la oposición clandestina.

EI trabajo también aborda el protagonismo de una minoría de mujeres abogadas que ejercieron una profesión considerada de hombres, en un mundo de hombres, pero que fueron capaces de situarse en un plano de igualdad en los escenarios en los que se producía la confrontación con las estructuras políticas y judiciales del franquismo: magistraturas de Trabajo, el TOP o los colegios de abogados y sus congresos. La represión que sufrieron aquellos hombres y mujeres de la abogacía prueba la enorme generosidad social y profesional que aportaron a la lucha por la recuperación de un Estado de Derecho en España.

El autor, José Gómez Alén:

José Gómez Alén, Catedrático de Historia de Enseñanza Media, orienta sus líneas de investigación hacia la conflictividad laboral y el mundo del trabajo

durante el franquismo.

Es autor de numerosos trabajos en revistas, obras colectivas y libros como As Comisións Obreiras de Galicia e a conflictividade laboral durante o franquismo (1995); Manuel Amor Deus. Unha biografía da resistencia obreira ao franquismo (2Oo8) o Elvira e Fernando Xustiza, traballo e liberdade (2015) y coautor de O dez de marzo. Unha data na historia (1997); Astilleros en el Arco Atlántico. Trabajo, historia y patrimonio (2013); Abogados contra el franquismo. Memoria de un compromiso político, 1939-1977 (2013); Cruz 76. Un despacho histórico de la abogacía democrática. Madrid, 1965-1977 (2016); Cristina, Manuela y Paca. Tres vidas cruzadas entre la justicia y el compromiso (2017); Estado e industria. La construcción naval en Argentina, Brasil, España y Portugal (2017) y Work, workers and labour conflicts in the shipyard Bazan-Navantia, 1950-2014 en "Shipbuilding and Ship Repair Workers Around the World. Case studies, 1950-2010" (2017) y 10 de marzo. Un conflicto del movimiento obrero gallego por la democracia (2022). Fue director del Archivo Histórico de CCOO de Galicia/Fundación 10 de Marzo (1991-2005) y de la revista "DEZEME" (2000-2006). Es miembro de la sección de Historia de la FIM y de la coordinación de "Nuestra Historia".

Nosotros ya mantuvimos un Conversa con… José Gómez Alén:

https://www.cazarabet.com/conversacon/fichas/abogados.htm

Y hay otros Conversa con… que, seguro, te pueden interesar:

https://www.cazarabet.com/conversacon/fichas/fichas1/abogadosatocha.htm

https://www.cazarabet.com/conversacon/fichas/fichas1/atocha.htm

La Wikipedia, otros y la matanza de Atocha:

https://es.wikipedia.org/wiki/Matanza_de_Atocha_de_1977

https://fundacionabogadosdeatocha.es/

https://www.rtve.es/television/20240925/serie-abogadas-matanza-atocha-transicion-espanola/16254589.shtml

https://www.publico.es/politica/matanza-atocha-crimen-plena-transicion.html

https://dialnet.unirioja.es/servlet/tesis?codigo=65078

 

 

 

 

Cazarabet conversa con José Gómez Alén:

-José, ¿qué te ha llevado a escribir este libro?;¿qué objetivos te planteabas con él y qué nueva mirada y desde qué perspectiva le das a la abogacía y a su particular lucha por la democracia?

-Las preguntas requieren hacer algo de historia y comenzar señalando que este trabajo es la continuación de anteriores libros, que formaron parte de un proyecto general de investigación desarrollado durante una década sobre la “Abogacía democrática” y su lucha contra la dictadura y que coordiné junto al historiador asturiano Rubén Vega. En el proyecto colaboraron entonces 24 historiadores de las diferentes comunidades autónomas y como resultado se publicaron 6 libros y ya en 2007 un CD con todas las sentencias del Tribunal de Orden Público. En conjunto se rastrearon todo tipo de fuentes documentales asentadas en los archivos disponibles; sistematizamos su contenido en dos densos volúmenes (2010 y 2011) que con más 1600 páginas los historiadores e investigadores pudieron y pueden utilizar como referencia documental para hacer frente a nuevos estudios generales o por comunidades autónomas y seguir aportando más conocimiento histórico a la sociedad sobre la importancia de este sector profesional en la lucha por una justicia democrática. Los volúmenes incluían una sistematización temática del testimonio de sesenta abogados entrevistados en toda España y nos permitieron presentar 23 biografías de algunos de los letrados más destacados en la lucha por las libertades y por una justicia democrática durante la dictadura.

Posteriormente publicamos un estudio general, “Abogados contra el franquismo…”, ya comentado en Cazarabet en el 2013; un estudio sobre el despacho histórico de la calle Cruz 16 de Madrid (2015), donde desde 1965 hasta finales de los años setenta se formarían abogados laboralistas de diferentes generaciones; un libro sobre los abogados Elvira Landín y Fernando Randulfe (2015) que trabajaron en Cruz 16 en el segundo lustro de los años sesenta y crearon en 1971 el histórico despacho laboralista de Vigo y finalmente una biografía conjunta de Cristiana Almeida, Manuela Carmela y Paca Sauquillo (2017), cuyo contenido se recoge sintéticamente en la reciente serie de TVE, “Las abogadas”. 

Sin embargo, a pesar de ese bagaje de conocimiento histórico y de otros trabajos que sobre diferentes aspectos fueron apareciendo en diversas comunidades autónomas, personalmente era consciente de que algunas cuestiones necesitaban una mayor profundización o no las habíamos abordado. Es cierto que algunos fondos documentales no estaban aún a nuestra disposición y eso dificultaba atender a las cuestiones pendientes. La recuperación de ayudas a la investigación relacionadas con la Memoria Democrática, me aminó en 2023, después de más de un lustro trabajando sobre otros temas, a presentar bajo el amparo institucional de la Fundación Abogados de Atocha, un proyecto que fue muy bien valorado por la comisión correspondiente y me permitió retomar esa línea de investigación para hacer frente a los aspectos que entendía requerían atención historiográfica.

Por lo tanto, los objetivos que me planteaba con este libro estaban orientados a estudiar los vacíos que no habíamos cubierto anteriormente; y así aportar más conocimiento para contribuir a la recuperación y difusión de la memoria colectiva de un sector de la abogacía, numéricamente poco importante, pero imprescindible para las luchas de otros sectores sociales y valorar con ello el alcance del extraordinario papel que jugaron para la recuperación de la democracia. En ese sentido, el objetivo principal era tratar de explicar los rasgos del proceso que había llevado a un sector de la abogacía española a imponer democráticamente sus propuestas, consideradas subversivas, frente a todo el aparato político y jurídico de la dictadura en el histórico IV Congreso de la Abogacía Española de León.

Para resolver historiográficamente las preguntas que me había planteado, tenía que partir desde el principio e ir a la guerra civil y a la inmediata posguerra para entender ¿cómo, desde las cenizas de la Guerra Civil, pudo emerger una conciencia democrática y defensora de los derechos humanos, entre un sector de los abogados que había luchado en el bando sublevado y en una profesión tan conservadora como el de la abogacía y en el que la minoría democrática y republicana había sufrido la depuración y represión de la posguerra?. Esa primera pregunta llevaba a una segunda que suponía recorrer los escenarios donde se desarrolló ese proceso que uniría bajo unos objetivos comunes a aquel sector minoritario de los abogados vencedores de la guerra con el también sector minoritario que representarían los vencidos que saldrían de las cárceles durante las dos primeras décadas de la dictadura y a los que se unirían las nuevas generaciones de letrados y abogadas que comenzaron a licenciarse a mediados de los años sesenta. ¿Qué había ocurrido para que confluyeran ambos sectores en la reconstrucción de la lógica democrática en un largo proceso que los conduciría al ya citado histórico congreso de 1970 en el que fueron capaces de derrotar democráticamente las posiciones del aparato político de la abogacía española, ligado directamente con el aparato judicial de la dictadura, que, a su vez, constituía el eje sobre el que giraba todo el aparato represivo del franquismo?

A partir de todas las ramificaciones que presentaba aquel largo camino era imprescindible entrar en los debates y votaciones del Congreso de León, hasta donde lo permitiera la documentación accesible y posteriormente en las consecuencias de todo tipo que se desprendieron de las propuestas aprobadas y del significado político para la abogacía española en el camino de la democratización de su organización y la de justicia. En conjunto esa es la perspectiva que trato de darle al papel de la abogacía democrática española y en la consecución de sus reivindicaciones, que conectaban con las que también demandaba la oposición democrática, esta de manera clandestina claro.  

-Comentas, cuentas—respaldado todo por tu investigación y documentación—que había como dos sectores: los abogados más conservadores que ya por motivos éticos estaban cansados de “tener que tragar y convivir” con la represión franquista y los más progresistas que, por supuesto, y por muchos motivos incluso desde la abogacía intentaban que la dictadura con su represión se fuese mermando…coméntanos por favor...

-Ese sector conservador que mencionas, era un pequeño núcleo de abogados, que en el momento del golpe de estado del 36 se pusieron al lado del ejercito sublevado contra la legalidad republicana y la Constitución de 1931. Incluso algunos de ellos participaron o era conocedores de la inminencia de la sublevación de julio de 1936. Se trataba de algunos abogados de tendencias monárquico liberales y democristianos, que ya después de la primera década de posguerra comprendieron que el general Franco había dado forma a una terrible dictadura, sostenida en el poder militar y la represión y que la posibilidad de la restauración monárquica era inexistente. Además, durante la década de los cuarenta, la creación de nuevas jurisdicciones especiales y la aplicación de la jurisdicción militar, como si no hubiera acabado la guerra, tenía el objetivo de facilitar la tarea de eliminar cualquier síntoma de protesta o desafección social y esas jurisdicciones encontraron un incipiente rechazo en aquel sector. La jurisdicción militar y los consejos de guerra permitieron continuar dictando sentencia de muerte y ejecuciones de miles de republicanos de todo color político, sin ningún tipo de garantías procesales para su defensa, lo que era muy difícil de ocultar ante ese muy minoritario sector de la abogacía, que aun mantenía una conciencia ética profesional y una sensibilidad en la defensa de los derechos humanos que a diario conculcaba el Régimen en las magistraturas o en los consejos de guerra sumarísimos que seguían dictando condenas de muerte durante esa década.

Por otro lado, para ejercer la profesión debían integrarse obligatoriamente en los colegios de abogados, después de pasar un proceso de depuración, tratado en profundidad en el libro. Así pasaban a formar parte de una estructura profesional muy centralizada y controlada desde el Ministerio de Justicia a través del Consejo General de la Abogacía, cuyo presidente era a la vez el Decano del Colegio de Madrid. Hay que tener en cuenta que la sede del Tribunal Supremo era también la sede del Colegio de Abogados de Madrid y del Consejo General de la Abogacía y que su presidente tenía hilo directo con el ministro y con el Jefe del Estado. Y fue en el seno de esas instituciones donde surgieron las contradicciones que terminaron por saltar en los diferentes escenarios de actividad de los abogados y con ello a chocar con la administración de justicia y con el Régimen.  

-¿En qué momento y por qué estos dos grupos se unen para luchar contra el franquismo y alcanzar un estado democrático?

-Ese momento comenzó a hacerse presente en los años cincuenta, cuando fraguo en algo concreto, tanto desde el punto de vista organizativo como “programático”. Fue un proceso en el que confluyeron varias propuestas e ideas en varios momentos. En el primer lustro de esa década, en el Colegio de Madrid, y en mucha menor medida en otros,  comenzaba a convivir en el mismo espacio colegial, ese sector minoritario de abogados políticamente conservadores que habían estado en el bando sublevado, con los abogados comunistas y socialistas que salían de las cárceles y con algunos jóvenes formados en la universidad en el segundo lustro de los años cuarenta y en los primeros cincuenta y, a pesar de que unos y otros aún estaba condicionados por la posición que personalmente o familiarmente habían asumido durante los tres años de la Guerra Civil, por diferentes motivos esos dos pequeños colectivos mantenía planteamientos similares respecto a las jurisdicciones especiales y a la organización colegial. Fue así como, sin mucha organización confluirían en el III Congreso de la Abogacía Española celebrado en Valencia en 1954 donde sorprendieron a los letrados y jerarcas del Régimen y consiguieron aprobar unas resoluciones que anticipan lo que ocurriría en las décadas siguientes. En una segunda fase, ya en la segunda mitad de los años cincuenta, las diferentes tendencias ideológicas lograron formalizar grupos organizados de socialistas, comunista y democristianos. 

-¿Cómo se organizaron los diferentes “bandos de abogados”—perdona que utilice tanto la denominación “bando” - frente a la dictadura?

-Durante la segunda mitad de los años cincuenta comenzaron a organizarse por tendencias ideológicas, En el Colegio de Abogados de Madrid, los letrados del PCE formaron varias células que incluso se reunían dentro en las dependencias colegiales; los socialistas crearon el Secretariado de Abogado de la UGT y los democristianos de la Unión Española formaba otro grupo organizado. El PCE que aprobó la política de Reconciliación Nacional en 1956, proponía la confluencia unitaria con todos los sectores políticos en torno a tres ejes programáticos: la amnistía para todos los presos y exiliados; la supresión de las jurisdicciones especiales y la recuperación de las libertades democráticas y para formalizar la unidad de acción entre la abogacía crearon la Unión de Abogados Jóvenes donde terminarían confluyendo los tres sectores políticos.

A partir de los años sesenta, si bien continuaron formando parte de una renovada Asociación de Jóvenes Abogados, mantuvieron sus propias grupos; con algunas diferencias, pero actuando unitariamente en el ámbito colegial; en los tribunales de justicia cuando la defensa procesal lo requería en los consejos de guerra o desde 1963 en el Tribunal de Orden Público, donde letrados  democristianos, monárquicos, socialistas y comunistas, defendían a obreros, estudiantes y profesionales diversos antifranquistas que lo necesitaban. Y esa unidad de acción también la trasladaban al ámbito colegial donde defendían su democratización, lo que se traducía en candidaturas unitarias apoyados por todos los sectores cuando había que elegir decano y junta de gobierno o para oponerse a los proyectos legislativos del Ministerio de Justicia. 

-¿La práctica de la abogacía laboralista era de las que más “notaban, veían y sentían” que la sombra de la represión de la larga dictadura franquista era alargada?

-Si, hay que tener en cuenta que el Régimen rechazaba y prohibía cualquier manifestación o simple reclamación con contenido de clase en el ámbito laboral o de carácter salarial de ningún tipo, lo que era motivo de represión. Durante las primeras décadas solamente se permitían las reclamaciones de carácter individual y siempre tramitadas hacia las magistraturas de trabajo y canalizadas por los abogados de la Organización Sindical Española donde estaba obligatoriamente encuadrados empresarios y trabajadores y cuyo objetivo principal era precisamente controlar ideológica y socialmente a los trabajadores. Por lo tanto, los primeros abogados con conciencia social fueron los que se dedicaron a orientar y defender las reclamaciones de los trabajadores que acudían a ellos para liberarse de la tutela de los letrados falangistas que pertenecían al llamado “Sindicato Vertical”. Unos ya pertenecían a la oposición, pero una minoría se vieron frente a un modelo que habían contribuido a crear y comprendieron la situación de indefensión de los trabajadores ante las magistraturas de trabajo y así surgirían los primeros despachos laboralistas. Además, aquellos letrados también eran conscientes de la conculcación de derechos y garantías de defensa procesal cuando los militantes de la oposición se veían sometidos a los consejos de guerra no sumarísimos en los que podían participar como defensores o asesores de las defensas.

De todas maneras, el “poder judicial”, la judicatura, siempre ha jugado y juega un papel muy vinculado, quizás demasiado al poder político…de manera que ni era y me da que ni estaba ni está separado… ¿Hay demasiada permeabilidad entre esos dos poderes…?;¿qué te parece, a ti, como historiador?:

-En el caso que nos ocupa que es el de la dictadura franquista, eso es así. Los tres poderes públicos residían en el jefe del Estado, el dictador. El poder judicial y por lo tanto todas las instancias judiciales de las jurisdicciones especiales con sus jueces magistrados eran nombrados directamente por el ministro de Justicia y estaban al servicio de la dictadura, constituían el eje fundamental sobre el que giraba todo el aparato represivo del Régimen franquista. Sobre lo que planteas de la permeabilidad entre los poderes, en teoría, los sistemas democrático liberales contemplan la división y la independencia de los poderes públicos y las constituciones, como en nuestro caso, la del 1978 sancionan esa independencia y separación entre el poder ejecutivo y el judicial. El problema es que esos dos poderes aparecen excesivamente ligados por la forma en que se eligen a los miembros del Consejo de Poder Judicial y eso genera disfunciones y un funcionamiento muy errático y politizado del ese poder, que se traslada a las diversas instancias del sistema judicial. En la actualidad estamos viviendo una etapa en la que desde diferentes sectores se hace una utilización política de esas instancias judiciales y así podemos ver cómo se inician autos de procesamiento sin pruebas sólidas que los justifiquen y que responden más a intereses políticos determinados y, en ocasiones, sin posibilidad de que lleguen a algo sancionador que no sea desgastar o destruir políticamente al investigado o juzgado, podríamos mencionar ejemplos de esto y acabamos de asistir al último. Esos autos de procesamiento deberían ser sobreseídos por falta de pruebas sólidas, antes de llegar a un juicio. En este momento en España, la incoación de un auto y su deriva depende de los jueces y de algunas instancias. La situación actual de judicialización de la vida política con el proceso contra el fiscal general de estado y el adelantamiento de la sentencia de condena, sin dar a conocer el contenido de su argumentación, es una demostración del funcionamiento y los intereses políticos del tribunal y de que el poder judicial necesita una reforma en profundidad que abarque desde la formación de los jueces y la Escuela Judicial, hasta las formas de elección de magistrados para el Consejo General del Poder Judicial, cuyo presidente lo es además del Tribunal Supremo. Un ejemplo de esto es que el Consejo se renueva cada cinco años y toda la organización depende de este órgano: el nombramiento del presidente y los magistrados del Tribunal Supremo; los presidentes de Tribunales y Salas; magistrados del Tribunal Constitucional; la organización y dirección de la Escuela Judicial, cuya última reforma tiene ya casi treinta años y, otras muchas funciones. Ese órgano ha estado sin renovarse durante cinco años y sus miembros se mantuvieron esos años desde la finalización de su mandato, lo que obligó a las Cortes en el 2021 a despojarle de la capacidad de realizar nombramientos cuando estaba en una situación de interinidad. Hemos vivido una experiencia absolutamente impresentable e impensable para cualquier país democrático, pues su renovación estuvo políticamente bloqueada. Y que sus miembros no hubieran dimitido para forzar su renovación es una muestra más del tipo de algunos de los magistrados que pululan por el aparato judicial. Y, últimamente, durante el proceso ya citado, ha sucedido algo que era habitual durante la dictadura: que el tribunal no aceptaba el testimonio de los testigos de la defensa o ponía en duda la verosimilitud de sus declaraciones y se juzgaba y condenaba, como ahora, sin pruebas sólidas contrastadas documentalmente, lo que no necesita comentario sobre el significado de esta actitud.

Durante la dictadura franquista, el poder judicial dependía directamente del dictador, el general Franco, que utilizaba al ministro de Justicia de turno como el principal instrumento de control de toda la administración de justicia y a la organización de la abogacía, también centralizada y rígidamente controlada por el Ministerio de Justicia desde el Consejo General de la Abogacía, cuyo presidente era el decano del Colegio de Abogados de Madrid y desde ahí a toda la abogacía encuadrada en los restantes colegios. En consecuencia, toda la administración de Justicia dependía de la autoridad del Jefe del Estado y el poder judicial se sometía a sus decisiones represivas.

-¿Hay demasiada permeabilidad entre esos dos poderes…?;¿qué te parece, a ti, como historiador?; Que la judicatura sea tanta noticia de confrontación en el presente con el poder ejecutivo y el legislativo, ¿es en gran medida herencia de aquellas prácticas heredadas del franquismo?

-En la actualidad hay muchos problemas relacionados con el poder judicial, su independencia y su funcionamiento, que requieren un profunda revisión y reorganización que debería partir ya del mismo modelo de formación de jueces y fiscales y del funcionamiento de la Escuela Judicial. No soy un experto en el tema, pero hay jueces y ex fiscales, que han estado en diferentes órganos del poder judicial y que, en el pasado a comienzos de los años setenta, en plena dictadura formaron parte del movimiento de jueces, fiscales y secretarios judiciales, que se llamaba Justicia Democrática y que, ya entonces planteaban una crítica al sistema judicial y proponían reformas en profundidad. Esos ex miembros de la judicatura llevan años cuestionando el actual modelo que genera las disfunciones actuales y vienen propugnando serias críticas y la necesidad de una reforma en profundidad. En mi trabajo hay una breve referencia a aquel movimiento y nuestro conocimiento sobre ellos aún es insuficiente y se necesitaría un trato historiográfico en profundidad que recupera la memoria histórica de su aportación a la conquista de una justicia democrática.

En mi opinión, creo que, si existe esa permeabilidad y utilización política de la judicatura y es en parte una herencia del franquismo, y la confrontación que mencionas es utilizada por los sectores políticos que defienden con claridad o de manera más subliminal el pasado del régimen franquista y tratan de blanquear la dictadura. Además, uno de los déficits del proceso democratizador que culminó con la Constitución, es que es el poder que no sufrió ninguna reforma en profundidad. Una gran parte de la estructura judicial se mantuvo y los magistrados que formaban parte de las ya citadas jurisdicciones especiales, por ejemplo, el TOP y las magistraturas de trabajo, donde conculcaban conscientemente los derechos procesales de defensores y defendidos, condenaban a años de cárcel y despedían a los trabajares sin pruebas; expulsaban de la sala a sus abogados defensores; rechazaban testigos de la defensa y conculcaban los derechos de defensa procesal y los derechos individuales de las personas, Aquellos magistrados continuaron promocionando en la carrera judicial y el poder judicial como institución no pidió excusas o perdón, por su colaboración con la dictadura y como protagonistas de la represión durante cuarenta años, como sí ocurrió, sin embargo, en otros países como Chile y eso es lo menos que como institución debería haber asumido públicamente.

-¿Qué tipos de represión podían sufrir los abogados y las abogadas en el ejercicio de su profesión?, me refiero a la considerada “legal” porque me imagino que habría “otros tipos de intimidaciones”. Coméntanos, por favor…

-Los abogados estaban sometidos al mismo tipo de represión que el resto de los ciudadanos que estaban comprometidos con la oposición democrática clandestina o cuando participan en actividades consideradas delictivas por alteración del orden público o por colaboración con aquella oposición o mostraban públicamente su desafección al régimen. Por ello sufrieron diversas formas de represión desde el mismo final de la guerra. Como se puede seguir por mi trabajo, los abogados republicanos primero fueron depurados y expulsados de la profesión y de los colegios profesionales y los que sobrevivieron unos lograron exiliarse y otros fueron encarcelados durante años.

Posteriormente, cuando comenzaron a articularse políticamente, la también los alcanzó la represión y se ejerció en formas diferentes según  el  grupo político al que pertenecían y así también era considerada la gravedad del delito: los democristianos y monárquico que participaron en el llamado “contubernio” de Múnich en 1962 fueron  desterrados a diversas provincias de España y algunos multados y detenidos; hubo   letrados socialistas detenidos y algunos abogados comunistas fueron sometidos a consejos de guerra o ya en los años sesenta y primeros setenta fueron juzgados en el TOP hasta  el mismo año de la muerte del dictador. Evidentemente, como otros ciudadanos, sus despachos fueron vigilados por la Brigada Político Social; eran amenazados por la policía y la extrema derecha y desde el poder se facilitaban esas amenazas que continuaron incluso después de los asesinatos del despacho de Atocha 55 en enero de 1977. En el libro, aunque tuve que reducir algunos capítulos como en ese caso, hay referencias suficientes que complementan lo que ya aportamos en las publicaciones anteriormente citadas.

-¿Hubo ejemplos de complicidad y solidaridad entre abogados, aunque estuviesen en “bandos diferentes”? y ¿Cómo eran esas muestras de complicidad?

-Como ya he mencionado, en este sector profesional hubo una unidad de acción y solidaridad que iba más allá de sus diferencias políticas e ideológicas y que se evidenciaba siempre cuando la represión se abatía sobre ellos o cuando surgían algunos problemas de igual forma que ocurría entre la clase obrera. Hay ejemplos suficientes en el libro para entenderlo. Desde los años cincuenta, cuando ya la unidad de acción era una evidencia, la solidaridad se manifestaba en las detenciones de abogados y los procesos judiciales contra ellos y en otras situaciones. En el trabajo me detengo en algunos de los conflictos más relevantes, como podrán leer los interesados en el tema. Podemos encontrar que abogados de diferente ideología también apoyaban las solicitudes de colegiación, un requisito exigido en los primeros tiempos. Lo mismo ocurría con las detenciones, generalmente de comunistas y rápidamente se interesaban por la situación del letrado detenido y por la que quedaba su familia. Algunos compañeros colegiados acudían a la cárcel, promovían que el colegio ayudase económicamente a la mujer y los hijos, incluso en algún caso se decidió la compra de juguetes por Navidad, además de ponerse a disposición para su defensa, como ocurrió con la detención y el consejo de guerra contra Gregorio Ortiz Ricol. Muestras similares se produjeron con los desterrados después del “contubernio” de Múnich.

Y después de la dictadura, ¿qué?, porque es de suponer que algunas relaciones humanas duraron más allá de aquellos tiempos de represión y dictadura, ¿es así?…

-Es cierto que se mantuvo el respeto y seguramente las muestras de amistad por las experiencias vividas entre aquellos veteranos. Además, lo ocurrido en 1977 en el despacho de Atocha, poco antes de las primeras elecciones democráticas potenció las muestras de solidaridad recibidas por los abogados del PCE o con la capilla ardiente en el colegio de Madrid fueron ejemplos de esa actitud y eso a pesar de que ya estaban definidas las diferentes posiciones políticas de todos los letrados que se habían destacado durante la dictadura.

-¿Y cómo fueron las primeras andanzas de ambos sectores de la abogacía en la recién estrenada democracia?

-Bueno, el estudio no se prolonga más allá de 1977, pero podemos avanzar algunos datos sobre la andadura política de los protagonistas de esta historia después de la dictadura. Durante la transición la mayoría de aquellos abogados mantuvieron la militancia de origen en los partidos políticos y se integraron en las nuevas formaciones y algunos tuvieron un papel destacado como disputados e incluso ministros; otros se centraron en el ejercicio de la abogacía y casi todos se situaron políticamente en partidos que se correspondían con los dos grandes sectores ideológicos que protagonizaron esta historia: los democristianos que pertenecían a Unión Española se integraron mayoritariamente en la UCD, con algunas excepciones como Gregorio Peces Barba, Félix Pons y algún otro que terminaron en el PSOE o Jaime Miralles que terminaría formando parte de Izquierda Unida. El sector que conformaban comunistas, socialistas y abogados de otros grupos como la ORT, permanecieron en los partidos en los que militaron durante la clandestinidad y, posteriormente, algunos terminaron pasando temporalmente al PSOE. Mi idea inicial era incluir una breve referencia sobre la evolución de los letrados más destacados en esta historia, aunque fuera solo con unas notas a pie de página, pero la excesiva extensión del trabajo me forzó a suprimir esas notas. 

-Sigo con la pregunta anterior: seguramente que aquí se formaron como dos sectores: los que venían “como más de familia” de la judicatura dentro del franquismo , aunque se habían separado de las prácticas represoras del régimen y que, después, una vez llegada la transición y la democracia  se debieron “como atrincherar detrás de cierto estatus” con los gabinetes de abogados de cierto nivel y para ciertos bolsillos” y los más de ideología progresista o claramente de izquierdas que se constituyeron bien “por libre” o  “tipo cooperativa”, más independientes y, por supuesto, mucho más modestos…¿es así?;¿qué nos puedes contar?.

-La democracia, como ya he señalado devolvió a muchos de los abogados a su profesión, incluso lo que tuvieron cargos de responsabilidad política como ministros o diputados lo hicieron después de un tiempo, otros terminaron siendo profesores universitarios o asumieron cargos en el poder judicial, actividades que compaginaron en algunos casos con su dedicación a la actividad política. En el caso del sector más numeroso, el de los militantes comunistas, que tenían una intensa dedicación al laboralismo y a los procesos en el TOP, después de un debate interno, optaron por diferentes caminos: en unos casos, se convirtieron en abogados de Comisiones Obreras; otros abandonaron la abogacía y se orientaron hacia la enseñanza, a la administración del estado o accedieron a la judicatura, opositando  como Manuel Carmena o por el 4º turno como Juan José del Águila y otros mantuvieron sus despachos independientes dedicados al laboralismo y otras áreas de trabajo, como Cristina Almeida que crearía un despacho de mujeres donde atendían todo tipo de asuntos relacionado con los derechos de la mujer y otros  mantuvieron despachos que alcanzaron notoriedad y entre los más jóvenes, licenciados durante la transición, aún se dedican en la actualidad a ejercer la abogacía en su despachos.

-Fricciones y puntos de encuentro los debió de haber siempre más que nada entre estos dos grupos de acción de abogados contra la represión franquista, pero pesaba más el ánimo de cambiar las cosas y acabar con la represión, ¿no? -También había diferencias entre los sectores más progresistas, ¿no?; ¿qué nos puedes explicar?

-Si, siempre en un colectivo en el que hay diferencias ideológicas importantes hay diferentes formas de entender los problemas y diferentes estrategias y tácticas para enfrentarse a ellos y defender sus reivindicaciones, pero en general, este sector profesional encontró puntos programáticos que los mantenían unidos por encima de sus diferencias como eran la amnistía, la supresión de todas las jurisdicciones especiales y la defensa de los derechos y las garantías de defensa procesal o los derechos de los presos políticos para lo que reivindicaban un Estatuto del Preso Político. En esos puntos estaban totalmente de acuerdo, por lo tanto, nunca se produjeron fricciones entre ellos cuando se enfrentaban a la dictadura y luchaban por un estado de derecho. El único momento en que podía haber diferencias, era cuando se formaban candidaturas unitarias para la elección del decano y la junta de gobierno de los colegios, sobre todo en el de Madrid, y en ese momento, los que podían manifestar algún desacuerdo eran los militantes del Partido Comunista, porque generalmente nunca se incluía a ninguno de sus miembros en la candidatura. Sin embargo, todo ellos la apoyaban y la votaban a pesar de que las candidaturas las decidían los letrados monárquicos y sobre todo algunos socialistas muy reticentes a incluir a los comunistas.

Solamente a finales de los años cincuenta y primeros sesenta, en el sector de los socialistas hubo algunas diferencias internas, porque algunos abogados eran partidarios de colaborar con los comunistas y sus tácticas unitarias, estrategia que rechazaba la dirección del PSOE en el exterior, y con las que, sin embargo, estaban de acuerdo algunos letrados como José Federico de Carvajal, lo que provocaría una crisis en el colectivo socialista y la desintegración del Secretariado de Abogados de UGT.

-¿Por qué esto todavía no se cuenta bien en cuanto repasamos la historia más reciente y por qué crees que “cuesta tanto” hacerlo?;¿no conviene que ciertas partes de nuestra historia se conozca demasiado por eso en los libros de texto siempre se pone en los últimos temas a los que es difícil llegar?

-Yo pienso que esto no es del todo exacto o por lo menos no lo era cuando estaba en activo. Hace 18 años, era catedrático de historia en la enseñanza media y mi experiencia es que los alumnos recibían la enseñanza sobre la guerra civil, el franquismo y la transición a la democracia, pues formaban parte de los programas de estudio con todos los aspectos que comprendían esas etapas históricas y la profundidad con la que se trataban dependía del nivel educativo y de que los programas se cumplieran y esta era una cuestión que dependía de los profesores y los centros de enseñanza. Quiero suponer que esto sigue más o menos igual, aunque dependerá de cada comunidad autónoma y de sus competencias en la materia. Sé que la historia contemporánea de España se trabaja con profundidad en las diferentes disciplinas y titulaciones en el nivel universitario. Cuando yo estaba en activo, en el nivel de la enseñanza media, los estudiantes de 3º de BUP tenían Historia de España que desde la antigüedad llegaba hasta la transición y la constitución de 1978 y también hubo una asignatura de Historia Contemporánea en 2º de Bachillerato de la que tenían que examinarse en la selectividad y evidentemente la Guerra Civil; la dictadura franquista y la transición eran parte importante de la materia, por lo tanto la dictadura con sus etapas o la oposición y la represión era objeto de estudio y de examen y en los exámenes de selectividad en Galicia, salían textos para comentar y preguntas que obligaban a los profesores a llegar hasta el final del programa y a los alumnos a estudiar esos temas. Los coordinadores de lo que entonces era el COU primero y después el 2º de bachillerato garantizaban que en las dos opciones a elegir hubiera comentarios de texto y preguntas del siglo XIX y del XX hasta el final. Ese planteamiento llevaba a los profesores a tener que explicar todo el programa.  Esto fue así y de eso tengo evidencias pues yo formaba parte del seminario permanente de la coordinación del COU.

En la actualidad alejado de los programas y de los libros de texto, no sé lo que ocurre en los centros de los diferentes niveles educativos, pero algo similar garantizaría que los estudiantes pudieran conocer lo fundamental de nuestra historia más reciente y lo importante que fue la lucha por la recuperación de la democracia y la dureza de la represión franquista desde la posguerra hasta la Constitución de 1978, lo que permitiría a los estudiantes valorar lo que significó esa recuperación.

-La abogacía, de un bando u otro, que luchó contra la dictadura y la represión, ¿qué deberían hacer para evidenciar más el trabajo sumergido—o no-- que realizaron? Lo que más se recuerda, por desgracia, es la matanza de los abogados de la Calle Atocha de Madrid, aquello marcó un antes y un después, ¿no?, coméntanos…

-El atentado terrorista de carácter fascista realizado contra los abogados del despacho de Atocha 55, fue el momento más grave sufrido por la abogacía española y vivido en España durante la década de los setenta. Fue un atentado meditado y dirigido contra los defensores de la oposición política democrática y para tratar de quebrar la marcha hacia la democracia como parte de lo que se llamó entonces la estrategia de la tensión que emanaba de los inmovilistas del régimen. Y nada fue ya igual. Primero por la solidaridad hacia el sector que sufrió el atentado y el apoyo y la solidaridad ciudadana y política con el PCE y las Comisiones Obreras, que eran las organizaciones en las que militaban aquellos letrados. Hay que tener en cuenta que el PCE aún era ilegal y después porque el atentado y los asesinatos no consiguieron frenar la marcha hacia la democracia. Los cadáveres fueron velados en el Colegio de Abogados de Madrid, sede también del Tribunal Supremo y a pesar de la oposición del ministro Martin Villa que no garantizaba el orden público, el cortejo fúnebre que recorrió Madrid para despedirlos fue un ejemplo de la capacidad de organización y responsabilidad del PCE y de la actitud de sus militantes que garantizaron el orden de un cortejo con más de 300.000 madrileños despidiendo a los abogados. Aquel entierro supuso también la verdadera legalización del PCE en las calles de Madrid y de toda España y la marcha ya imparable hacia la democracia y sus primeras elecciones que terminarían siendo constituyentes. En realidad, hoy la memoria de los abogados de Atocha es un símbolo de la lucha por las libertades democráticas.

En la actualidad con los movimientos de recuperación de la memoria colectiva, mi opinión es que debería promoverse un mayor esfuerzo en la recuperación de la aportación de este sector de la abogacía a la consecución de un estado de derecho. En el libro dedico un capítulo a la construcción y difusión de esta memoria, reconociendo lo que en este sentido han realizado algunas instituciones que dedican su actividad a esa tarea, como la Fundación Abogados de Atocha, que acogió sin reservas nuestro proyecto que precisamente se planteaba poner en primer plano la importancia de aquellos abogados que iba mucho más allá de la defensa procesal en las magistraturas, el TOP o los consejos de guerra, y lo que nos empujaba a esa investigación era nuestra percepción como historiadores de esa importancia y sobre todo la insistencia que me hacían algunos amigos personales, defendidos ante el TOP por esos abogados. También otras organizaciones sindicales, memorialistas y algún colegio profesional han promovido homenajes y la dedicación de calles y plazas en las ciudades a los abogados de Atocha y a otros o los recuerdan con diversas muestras de memoria como se puede comprobar en algunas comunidades autónomas. Pero en mi opinión, hay que ir más allá de esas iniciativas y deberían partir de los colegios de abogados con la formación de comisiones de memoria, ya hay una en el colegio de Barcelona. También las facultades de derecho donde estudiaron y, sobre todo desde las instituciones del estado. Pienso que son merecedores de algo más que lo ya realizado en el Congreso de los diputados en 1987, cuando se organizaron unas jornadas al cumplirse diez años de la supresión del Tribunal de Orden Público. En el libro avanzo algunas propuestas sobre esa cuestión y acerca de la necesidad de que este sector de la abogacía disponga de sus propios lugares de memoria, como pueden serlo la sede del Tribunal Supremo que lo era del Colegio de Abogados de Madrid donde protagonizaron encierros, protestas y tantas batallas por las libertades; también la que fue la sede del TOP en las Salesas o el edificio de la antigua Dirección General de Seguridad y otros espacios susceptibles de esta declaración.

-Pero hubo otros sucesos y acontecimientos que, aunque no terminasen en tragedia, estuvieron muy cerca de ello, coméntanos…

-Si el atentado de Atocha no fue el único sufrido por los abogados, ya antes de 1977, sus despachos sufrieron ataques y presiones de los grupos ultras que estaban conectados con el sindicalismo vertical y obedecían las directrices del sector político más inmovilista de la dictadura, el llamado “bunker”. Así sucedió con el ataque sufridos por un grupo de abogados reunidos en el despacho de José Manuel Muñoz en noviembre de 1975; las pintadas contra el conocido despacho de Filomeno Aparicio en Córdoba; el atentado y la agresión contra el letrado vizcaíno Pedro Ibarra Güell y su familia en la primavera de 1975 o la presión y las amenazas sobre los letrados en los grandes procesos en el TOP como ocurrió en el 1001 o en el de los 23 de Ferrol. Incluso después del atentado de Atocha se produjeron otros ataques a domicilios particulares y despachos que iban acompañados de las amenazas recordando lo que había sucedido en Atocha como una forma de atemorizar como le sucedió al destacado letrado valenciano Alberto García Esteve al que el quemaron el despacho y le dejaron un recado “Acuérdate de Atocha”. 

-Hoy en día un abogado laboralista se las tiene que ver con cierta regresión…solamente hace falta visitar los campos de temporeros, los trabajos en las casas, la gente que bajo temperaturas insalubres trabaja horas y horas…

-Los problemas a los que se enfrentan hoy los abogados laboralistas son de diferente signo, primero porque existe un marco de relaciones laborales democrático y los trabajadores tienen derechos y organizaciones sindicales libres y, aunque la reforma laboral del gobierno del PP había debilitado considerablemente la capacidad de negociación colectiva y conculcado derechos laborales, la reforma  realizada por el ministerio de Trabajo en la actual etapa y otros leyes aprobadas por ese ministerio han permitido recuperar el derecho de negociación colectiva e incluso extenderlo a sectores muy precarizados. Ejemplos como la ley rider y los cambios en la relación laboral del servicio doméstico, han permitido mejorar sensiblemente la situación de esos sectores en temas salariales condiciones de trabajo y seguridad social o la subida del salario mínimo, que se ha duplicado. De ahí que los trabajadores y las trabajadoras de los sectores más precarizados como los que mencionas que no están sometidos a la negociación colectiva por la temporalidad de su actividad laboral, han encontrado amparo jurídico en el marco actual de relaciones laborales y en consecuencia el trabajo de los laboralistas se ve fortalecido. Todos esos cambios han  generado menor actividad y de diferente signo, pero algunos de los asuntos en el ámbito laboral siguen siendo similares como los despidos improcedentes o no; las cuestiones de igualdad salarial o de discriminación en el puesto de trabajo; la no aplicación de los convenios o  las limitaciones que en ocasiones se imponen a los trabajadores y a sus representante sindicales para ejercer sus derechos, son problemas que aún hoy tienen que atender los abogados laboralistas, tanto los que tienen despachos independientes como los que llevan los equipos jurídicos de las diferentes organizaciones sindicales que atienden no solo a sus afiliados sino también a los no afiliados. En fin, han cambiado las normas y las leyes, pero el sistema capitalista genera problemas a los trabajadores y estos continúan defendiendo sus derechos a través de los letrados que están especializados en derecho del Trabajo.

 

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