La Librería de
Alarifes

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La Librería de Alarifes
 
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48 páginas
16 x 16 páginas

Texto: Elena Blasco, María Blasco y Fernando Lampre

Con la colaboración inestimable de Magnolia Júdez

Fotografías: Fernando Lampre

 
 
 

El burro

6.000 años al servicio de la humanidad

Procedente de razas salvajes de Somalia y Nubia (NE de África), es probable que el burro o asno fuera domesticado hace unos 6.000 años por pastores saharauis, egipcios o sumerios. Este hecho contribuyó a la organización de las primeras ciudades y de las sociedades nómadas y pastoriles. El burro convive con el hombre en la península Ibérica desde hace más de 3.000 años. Desde los comienzos de su domesticación, el burro ha sido utilizado en África y Euroasia como animal de carga, tiro y transporte de personas. El hombre ha llevado a cabo un proceso de selección, criando y eligiendo distintas razas de burros, grandes y pequeñas, adaptadas a diferentes medios y ambientes. También lo ha cruzado con otros animales genéticamente cercanos: el cruce de burro y yegua (hembra del caballo) produce mulos –machos en Aragón–, un híbrido estéril de mayor envergadura que el burro y mayor capacidad de tiro.

Denominado a veces «caballo del pobre», el burro no es tan rápido como el caballo, pero tiene una larga vida y es menos costoso de mantenimiento. Presta servicio en regiones donde el caballo, más exigente, no podría vivir. El burro come de casi todo y bebe poco, dos condiciones básicas en regiones áridas o semiáridas. Pero, sobre todo, tiene una gran resistencia y es muy ágil en caminos accidentados –sabe dónde posa el casco en terrenos difíciles y pedregosos–. El burro continúa siendo de gran importancia económica en muchos países en vías de desarrollo.

Injustamente vinculado con la ignorancia y no siempre bien tratado, el burro es un animal muy noble, fiel e inteligente, con facultades de comprensión y aprendizaje incluso superiores al caballo. Sin embargo, tiene una larga reputación de terquedad o tozudez. Lisa y llanamente es un sentido de auto perseveración, como en cualquier persona, siendo difícil forzarle a realizar algo que contradiga sus propios intereses. El burro es amistoso y juguetón. Una vez que se ha ganado su confianza suele ser un buen compañero de trabajo o recreo. Es por esta razón que ha pasado a convertirse en animal de compañía en algunos países en donde su uso tradicional, como animal de carga, ha desaparecido.

Los burros en España y en Aragón

Los avances tecnológicos de las últimas décadas han contribuido a la progresiva desaparición de esta especie en España, ya que la labor que realizaban burros y mulos es desarrollada por maquinaria agrícola especializada. Alrededor de un millón de burros han desaparecido en cuarenta años, y hoy sólo quedan alrededor de 75.000 ejemplares. También es cierto que, en los últimos cinco años, se ha producido un ligero aumento de los efectivos, como respuesta de diferentes asociaciones y particulares a la situación de extinción real de algunas de las razas autóctonas. Seis son las razas autóctonas de burros en España: el zamorano-leonés, el andaluz, el catalán, el asno de las Encartaciones (Vizcaya), el mallorquín y el majorero (isla de Fuerteventura). Según el Censo Agrario de 1999, último publicado, en Aragón hay censados 459 burros y 242 mulos. La cifra puede no corresponder exactamente con la realidad –puede haber animales no censados–, pero da una idea bastante aproximada de la situación del burro en nuestra comunidad autónoma.

Los burros de Moros y sus dueños

En los últimos años la población de burros de Aragón y, en concreto, de la Comarca Comunidad de Calatayud ha disminuido considerablemente. Hasta hace 60 años esta especie estaba presenta en todos los pueblos de Aragón. Hoy, la situación es inversa: la mayor parte de los municipios aragoneses no tienen burros censados. Sin embargo, en el pueblo de Moros quedan 16 burros, todos ellos activos, como sus dueños, cuando se realizó este trabajo (años 2007-2008). La complicada orografía de esta localidad de calles estrechas y pendientes, acompañada de una vega en el río Manubles, fértil pero de difícil acceso y mecanización, han sido los principales factores que, hoy en día, han convertido a Moros, junto a Maluenda, Torralba de Ribota y Trasobares, en uno de los municipios que más animales conservan de esta especie en todo Aragón.

Los burros de Moros son, en general, ejemplares de porte pequeño y robusto. Presentan diversos tonos de pelaje: abundan los marrones oscuros y los cardenos, pero también los hay de color canela o sencillamente blancos. Se caracterizan, a decir de sus dueños, por ser dóciles, tiernos, agradecidos y tener un gran aguante. Se utilizan en Moros para ir al huerto y transportar aperos y hortalizas, para labrar pequeños huertos o para acompañar al pastor y al rebaño.

Algunos dueños los montan de lado, otros de frente, otros les ponen nombres afables y graciosos, otros simplemente les llaman «burro», pero todos ellos se caracterizan por quererlos y cuidarlos. Marisol, Cardena, Catalina, Platera, Platero, Ramona, Chato y otros tantos anónimos «burros» serán los protagonistas de estas páginas que tienes en tus manos. Y, por supuesto, sus dueños, artífices de su conservación. Gracias a todos ellos por atendernos, escucharnos y enseñarnos sobre el mundo del burro y del trabajo honesto y necesario que desempeñan ambos en el medio rural, por contarnos anécdotas y hablarnos de la guarnicionería y la talabartería y, en definitiva, saber estar. Gracias.

Asociación Cultural Carrabilla

 
 
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