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231 páginas + DVD
20 x 20 cm
 
 
 
 

El panorama del patrimonio industrial en Castilla y León

Dinamizador de Riqueza y Empleo

El patrimonio industrial es una baza importante de desarrollo y de futuro.

Es necesario trabajar para impulsar actividades económicas que giren en torno a nuestro legado industrial, recuperándolo para nuevos usos y vinculándolo a una oferta turística y a unos servicios de calidad.

Existen magníficas oportunidades de potenciar un turismo de calidad asociado a la inmersión en nuestro pasado industrial, el que denominamos Turismo Científico y Tecnológico.

Pueblos mineros (Fabero) o textiles (Béjar o Val de San Lorenzo), comarcas resineras y madereras (la tierra de pinares segoviana o soriana), antiguos oficios y tecnologías preindustriales (caleras, pegueras, esquileos, lavaderos...), canales fluviales y ríos adornados de fábricas harineras, molinos y batanes, ferrerías y martinetes son atractivos vestigios de nuestro pasado industrial, que posibilitan una nueva mirada.

De Gran Valor

En Castilla y León hay dos obras gigantescas de la ingeniería romana que cuentan con la declaración de Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO: Las Médulas, minas de oro romanas en la provincia de León (1997) y el Acueducto de Segovia (1985).

Cada una constituye una obra maestra del genio creativo de la humanidad, ejemplos de tecnología y paisaje que ilustran un estadio del desarrollo de la humanidad.

The International Committee for the Conservation of the Industrial Heritage considera que el patrimonio histórico industrial posee un enorme valor como parte de la historia científica y tecnológica y como elemento de conocimiento de la vida ciudadana en su relación con los medios de producción.

Los elementos que lo constituyen van desde edificios a maquinaria, talleres, molinos y fábricas, minas y sitios para procesar y refinar, almacenes y depósitos, lugares donde se genera, se transmite y se usa energía, medios de transporte y toda su infraestructura, sin olvidar lugares y paisajes que aparecieron o se conformaron por la actividad industrial.

De la Mesta a la Revolución Industrial

El desarrollo de la ganadería lanar transhumante propició a partir del siglo XIII la aparición de una incipiente industria textil, que adquiere su máximo esplendor con la industria pañera de Béjar en el siglo XIX.

Las Casas de Esquileo o Ranchos

Los esquileos se emplazaron principalmente en los márgenes de la Cañada Soriana Occidental, en el tramo conocido como Cañada de la Vera de la Sierra. Eran auténticas factorías que además de la casa noble, destinada a vivienda del propietario, incluían las dependencias dedicadas a las labores propiamente industriales: rapar al animal, clasificar, pesar, embalar y almacenar la lana..., con un sistema de división total del trabajo en la que cada operario tenía una labor específica.

El lavado de la lana

También este proceso industrial, de gran importancia económica, dispuso de instalaciones industriales específicas de las que todavía quedan ejemplos incorporados al paisaje.

El lavado de la lana presentaba tres fases: el apaleado y mondadura, el desensuardado y el lavado y secado. Cada fase necesitaba una instalación y la secuencia entre las diferentes fases ordenaban el conjunto.

Los lavaderos estaban cubiertos, cerrados en el lado Norte por un muro, permaneciendo abierto el resto. La obra hidráulica estaba realizada de fábrica. Las compuertas y aliviadero controlaban el agua del conjunto de embalses o charcones comunicados entre sí con el fin de suministrar agua al lavadero, como se puede apreciar en los Lavaderos de Alfaro.

La Industria Textil

La Fábrica de Segovia

Segovia durante los siglos XVI al XVIII fue el centro textil más importante de la Península especializado en paños de calidad, con un sistema de organización empresarial conocido como "verlagssystem". El "empresario" o "señor del paño" o "mercader hacedor de paños" encargaba las diferentes fases de la producción del paño a distintos maestros de cada gremio que laboraban el producto en sus talleres. Al final el producto ya terminado, volvía a manos del "señor de paños". Por este motivo, no hay en la ciudad grandes edificios industriales de la época, ya que la labor se hacía en pequeños talleres distribuidos por los arrabales, pero sí podemos observar en las viviendas dedicadas a estas labores los "tiradores", espacios bajo cubierta para secar las lanas, que se han mantenido como una seña de la arquitectura local.

Industria Textil Rural

La disponibilidad de la materia prima cercana propiciaba la existencia de centros rurales de producción de paños de lana en todas las provincias de Castilla y León, en los que se elaboraban productos toscos para una clientela cercana y sin grandes exigencias. En el siglo XVIII se contabilizan en Burgos 961 telares, en Palencia 789 y en Segovia 655, siendo la clave de esta amplia difusión los bajos costos que repercutían en unos precios también bajos. El campesino-industrial elaboraba sus productos en los "tiempos muertos" y no lo contabilizaba en el precio final del producto como lo haría un industrial a tiempo completo.

Val de San Lorenzo

Fue un centro textil de primer orden en la elaboración de paños burdos como lo atestigua el que contara con dos batanes y un tinte. Pero Madoz nos informa de la crisis del sector en esta clase de producto en la que José Cordero, en su empeño por mantener esta industria, decide viajar a Palencia donde se elaboran productos de más calidad. En un claro proceso de espionaje industrial, importa los secretos que le permitirán modernizar su industria incorporando los preciados "cardos de cardadores" -cardencha o cardón- imprescindibles para sus fines, inician el comienzo de una nueva era.

En 1920 un grupo formado por setenta y tres vecinos formó una comunidad de bienes e instalaron la primera fábrica con maquinaria moderna "La Comunal". Adquieren el batán formado por dos ingenios hidráulicos que más tarde se sustituirán por unos eléctricos.

Ha pasado casi un siglo y medio y las famosas mantas de Val de San Lorenzo se siguen tejiendo. Además el municipio cuenta con la singularidad que parte de su patrimonio industrial textil es hoy museo.

La Industria Textil de Béjar

La tradición sitúa los inicios de la actividad textil bejarana en el siglo XIII, poco después de que las tierras de Béjar fueran repobladas por el rey Alfonso VII de Castilla.

La artesanía textil debió consolidarse con el tiempo en donde se tejían los llamados paños bastos, dieciochenos y principalmente catorcenos (catorceno es el paño basto que tiene en su urdimbre catorce centenares de hilos, es decir 1.400 hilos y el dieciocheno 1.800 hilos).

Los Duques de Béjar y la Industria Textil

La Industria Textil de Béjar está estrechamente ligada a esta familia que, a finales del siglo XVI, se instalan en la ciudad e incorporan a la industria los nuevos productos traídos de América, como el índigo, ostentando, desde ese momento, el monopolio sobre el tinte de las lanas en su señorío hasta que en 1789 el gremio de Fabricantes arrendó el tinte ducal.

Este mismo año la Compañía Gremial de Fabricantes firmó una contrata para surtir de paños a las Reales Guardias Españolas y Walonas, consiguiendo la penetración en el mercado militar, hecho que será decisivo en la trayectoria de la industria textil de Béjar.

El cambio tecnológico de la Revolución Industrial

Las primeras máquinas de nueva tecnología de hilar y cardar fueron compradas por fabricantes de Béjar en el año de 1824 a la casa belga Cockerill de Lieja.

Se seguirán incorporando nuevas máquinas en las diferentes fases del sistema productivo y lo harán al unísono con el resto de los centros importantes del textil nacional mientras el río Cuerpo de Hombre siguió aportando la energía necesaria para la industria hasta que las viejas ruedas hidráulicas dieron paso a las turbinas, la mayor parte importadas por compañías francesas.

La Molienda y el origen de la maquinaria hidráulica

Molinos

El molino hidráulico medieval facilitaba una labor cotidiana, dura y fundamental: la molienda del cereal para obtener harina, aporte fundamental en la alimentación hasta la introducción de la patata en el siglo XVI. Fue una de las primeras actividades en ser mecanizada y en utilizar una energía que no fuera la muscular. Allí donde un curso de agua era aprovechable se instalaba un molino harinero que se sirve de la energía que se desarrolla en un "salto de agua", encontrándose en la práctica totalidad de los abundantes cursos de agua de Castilla y León.

Los molinos han sido utilizados, desde la Edad Media, para las siguientes actividades industriales: molinos para productos agrarios, molinos de productos industriales, molinos de papel, molinos de pólvora, batanes, fábricas de acuñado de moneda y ferrerías.

Las fábricas de harinas

Nacieron fruto de los avances técnicos en las diferentes fases de la molienda. Movidas primeramente por potentes turbinas hidráulicas a la vera de ríos o canales o, más tarde, al accionarlas por la energía eléctrica, fue posible acercarlas a las poblaciones.

Aserraderos, batanes, ferrerías y martinetes accionados por la energía hidráulica, serán hasta la llegada de la Revolución Industrial, la punta de lanza de la maquinaria industrial.

El Martinete de Navafría

Un martinete es un martillo pilón o mazo movido por una rueda hidráulica. Con él se manufacturaban los calderos que se utilizaban en la preparación de la cocina tradicional, los calientacamas y los braseros, entre otros utensilios de cobre. Por medio del golpeteo del martinete se estiraba y daba la forma adecuada al cobre recién sacado del molde.

En 1861, dos hermanos, Eugenio y Manuel Abán Raso, caldereros procedentes de Vozmediano (Soria), donde todavía se conservan los restos de un martinete para batir cobre, se instalaron en Navafría (Segovia). En la actualidad es un museo etnográfico declarado el 17 de diciembre de 1998 "Bien de Interés Cultural" por la Junta de Castilla y León.

La Ferrería de Compludo

En las ferrerías bercianas se elaboraba hierro forjado que después se empleaba para la construcción de aperos de labranza, herramientas, clavazón, etc. Una ferrería tenía dos partes fundamentales: el hogar, donde se fundía el mineral de hierro y el mazo, en donde se depuraba y forjaba. Estas dos fases necesitan de la energía hidráulica para su funcionamiento.

En el hogar de la Ferrería de Compludo, para elevar la temperatura del crisol, se insufla aire a presión por medio de una trompa de aire accionada por agua.

La Tecnología del Renacimiento

La nueva mentalidad humanista que, nacida en italia, se extendió por toda Europa durante los siglos XV y XVI, dio un impulso decisivo a las ciencias y promovió la dignificación social e intelectual de las artes mecánicas.

En España, la organización y mantenimiento de una estructura imperial necesitaba del desarrollo de la técnica y la ingeniería. Felipe II, consciente de sus necesidades, atrajo a su corte a arquitectos y técnicos de diversas procedencias.

Especial importancia adquiere en este período la ingeniería hidráulica. Se multiplican los ingenios cerca de los ríos: molinos harineros, de papel, para pólvora, batanes para paños, ferrerías, sierras...

El Real Ingenio de la Moneda

Segovia fue elegida por Felipe II para instalar en ella el Real Ingenio, la fábrica de moneda más avanzada tecnológicamente del país, que empezó a acuñar monedas en un proceso mecanizado mediante el empleo de ingenios de laminación cilíndricos. Estos cilindros llevaban grabados el anverso y el reverso de la moneda, que al girar en sentido contrario perfectamente sincronizados, accionados por medio de grandes ruedas hidráulicas, dejaban pasar la lámina de metal entre ellos, quedando ésta perfectamente acuñada.

Juan de Herrera fue el encargado de proyectar un edificio industrial en el que se realizarán todas las labores de acuñación, desde la llegada del metal en bruto hasta el producto final: la moneda. El edificio debía estar compartimentado según la tarea a realizar. En la zona de los ingenios, la construcción era parte de la propia maquinaria hidráulica, de tecnología vanguardista siendo, durante muchos años, el ejemplo de esta industria y modelo copiado en las nuevas cecas españolas.

El Real Ingenio inició la acuñación de moneda en marzo de 1586 y su último trabajo se realizó en 1868.

Actualmente el proyecto de recuperación de este singular ejemplo de la arquitectura tecnología e industria del siglo XVI es ya una realidad.

La Ilustración y el nacimiento de la Industria moderna

El Reformismo Ilustrado

Si la primera mitad del siglo XVIII fue empleada por la dinastía borbónica, esencialmente, en la centralización del estado y el refuerzo del poder central, a partir de Fernando VI, se inicia la política reformista que, dirigida por Ensenada, desarrollará un gran esfuerzo en dotar al país de infraestructuras de comunicación y el inicio del estímulo de la industria y el comercio, que sin embargo se vio obstaculizado por la pervivencia de un sistema de organización gremial que supuso una resistencia a la expansión productiva y la modernización tecnológica.

Pero fue con Carlos III cuando la política reformista llega a su punto culminante con el establecimiento de medidas de modernización y acercamiento científico y tecnológico a una Europa de la que España se había separado en su desarrollo desde mediados del siglo XVI.

La reforma agraria, las repoblaciones y el comercio interior liberalizado posibilitaron que se contara con capitales incipientes, abastecimiento suficiente, crecimiento demográfico y un programa de "educación popular" que pueden ser considerados como los elementos esenciales para llevar a cabo la industrialización.

La Real Fábrica de Cristales de San Ildefonso

El continuado esfuerzo de modernización iniciado por la dinastía borbónica llegó a la industria con las manufacturas reales o Reales Fábricas.

La fábrica de vidrio de San Ildefonso constituye uno de los ejemplos más representativos de las Manufacturas Reales de carácter suntuario que se establecieron en la España del siglo XVIII.

Hacia 1745 Felipe V establece en el mismo Real Sitio de San Ildefonso una gran Manufactura Real de cristales y espejos, a imitación de la francesa de Saint Gobain, para cubrir la demanda nacional de este tipo de objetos suntuarios y le permitiese prescindir de las importaciones del extranjero. En 1770 tuvo lugar un gran incendio en la fábrica de San Ildefonso, lo que obligó a construir una nueva fábrica.

El nuevo edificio, que fue proyectado por el célebre arquitecto Juan de Villanueva, es el único de los pertenecientes a la fábrica de San Ildefonso que ha subsistido prácticamente hasta la actualidad, constituye sin duda una de las más importantes muestras de la arquitectura industrial española del siglo XVIII.

Actualmente alberga un museo, un centro superior de estudios del vidrio y de sus hornos salen magníficas reproducciones del siglo XVIII.

El Canal de Castilla

El Canal de Castilla surge para dar salida a los productos agrícolas hacia otros mercados. Con unos caminos gran parte del año impracticables, las vías navegables supusieron una alternativa segura y estable hacia el puerto de Santander.

Los trabajos preliminares se inician en 1751 por el ingeniero militar francés Carlos Lemaur. Enseguida se le une Antonio de Ulloa, una de las glorias de la ilustración española y de la ciencia de nuestro país, que elabora el "Proyecto general de canales de navegación y riego para los reinos de Castilla y León", trabajo que será la referencia de base para la definitiva construcción.

Las obras comienzan en el mes de julio de 1753, finalizándose en 1849 en el estado en que hoy las podemos ver.

Los tres canales que se construyeron finalmente se unirían constituyendo un trazado en "Y" invertida que, a modo de río artificial, facilitó el transporte y la navegación y originó en su entorno el desarrollo de una industria agrícola en la que surgieron molinos, batanes y fábricas de harinas acompañando y aprovechándose de los "caminos de sirga" que, a sus lados, permitían la circulación humana y facilitaban el arrastre de las barcazas transportadoras.

El conjunto de la obra constituye un ejemplo admirable no sólo de ingeniería, sino de cómo la técnica puede impulsar, determinar o dirigir el desarrollo de una zona geográfica extensa y modifica el entorno en su totalidad, desde el mismo paisaje, hasta el desarrollo social, pasando por el trabajo humano y las costumbres.

La Revolución Industrial

Si exceptuamos las cuencas mineras y los núcleos textiles, la Revolución Industrial se desarrolló de forma tímida y escasa en Castilla y León, tierra mayoritariamente campesina, cuyo motor principal de esta nueva era industrial no fue la máquina de vapor, sino las grandes turbinas hidráulicas que daban vida a las nuevas fábricas de harinas, textiles, de hielo, de papel...

Algunas excepciones aisladas son representativas de este periodo como, por ejemplo, las industrias ligadas a la explotación del bosque: las resineras se modernizan importando las nuevas técnicas y una máquina de vapor impulsará uno de los proyectos más singulares de este periodo, El Real Aserrío Mecánico de los Montes de Valsaín.

El Aserrío de Valsaín

El Real Aserrío Mecánico de los Montes de Valsaín, nació con la idea de hacer compatibles la explotación del pinar y su conservación. Es un ejemplo sobresaliente del racionalismo de la Revolución Industrial en la que la Casa de Borbón, cada vez más ligada a San Ildefonso, manifestó su preocupación por la conservación del bosque. Carlos III, en 1776, decide la compra de los montes a perpetuidad y su incorporación a la Corona.

En 1884 el Real Aserrío comenzó su actividad. Era un aserradero muy avanzado para la época. Para dar movimiento al conjunto de máquinas y herramientas se optó por un sistema a vapor: dos impresionantes calderas, inexplotables y alimentadas con los residuos del aserrío, se encargaban de producir la energía calorífica necesaria, y la máquina de vapor, con cursor Corliss y un gran volante de inercia de 4,9 metros de diámetro, trasformaba esa energía en movimiento. En torno a la fábrica se montaron unos 800 metros de vía férrea para transportar la madera.

La Industria Resinera

La resina de los pinos se utiliza desde muy antiguo como materia prima para la elaboración de la pez. Un primer paso fue la utilización de los hornos llamados pegueras, de donde se obtenía pez y colofonia.

Las pegueras han sido utilizadas hasta bien entrado el siglo XX junto a otros sistemas más modernos de destilación de la resina y constituyen unos tipos de construcciones de la arquitectura popular propia de las zonas resineras.

Las Fábricas de Resina

El método para explotar el pinar consistía en resinar el pino haciéndole grandes aberturas verticales. La miera se recogía en un hoyo excavado en el suelo al pie del árbol, por lo que parte se perdía en filtraciones y evaporación.

Las fábricas eran verdaderos complejos formados por distintas dependencias. Las más importantes eran: el muelle, la pila, el alambique para el proceso de destilado y los depósitos para el almacenado de los productos obtenidos.

Hidroeléctricas

El descubrimiento y puesta a punto a mediados del siglo XIX de las turbinas hidráulicas, con un rendimiento muy alto y la mejora de la tecnología mecánica, hizo que se pudiese aprovechar más y mejor la energía eléctrica.

Nacieron las empresas dedicadas a generar, transportar, distribuir y vender energía eléctrica, centrales eléctricas hidráulicas y centrales térmicas, en muchos casos con motores de gas pobre, para seguir disponiendo de suministro en épocas de estiaje.

Esas necesidades, juntamente con la de evitar los efectos de las grandes crecidas de los ríos, dieron origen a la construcción de grandes embalses en los mismos.

Explotaciones

La necesidad de metales, materiales de construcción o carburantes, ha sido una constante desde la antigüedad.

Los vestigios y restos de esta continuada actividad jalonan Castilla y León, desde las Médulas (León) en época romana, hasta los complejos mineros del Bierzo, pasando por centenares de explotaciones silíceas y canteras que, como la de pizarra de Bernardos, operan desde el siglo XVI.

Paisajes que la actividad tecnológica o industrial ha modificado o incluso creado completamente. Paisajes en los que, a través de estos restos, poder reconstruir, física o mentalmente, las relaciones sociales y de trabajo que se establecieron en estos lugares.

"La defensa, preservación y puesta en valor del patrimonio industrial del Valle de Sabero es el objetivo fundamental, que se plasmará en un Museo Minero de amplios itinerarios por la Comarca que visualicen e interpreten el importante patrimonio en un contexto donde se inserte en el paisaje natural, cultural e industrial de la zona.

Puntos geológicos de indudable interés así como recursos que conforman un futuro para estos pueblos del Valle de Sabero donde el desarrollo sostenible y el Patrimonio Minero son compatibles, ofrecen atractivos y posibilidades para desarrollar programas de desarrollo local, creación de micro empresas e industrias culturales y turísticas".

(Texto extraído de la Declaración del Comité Internacional para la Salvaguarda del Patrimonio Industrial, Sección Minería-España, 2005).

Vías férreas, puentes, túneles...

Desde mediados del siglo XIX irrumpe en nuestra sociedad y en nuestras vidas el ferrocarril y ya nada será igual. Líneas radiales que comunican la capital con el resto de la nación; líneas transversales que facilitan la comunicación comercial, industrial y humana entre regiones, provincias y pueblos; líneas mineras, de mercancías y de pasajeros. Ferrocarriles mineros como los del Bierzo y Palencia que cambiaron métodos y significaron ahorro de tiempo, energía y vidas. Caminos de hierro que comunicaron Castilla con el mar, con la Corte, con Andalucía y hasta con Portugal.

Una enorme inversión que modificó relaciones sociales, propició el desarrollo y el progreso social y roturó nuestra tierra dejándola para siempre señalada con trazos metálicos: vías, túneles y puentes, apeaderos y estaciones... hermosas construcciones que nos hablan de tecnologías y arquitecturas, proyectos y ambiciones, jalonan nuestra geografía y son un testigo imprescindible de nuestra historia.

 

 
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