La Librería de
Alarifes

 

Pueblos valencianos abandonados, memoria del trabajo

 

Se puede adquirir al precio de 50 euros a través de 
La Librería de Alarifes
 
cazarabet@telefonica.net
 
190 páginas
23 x 28 cm.
 

El Consell Valencià de Cultura tiene publicado el libro Pobles abandonats. Els paisatges de l’oblit, en el que se analiza el fenómeno de la emigración y el abandono que han sufridas numerosas aldeas y pueblos valencianos durante la segunda mitad del siglo XX. El libro ha sido editado en la colección maior, es decir, con gran formato, y tiene más de 200 imágenes.

Los autores de la publicación son el periodista y escritor Agustí Hernàndez Dolz (Alboraia, 1977) que tiene un par de libros publicados; y el geógrafo y escritor José Manuel Almerich (Torrent, 1963), que cuenta con una veintena de publicaciones sobre patrimonio cultural y natural de la Comunidad Valenciana (http://estadium.ya.como/potserweb/rutas.htm). Los dos autores han realizado un trabajo de campo en el que han obtenido más de 40.000 fotografías a lo largo de un par de años, bien haciendo senderismo o practicante bicicleta de montaña.

Las tipologías de abandono recogidas en el libro Pobles abandonats. Els paisatges de l’oblit se han sintetizado en cinco grandes bloques: el abandono provocado por la emigración rural; la construcción de embalses; las catástrofes naturales (derrumbes, pantanadas, riadas, terremotos); la expulsión de los moriscos el año 1609; y también los restos dejados por la construcción de colonias agrícolas e industriales.

Emigración rural

A partir del momento de máxima ocupación del interior, hacia el año 1910, se produjo un fenómeno de emigración hacia a las zonas industrializadas, que se acentuó de forma notable hacia los años 60. De esta forma, comarcas valencianas como el Rincón de Ademuz, l’Alcalatén, los Serranos, els Ports, l’Alt Maestrat o el Alto Mijares, vieron como su población se redujo notablemente. Algunos lugares hasta una quinta parte, y algunos otros municipios tienen ahora una décima parte de los habitantes que hace un siglo. (Castielfabib, Ares del Maestre, Vistabella del Maestrat, Castillo de Villamalefa…). Este proceso ha comportado el abandono o desaparición de muchos núcleos de población y masías incluidas en estos municipios, como Vizcota (Alpuente), Tóvedas (Castielfabib), Bibioj (Villahermosa del Río), Montnegre (Xixona), Benicalaf (Benavites) o Jinquer (Alcúdia de Veo), entre cientos de casos más.

Embalses

Otro motivo que ha provocado el abandono de lugares durante la segunda mitad del siglo XX ha sido la construcción de embalses. El embalse de Benagéber obligó al traslado del primitivo pueblo; el de Loriguilla provocó el derribo y nuevos planta de los pueblos de Loriguilla y Domeño; con la construcción del pantano de Arenós se destruyó Campos de Arenoso y otros lugares; mientras que el embalse de Tous provocó el cambio de ubicación del pueblo de Tous, con el sumergimiento del antiguo. En el caso de Guadaséquies, se derribó una parte del pueblo para la construcción de un pantano, mientras que gente emigrada de municipios de Cuenca, vino a territorio valenciano después de la construcción de algunos embalses, al provocarse la desaparación de algunos lugares habitados.

Catástrofes naturales

Capítulo aparte merecen las catástrofes naturales. Han sido un hecho que ha provocado, históricamente y fechas no demasiado recientes, la emigración. Como muestras de riadas, la del Turia el 1957 comportó la aparición de nuevos lugares habitados como los barrios de Fuensanta, Merced y Paloma, y de otras barriadas en poblaciones como Alboraia, Algemesí, Manises o Montcada.

Históricamente, los episodios de riadas, en la Ribera, han provocado la desaparición de numerosos pueblos: Alasquer, el Toro, Pardines, Cotes, Alcocer o Paixarella. Hoy las paredes de Cotes y Pardines, dan testimonio de  la existencia de algunos de estos lugares. De otros únicamente ha quedado recuerdo en la toponimia. Marines Viejo sufrió en 1957 un alud de piedras fruto de las intensas lluvias, que obligó al traslado de la población a un nuevo emplazamiento: Marines Nuevo. No obstante, mucha gente permaneció en el pueblo viejo. En La Estrella (Mosqueruela), el 1883 murieron 26 personas por el alud que provocó un diluvio.

Otra catástrofe natural son las pantanadas. El año 1982 se rompió el embalse de Tous y después de anegar toda la comarca de la Ribera, se planteó el traslado de dos núcleos afectados: Beneixida y Gavarda. En el primer caso, se derribó todo el pueblo excepto la iglesia, el cementerio y la fuente de entrada, que aún hoy se pueden ver. En el caso de Gavarda, se derribó parte de las viviendas del viejo pueblo y en una montaña próxima se construyó un nuevo núcleo. Ahora, en el pueblo viejo, hay solares entre casas habitadas, de gente que en su momento no quiso marchar.

Los terremotos históricamente han afectado a las comarcas del sur valenciano y han obligado a reconstruir pueblos enteros. El 1829, Guardamar del Segura fue destruido por un terremoto; otro también afectó parcialmente Enguera el 1748 u otro afectó al castillo de Montesa.

La subida del nivel freático o la mala evacuación de aguas (viejo lugar de Salinas, el Alto Vinalopó) o El Molar (Elx) también ha provocado el cambio de ubicación del primitivo núcleo y el abandono o desaparición del viejo.

Colonias agrarias e industriales

La construcción de colonias agrarias se desarrolló para colonizar amplias zonas del espacio rural, con dos leyes, una de 1868 y otra del 1907. Fruto de ellas se dio incentivos para introducir nuevos cultivos, transformar secanos en regadíos, roturar bosques y sembrar el espacio resultante… Con esta ley se crearon las colonias de Santa Eulalia (entre Sax y Villena), Els Plans d’Alcoi, la Colonia del Montgó (Dénia) y Sierra de Salinas (Villena). En algunos de estos lugares, como en la impresionante Colonia de Santa Eulalia se aplicaron principios basados en una mentalidad benefactora, siguiendo el ejemplo de diversas propuestas del socialismo utópico que se venía desarrollando en otros países europeos. Las antiguas instalaciones de estas fábricas y las viviendas anexas, aún se encuentran en pie. Las colonias industriales han dado lugar en territorio valenciano, como máxima expresión, la Fábrica Giner, en Morella, hoy reconvertida en albergue rural.

Conventos, ermitas

A veces el abandono también hace referencia a lugares que funcionaban como núcleos de población, aunque como tal no lo fueran. La desamortización de Mendizábal provocó el vacío de muchos conventos, algunos de los cuales aún hoy se encuentran en ruinas o están siente restaurados (la Murta en Alzira, la Cartuja de Ara Christi en Altura, el Corpus Christi de Llutxent o el Desert de les Palmes en Benicàssim, entre otros). La iglesia de Benicalaf (Benavites), rodeada de naranjos, es ya el último testigo de la existencia de este lugar que fue agregado en Benavites, se despobló y fue derribado.

La expulsión de los moriscos

Un hecho que también ha influido de forma notable en la historia demográfica valenciana, es la expulsión de los moriscos, ocurrida el año 1609. Entre una tercera y una cuarta parte de la población valenciana de aquel momento (unas 120.000 personas sobre 400.000 aproximadamente) fueron expulsadas y determinadas zonas quedaron prácticamente vacías, y otras perdieron una gran parte de su población y del doblamiento existente. La pérdida de población fue muy importante en lugares como los valles de Seta, Guadalest, Gallinera o Alcalá (Alacant), el Macizo del Caroig (Valencia), la Serra de Espadà en Castelló, o a ciudades como Xàtiva, Gandia, Ontinyent u Orihuela.

La situación hoy

El máximo nivel de abandono en la montaña y el interior valenciano se produjo a finales de los años 70 y principios de los 80. Desde entonces, se está produciendo una rehabitación de muchos lugares, bien como zonas de segunda residencia o por otras motivaciones. No obstante, la mayoría de municipios continúan perdiendo población. Son las dos caras de la moneda: hay muchas viviendas reformadas, más que nunca, pero no vive nadie de forma regular. También se dan situaciones curiosas como que mucha gente se empadrona en lugares donde no vive para conseguir incentivos fiscales. De esta forma, el municipio también puede demostrar que tiene una cierta población estable para reclamar a la Administración determinados servicios (escuelas, atención médica…).

Se calcula que hay más de 500 núcleos, masías o aldeas abandonadas o deshabitadas en el interior y la montaña valenciana. Comarcas como el Rincón de Ademuz o els Ports continúan perdiendo población y su densidad apenas pasa de los 5 habitantes por kilómetro cuadrado. En más municipios de los que fuera deseable, la población es inferior a 1 habitante por km. cuadrado.

Un signo de que la población se ha perdido en muchas zonas, es la recuperación de la masa forestal de las montañas valencianas que se ha producido desde hace un siglo. Cuando aquí había vida, las roturaciones, las carboneras, la necesidad de tener huertas y pastos… hicieron desaparecer grandes zonas de arbolado. Los testigos fotográficos de principios o mitad del siglo XX (Carlos Sarthou Carreres por ejemplo, Archivo Diputación de Valencia) nos permiten comprobar algunas sierras hoy cubiertas de árboles, en aquel momento abancaladas hasta el último rincón.

El resultado es que ahora, en más del 50% del territorio valenciano vive menos del 5% de la población total. El envejecimiento y el agotamiento biológico, la inviabilidad económica por la falta de rendimiento de la agricultura o la ganadería, el aislamiento y la falta de perspectivas continúan provocando, igual que hace un siglo, la emigración. Por todo eso, en comarcas como l’Alcalatén, els Ports o el Rincón de Ademuz, todavía es demasiado frecuente ver decenas de masías vacías, algunas de ellas con bastantes viviendas. Son y todavía lo serán algunos años más, lugares donde el olvido cae a la misma velocidad que avanza la vegetación y se desmoronan cubiertas y tejados.