Memoria de la minería desde Cantabria

Las gentes de la comarca de Liébana siempre han vivido
estrechamente vinculados a los Picos de Europa, hoy recurso paisajístico
y turístico, antaño fuente de riqueza y recurso económico. Con el paso
de las décadas, es complicado volver la vista atrás e imaginarse cómo
hubiera evolucionado la zona de no haberse aprovechado la riqueza
mineral del macizo Oriental en la segunda mitad del siglo XIX y en las
primeras décadas del XX. El trabajo de los historiadores consiste en
documentar adecuadamente el pasado con el apoyo de las fuentes y en
analizar, con rigor, las consecuencias de los acontecimientos. En esta
labor se ha encontrado inmerso en los últimos siete años un joven
historiador, José Antonio Gutiérrez Sebares (Santander, 1973), que ve
ahora publicado por la Consejería de Medio Ambiente en colaboración con
la Institución Mazarrasa -ha sido fundamental el empuje de Olav
Mazarrasa- un documentado libro sobre la historia de la minería en Picos
de Europa en general, y sobre sociedad minera La Esperanza o Minas
Mazarrasa entre 1856 y 1940 en particular.
- ¿Cómo surge este proyecto?
- En 1990, durante la realización de un libro sobre los maestros
canteros de Trasmiera en el siglo XVIII, Olav Mazarrasa, junto al
profesor de la Universidad Miguel Ángel Aramburu encontraron en una casa
familiar de los Mazarrasa en Villaverde de Pontones un arcón atestado de
documentación que fue depositada en la propia UC para ordenarla,
catalogarla y estudiarla. Allí había mucha información sobre las minas
de Ándara, que pertenecieron a un antepasado de los Mazarrasa.
- ¿Y cómo se vincula usted a la investigación?
- En el año 2000, la Institución Mazarrasa concedió una beca para
estudiar las minas a partir de aquella documentación y, bajo la
dirección del profesor Andrés Hoyo, completé esta investigación que se
ha prolongado en el tiempo ya que se ha pretendido ser muy exhaustivo.
- ¿Cómo ha enfocado el trabajo?
- El libro es básicamente una historia económica y de la empresa
Sociedad Minera La Esperanza, que fue fundada en 1864 y que quebró en
1877 bajo la propiedad de la familia Pérez del Molino González.
Posteriormente, la empresa tuvo su continuidad bajo la propiedad de Juan
Manuel de Mazarrasa Jorganes.
- ¿Dónde está el origen de la minería en Picos de Europa?
- Al menos desde el siglo XVI existe una continuidad histórica de la
explotación del plomo en la zona de Picos de Europa. Desde la época de
Carlos V hay registros de minas y de sus propietarios, entre los que se
encuentra documentado el arquitecto Juan de Herrera. Era, no obstante,
una minería muy superficial, pero, en realidad es más que probable que
los orígenes de la minería en la comarca haya que situarlos al final de
la Prehistoria o en la Protohistoria, por los testimonios existentes que
permiten afirmar que ya conocían la metalurgia.
- Pero, ¿cuándo se relanzan las explotaciones?
- Pero lo que resulta fundamental para esta zona es la riqueza del zinc.
A mediados del siglo XIX fue un momento de inflexión. Se buscaba plomo
pero descubrieron criaderos excepcionales de zinc. Las primeras
inversiones fueron una sociedad francesa y a partir de ahí, como si de
una mancha de aceite se tratase, asistimos a una fiebre minera del zinc
tanto en Picos como en otras zonas como Reocín.
Al hilo de este boom se crean nuevas sociedades y entre ellas destaca
como la más importante la Sociedad de Minas La Providencia (1856), con
capital cántabro, asturiano y madrileño. Registra una gran cantidad de
zonas mineras en diferentes municipios lebaniegos y pone en marcha un
plan financiero para dotarse de las infraestructuras necesarias para
sacar el mineral hasta Tina Mayor. Hay que tener en cuenta que no
existía carretera alguna ni el desfiladero de La Hermida.
- ¿Y en estas condiciones resultaban rentables las explotaciones?
- A pesar de todo, era rentable. Las inversiones mineras además fueron
un estímulo fundamental para crear nuevas infraestructuras viarias. Así,
por ejemplo, los dueños de La Providencia estaban muy vinculados al
Partido Moderado durante el reinado de Isabel II y consiguieron que
fuese adjudicada la contrata de la obra del desfiladero al conde de
Mendoza Cortina, uno de los accionistas.
- ¿Cómo influyó esto en la carretera de La Hermida?
- La carretera se construyó al ritmo de las necesidades de la empresa
minera. Primero se concluyó el tramo de La Hermida al puente de
Estragüeña, ya que en esa zona el río Deva no es navegable. A partir de
ahí, el mineral se llevaba a la costa en lanchones de fondo plano que
tenían como punto de destino Tina Mayor.
- ¿Qué papel tuvo en estos primeros momentos La Esperanza?
- Tras su quiebra en 1877, hubo un concurso de acreedores y sus
explotaciones se paralizaron. Fue Juan Manuel de Mazarrasa Jorganes, un
abogado de Trasmiera que defendía los intereses del principal acreedor,
procedente de una familia de canteros, militares y juristas quien
adquirió la sociedad en subasta en 1888. La Esperanza, junto a La
Providencia fueron las más importantes frente a otras iniciativas
menores, más modestas e incluso alguna de ingleses.
- ¿Cuando se retoman los trabajos?
- Ese mismo año de 1888 se retomaron los trabajos. La Esperanza abrió el
camino de Urdón a Tresviso y luego a Ándara. Llegó la época dorada de la
minería en Picos. Mazarrasa hizo tabla rasa con el pasado, liquidó
deudas y llevó a la empresa a la senda del beneficio.
- ¿Qué factores determinaron el éxito empresarial del proyecto de
Mazarrasa?
- Mazarrasa cubrió una serie de necesidades básicas: financieras, ya que
él mismo tenía capacidad; de recursos humanos formados, sus hijos
estudian minas y encarga la dirección a Benigno Arce, toda una garantía;
y estratégicas, cesan las malas relaciones con La Providencia, hasta el
punto que comparten el camino minero y los hornos de calcinación.
- ¿Hasta cuándo se mantuvieron abiertas las minas?
- La explotación se prolonga hasta 1927, siendo hasta entonces una
empresa rentable a pesar de las condiciones de la minería de alta
montaña. Una de las claves del éxito fue el hecho de que los trabajos
solo durasen seis meses al año. A diferencia de lo que ocurrió en
Asturias, aquí la minería no estuvo asociada a la industria y no
desmanteló la sociedad rural.
- ¿Qué tipo de trabajadores se ocuparon en las minas?
- El obrero de las minas de Picos no se proletarizó ya que su trabajo
era en cierto modo a tiempo parcial, fue una fuente de ingresos
complementaria, pero siguió vinculado a la tierra sin dejar de ser un
campesino. Esto permitió que los salarios fuesen más bajos que en otras
zonas y que los trabajadores fueran más dóciles a la autoridad patronal.
- ¿Cómo era la vida cotidiana en las explotaciones para los obreros?
- Era realmente muy dura, no nos podemos hacer una idea con los
parámetros actuales. Se trataba de una explotación intensiva, tanto a
cielo abierto como en galería, con dos turnos de 12 horas y el famoso
sistema de las camas calientes, ya que los trabajadores vivían durante
los seis meses de la campaña a pie de tajo. Hasta 1883 no había ni un
sitio para sentarse a comer. Los accidentes mortales a causa de las
voladuras o por la peligrosidad de los soplaos eran habituales.
- ¿Cuánta gente llegó a trabajar allí?
- Aproximadamente llegaron a trabajar en la zona simultáneamente en los
mejores momentos un millar de personas. La administración, donde se
alojaban el director, los ingenieros y su personal de servicios, y los
almacenes se establecieron en un casetón minero de piedra. Los mineros
se ubicaban en otros casetones de forma alargada, para que las vigas
aguantasen la nieve del invierno. También hubo una cantina e incluso una
capilla.
- ¿Cómo era proceso productivo?
- La extracción de mineral se conducía por una galería de transporte que
aún hoy se puede ver en la zona del refugio de la Federación de
Montañismo, en Ándara. En una especie de plaza se acumulaba el material,
que luego se cargaba en carros de bueyes y se llevaba hasta El Dobrillo,
donde estaban los hornos de calcinación para desprender el carbono que
contenía la calamina. De nuevo en carros se llevaba desde allí hasta
Bustio, donde se embarcaba.
- ¿Hacia que mercados se dirigía el mineral extraído?
- Hasta 1888 los barcos de vela que, después de una complicada operación,
cargaban el mineral en Tina Mayor partían hacia Amberes donde estaba la
Sociedad de Minas y Fundiciones de la Vieja Montaña (belga) o hacia
Swansea, en Gales. Desde 1888 fue la Real Compañía Asturiana de Minas el
principal cliente. La navegación cambió por la de cabotaje, llevándose
las calaminas a Asturias, a Arnao, cerca de Gijón, y las blendas a
Dunquerke. En 1905 cesó el tráfico marítimo ya que le surgió la
competencia del ferrocarril Santander-Oviedo.
- ¿Realmente fue un negocio rentable?
- La I Guerra Mundial fue el canto del cisne de la rentabilidad. Se
disparó la cotización del zinc en Londres ya que se empleaba en
componentes para la industrial de armamento. Entre 1915 y 1917 los
ingresos estuvieron a un nivel como nunca, pero en este momento,
paradójicamente, también estuvo la causa de su decadencia. El 'hambre'
de zinc y las dificultades del transporte marítimo dispararon la
explotación de yacimientos en otros continentes de América, África y
Asia.
- ¿Qué razón provocó el cierre?
- Al término de la Guerra las cotizaciones del zinc se hundieron y ello
arrastró a las sociedades establecidas en Picos de Europa. Además, sus
estructuras se habían quedado obsoletas, y el problema del transporte no
se había resuelto y la mano de obra también generaba problemáticas
sociales. En definitiva, lo que hoy se llama 'globalización' llevó al
cierre de La Esperanza en 1927 y a la disolución de la empresa en 1940.
La Providencia corrió una suerte semejante. Hubo intentos posteriores de
revitalizar las minas, pero no triunfaron.