La Librería
El Sueño Igualitario
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La Librería de El Sueño Igualitario
Tlfs. 978 849970 - 686 110069
504 páginas
15,5 x 23 cm
Este libro representa una aportación decisiva al
conocimiento de un período crucial, y mal conocido, de la historia de la
Segunda república española: el de los primeros años en el exilio, de 1939 a
1946, vistos a través de las memorias de Pablo de Azcárate, embajador de la
República en Londres. Unas memorias que aclaran muchos puntos oscuros acerca
del drama de los refugiados y de los esfuerzos por ayudarlos, de las
negociaciones internacionales del gobierno Negrín y, sobre todo, de la división
de los políticos del exilio, y en especial del enfrentamiento entre Negrín y
Prieto, que debilitaron la causa de la República en unos momentos en que la
unidad hubiera sido necesaria para negociar con las potencias vencedoras de la
segunda guerra mundial las condiciones para el retorno de un gobierno
democrático a España. Un amplio estudio preliminar de Ángel Viñas sitúa estos
acontecimientos en la perspectiva de la actual investigación histórica.
Ángel Viñas es catedrático de
Economía desde 1975 y técnico comercial y economista del Estado desde 1968. Sus
últimas obras son En las garras del águila. Los pactos con Estados Unidos, de
Francisco Franco a Felipe González (1945-1995) (Crítica, 2003) y La soledad de
la República. El abandono de las democracias y el viraje hacia la Unión
Soviética (Crítica, 2006). El escudo de la República. El oro de España, la apuesta soviética
y los hechos de mayo de 1937 (Crítica 2007), El honor de
la República. Entre el acoso fascista, la hostilidad británica y la política de
Stalin (Crítica 2008) y, con Fernando Hernández, El desplome
de la República (2009). Como fruto de su actividad diplomática,
cabe destacar también Al servicio de Europa. Innovación y crisis en la Comisión Europea
(2005).
El noble
republicano
Juan Cruz (EL PAÍS)
Hay una foto en la
que el diplomático republicano Pablo de Azcárate está ante el teclado,
escribiendo unas memorias con las que iba a quitarle a Juan Negrín, su amigo,
de quien era confidente, pero también crítico, la oscura aureola del malo de la
película. Del malo de la República.
Esos textos que
Azcárate dejó escritos permanecieron inéditos, a pesar del esfuerzo de su hijo
Manuel, exiliado como él. Manuel Azcárate, que trabajó con nosotros en la
sección de Opinión de EL PAÍS y fue escritor y analista político, intentó que
esas memorias se publicaran.
Y eran esenciales
para entender la peripecia de Negrín, en la Guerra Civil y en el exilio. Ángel
Viñas, que recibió de Carmen, hija de Manuel, el legado de estas memorias
dispersas, dice que sí, que gracias a don Pablo ahora hay la documentación que
faltaba para limpiar para siempre aquella sombría aureola que presentaba al
socialista canario (de Gran Canaria) como el hombre que vendió la República a
la Rusia Comunista.
Dice Viñas:
"No todo estaba dicho sobre la gestión política de Negrín en el
exilio". Y gracias a esta memoria ahora se puede decir que quedarán otras
cosas, seguramente, "pero sombra ya no hay". Viñas ha editado las
memorias de Azcárate y las ofrece ahora en la editorial Crítica.
La consecuencia de
su pesquisa (tres años de trabajo, entre legajos en los que Azcárate incluyó
manuscritos inéditos, cartas, reflexiones, del propio Negrín) le ha permitido a
Viñas, historiador de la República, la guerra y sus consecuencias, diplomático
ya jubilado de estos quehaceres, rastrear la peripecia que muestra a aquel
político republicano sobre el que descansó la responsabilidad de la guerra.
Acaso el resumen
de las sombras que se han ido despejando las dejó escritas The New York
Times en la necrológica que publicó el 15 de noviembre de 1956, tras la
muerte de Negrín, 10 años después de que fuera defenestrado del cargo (aún
vigente) de jefe del Gobierno republicano y expulsado con deshonra del Partido
Socialista Obrero Español, al que perteneció. Decía el periódico en esta pieza
que Viñas recoge: "Pasará bastante tiempo hasta que la figura de Juan
Negrín quede situada en la historia en su auténtico esplendor. Suscitó grandes
pasiones durante su vida y se creó enemigos enconados, como también amigos devotos.
El régimen franquista etiquetó falsamente al Dr. Negrín como 'rojo'. Nunca, ni
remotamente, lo fue... Para muchos, dentro y fuera de España, el Dr. Negrín
representaba lo más noble de la República española y de los españoles que tan
heroicamente lucharon contra el franquismo".
Esa es la sombra
que describe The New York Times, que desvela las falacias que cayeron
hasta muy tarde, en su propio país, al doctor Negrín, fisiólogo cultísimo que
se había formado en Alemania, que se había afiliado al socialismo y que vivió
las consecuencias de una guerra en medio del descrédito al que también lo
condenaron los suyos.
Los documentos de
Pablo de Azcárate son una resma a veces informe de papeles que Viñas ha
reconstruido con la paciencia de un monje; a esa paciencia la ayuda su
experiencia como historiador, pero también el ámbito en el que vive, una casa
de Bruselas que parece hecha para ser habitada por los libros y por los
documentos, que se esparcen por todas las habitaciones como hongos en un
bosque. Allí le vimos, y en su cocina (también habitada por libros) tomamos
nota de sus descubrimientos, que están en este libro que se publica estos días.
Empezó Viñas
contándonos la importancia que tiene, para entender la figura de Negrín, la
biografía que ha hecho Enrique Moradiellos. Se ha escrito mucho, "y se ha
escrito mal, con la relevante excepción de Moradiellos", sobre el exilio
de Negrín. Azcárate, jurista de profesión, catedrático, hombre de gran
experiencia internacional como funcionario de la Sociedad de Naciones y como
embajador republicano en Londres, se acerca a la figura de Negrín de forma
"analítica"; lo sigue muy de cerca, Negrín lo utiliza "como su
consejero, como su ministro de Asuntos Exteriores, aunque su verdadero ministro
de Exteriores fuera Álvarez del Vayo, que vivía en Nueva York...".
Azcárate, recuerda
el historiador, "era un hombre frío que cuando se sienta a escribir
utiliza su mentalidad analítica", que va al grano, y se ocupa del exilio,
del Gobierno y de sus ineficacias; no es una loa a Negrín; es la vida "con
Negrín". Dejó las memorias incompletas (don Pablo murió en 1971), y en esa
materia informe se ha metido Viñas como si visitara los secretos de viejos
amigos... Lo que más le sorprendió es la capacidad de Azcárate para transmitir
la convicción de Negrín sobre "la legitimidad republicana". Azcárate
estima, como Negrín, que el Gobierno legítimo es el que está en el exilio, el
que preside el político socialista. Azcárate "no era ni socialista ni
comunista, no estaba adscrito a ningún partido político. Era esencialmente
republicano". Y aunque fuera una ficción, esa República sin territorio, él
sigue defendiendo esa legitimidad. "El gran cáncer que termina haciendo
metástasis", evoca el historiador, "se centra en las querellas sobre
quién es el sujeto de esa legitimidad. Las Cortes, dicen unos, el Gobierno,
afirman otros. Este dilema esencial no estaba hasta ahora tan claramente
expuesto en la literatura como lo hace Azcárate en sus memorias".
Un punto
culminante, y terrible de esa querella que hace metástasis se produce cuando a
Negrín "lo echan a patadas en la reunión de Cortes, en México, en
1945". Son páginas patéticas que Azcárate vive desde Londres. Dice Viñas:
"Sobre esto también hay mucha literatura, pero Negrín nunca dijo una
palabra, no está todo explicado. Como Azcárate no estuvo en México, tampoco
pudo. Pero con los papeles que le envía Negrín y lo que él piensa hace una
cierta presentación de lo que ocurre y cuáles son las consecuencias de ese
tremendo cambio en la política republicana en el exilio".
En 1943, Negrín
había vislumbrado que el fin de la Guerra Mundial iba a abrirle las puertas del
regreso, tras el consiguiente fracaso de Franco, y redactó un documento en el
que exponía sus exigencias para la vuelta. "Reconocimiento de la existencia
del Gobierno. Sin tal reconocimiento, y desvestido, por consiguiente, del
mandato que se me confirió, no estoy dispuesto a intervenir en la vida pública
más que como simple ciudadano a través del partido al que estoy afiliado y
sometido a su disciplina, de la que tan sólo estoy relevado mientras presida un
Gobierno de coalición".
Viñas reproduce
entera la nota. Y añade, a pie de página, una consideración que explica la
dimensión de esta declaración melancólica del jefe de la República sin territorio:
"Negrín reconocía su sometimiento como militante socialista a la
disciplina del partido, pero no en su calidad de presidente de un Gobierno en
el que tenía que templar gaitas con muchas otras tendencias en él
representadas".
Tres años después,
su legitimidad moral (como militante) y su legitimidad histórica (como jefe de
Gobierno) se van a la basura, cuando lo echan de todas partes.
Mientras tanto, él
le había ido dando forma a un sueño, que Azcárate deletrea minuciosamente, con
documentos que él va guardando en medio de las hojas de sus propias memorias.
"Y lo que dice", acota Viñas, "me suena muy verosímil. Toda la
gestión política de Negrín en Londres tiene una orientación: cuando termina la
Guerra Mundial vamos a ver si se arreglan cuentas con Franco o no, y hay una
alternativa a Franco, que es el Gobierno legítimo en el exilio". Para
mantener esa ficción "o alternativa posible", Negrín "hace lo
humano y lo divino. Y Azcárate también, como fiel escudero".
Lo cierto es que
las Cortes lo desposeen de toda dignidad, y con ese vestido machadiano se
vuelve a Londres. "Nadie sabrá qué hubiera pasado -si es que hubiese
pasado algo- en el caso de que Negrín hubiera sido confirmado por las Cortes de
México". Añade Viñas: "Lo que sí sabemos es lo que pasó, que el nuevo
Gobierno de Giral no tiene interlocutor, no lo conoce ni su padre. Y Negrín,
que sufre la mayor derrota de su vida, tira la toalla porque es consciente de
que ya no hay nada que hacer. Todo lo demás son futuribles".
Ni Viñas ni nadie,
y tampoco Azcárate, tienen "la menor idea de si, de haber sido
reconfirmado Negrín como presidente del Gobierno", hubiera tenido mejor
interlocución con los aliados... "Azcárate divisa posibilidades de acción
alternativas que no se tomaron"; y lo cierto es que el descrédito de la
expulsión que sufrió Negrín (del Gobierno, del PSOE) alejó al ex mandatario de
las relaciones que había mantenido con el Reino Unido...
Hay un lunar tan
grande como la luna en la biografía de Negrín, que fue aventado desde todas las
direcciones (los franquistas, los monárquicos, los socialistas, los
trotskistas...): que el socialista canario "estuvo vendido", también
en la Guerra Civil, "a los comunistas". "Me he llevado una gran
alegría", dice el historiador, "al comprobar que, por vías completamente
diferentes, a través de la minuciosa reconstrucción de la acción política de
Negrín durante la Guerra Civil- yo había llegado a las mismas conclusiones que
Azcárate: Negrín nunca fue un juguete de los comunistas. Los embridó bastante
bien durante la Guerra Civil y continuó pensando que de alguna manera tenían
que estar presentes en la política española en una alternativa a Franco. ¡Como
finalmente ocurrió!".
En realidad,
además, "Negrín no era procomunista. Lo que entendía era una cosa muy
clara: que no podías separar radicalmente a los comunistas, había que meterlos
en el tinglado. Aparte del testimonio de Azcárate, me he fijado en el de un
antiguo ministro laborista, Noel-Baker, muy amigo de Negrín".
A Viñas le
sorprendió, en estas memorias a las que él le ha puesto cemento editorial, que
Azcárate vislumbra, a partir de lo que le dijo Negrín, un futuro de España
parecido a este que pisamos. "En los papeles que guardó se puede ver que
Negrín tenía una visión del futuro como resultado de la conjunción de fuerzas
de la oposición que no va a ser muy diferente de la que va a tener lugar en la
transición".
Le sorprendió,
claro. "Es que hasta leer esto [las memorias de Azcárate] no sabía que
Negrín pensara en esas dimensiones. Nadie conoce muy bien lo que pensaba Negrín
en los años del exilio. De ahí viene, de lo que escribe y le da a Azcárate, de
lo que escribe el propio Azcárate y de los documentos que éste conservó".
Y especula Viñas: "Negrín no era monárquico, claramente. Si hubiera habido
una alternativa viable políticamente a Franco, desde el exterior, me pregunto
si él no hubiera hecho causa común con los monárquicos...".
Azcárate dice:
"Las querellas de la guerra siguen en el exilio". Fuera y dentro se
culpó a Negrín (y a los comunistas) de la derrota. "Mienten", dice
Viñas. Tergiversan también la ahora aclarada disputa sobre el oro utilizado en
la Guerra Civil, "basada en especulaciones que son completamente
absurdas": Negrín fue autorizado por el Consejo de Ministros en pleno, presidido
por el socialista Largo Caballero, a enviar el oro fuera de España...
Dice Azcárate
sobre Negrín: "Estaba entre los pocos auténticos hombres de Estado que han
aparecido en la escena española en los tiempos modernos". ¿Lo corrobora,
Viñas? "Absolutamente... Viene de una formación científica alemana. No es
Azaña, es un hombre diferente. Capta que la guerra es la guerra, y requiere
disciplina. En segundo lugar, tiene claro que es una guerra internacional.
España combate contra Franco, contra la Legión Cóndor, contra los italianos,
contra el desprecio del que le hacen objeto las democracias. Y en tercer
término, sabe que, aunque, como se decía en la época, 'nunca se es
suficientemente anticomunista', la URSS es la que puede ayudar. Esos son los
pilares de su estrategia. Y nadie diseña una estrategia alternativa, pero
muchos políticos republicanos no están dispuestos a extraer las consecuencias
operativas que se desprenden de eso".
¿Podemos decir,
Ángel Viñas, que aquel malo de la película es ahora el bueno de la película, a partir
de lo que dice Azcárate, entre otros? "Ja ja. No es lo mismo. El malo de
la película era el hombre en el que se cebaban todos los odios. No puedo decir
que Negrín sea el bueno de la película, porque también hay otros que eran
buenos. Pero ya se le ha ido quitando toda la caspa, todos los infundios y
camelos que le han desfigurado. Fue el gran estratega de la República, el gran
político de la República en guerra".
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