La Masada del Diablo (Foz-Calanda)
Desde que yo era pequeño, la Masada del Diablo ha sido
siempre una referencia familiar envuelta en un aura de misterio. Allí vivió mi
abuela hasta que se casó y subió al Mas, y allí vivió mi madre durante los años
de la guerra e inmediata posguerra porque era más seguro y no escaseaba la
comida.
Recuerdo que en mis estancias veraniegas en el Mas no
faltaban las visitas a la Masada donde todavía vivía un hermano de mi abuela,
mi tío José junto a Elisa, su esposa parrina. No
tenían hijos y nuestras presencias siempre eran agradecidas con comidas
trufadas de memoria y recuerdos.
También evoco aquí de forma entrañable a un pastor vecino de
mis tíos, Miguel “el Milito”, que me contaba relatos en los que diablos,
carlistas o maquis se entremezclaban de forma desordenada, hasta que alguien le
recriminaba que aquellas no eran historias para críos y él terminaba de cuajo
con una expresión que no he oído a nadie: “Os malera”. En 1981, una foto
realizada por Andrés Serrano, y recogida en el libro “La mirada detenida”, lo
inmortalizó detrás del ventano de su casa.
Fueron los años posteriores a que se abrieran las minas de la
Val de la Piedra (en cuyo final está la espectacular carrasca y en una de sus
orillas la Peña Foz, también llamada el Cantal o el Cucón de Foz). Mina Pura,
Mina Carmen… que luego fueron desmontes. En ellas trabajaban muchos mineros del
Mas a los que trasladaba en cada turno el autobús verde de Aragón Minero, la
empresa de Luengo. La explotación de los tajos aún se prolongó hasta enero de
2019.
Desde el Morrón del cerro de Tolocha
se vigila muy bien la Masada del Diablo y de noche se distingue el resplandor
de las luces de Zaragoza. En 1997 esparcieron en su cumbre las cenizas de Luis
Buñuel fallecido en México catorce años antes. Quedó unida así la memoria del
genial cineasta calandino a la evocación de las brujas que dicen que hasta allí
se trasladaban al grito de ¡Vuela, vuela escoba mocha al cabezo de Tolocha’.
Fue también el tiempo del planeamiento y comienzo de la
construcción de la presa de Calanda para alimentación de nuevos regadíos pero
sobre todo para que bebiera la térmica de Andorra. Poco antes, en julio de
1986, tuvo lugar una gran tragedia forestal con el incendio que asoló la sierra
de La Ginebrosa desde la Tarayola y que llegó hasta el cauce del Guadalope que
hizo de cortafuegos natural.
Mis tíos tenían un corral abarrotado de conejos “chinos”
(cobayas) de todos los colores mezclados, que corrían de forma frenética por
toda la estancia. No recuerdo cómo fueron a parar allí, pero todos los veranos
no faltaba el regalo de uno que yo mismo triaba para llevarlo de mascota a
Barcelona. Un conejillo de Indias que resultaba indultado para no terminar en
la paella.
La Masada del Diablo llegó a albergar más de sesenta almas en
1940 pero durante los setenta ya pocos quedaban aunque tenía residentes
ocasionales. Es el caso de unos mieleros o vaseros
que subían todos los años desde Santa Magdalena de Pulpis
para atender sus colmenas y se alojaban en casa de mis tíos a cambio de
generosos obsequios. Varias veces compartimos comida con ellos.
Desde la Masada eran habituales las pequeñas excursiones a
algún manantial para coger agua o las visitas a la antigua central eléctrica de
Calanda, muy próxima, y que los “centraleros” tenían
como un verdadero vergel.
La carretera del Mas a Calanda, construida durante los años
de la República y en los primeros del franquismo, pasaba entonces por debajo
del caserío y cuando llegaba la hora de despedirse hasta nuestras siguientes
vacaciones, dejábamos la Masada envuelta por la noche con unas luces muy tenues
en sus calles. A la mañana siguiente volvíamos a pasar a primera hora yá camino
de Barcelona pero entonces era la bruma que subía desde el río la que llenaba
el espacio entre las casas.
El diablo, los carlistas y los maquis se habían vuelto a
adueñar de su pequeño país.
Índice
- la Masada del Diablo en la cartografía de 1929
- Foz-Calanda en el Diccionario de Pascual Madoz de 1845
- repertorio fotográfico de la Masada del Diablo en 2016
- fotografías de la zona aportadas por Manuel Conesa Jarque
- una fotografía con mucha historia: la Masada del Diablo hacia
1925

La Masada del Diablo desde el Morrón del Tolocha.
Al fondo la cubeta de Aguaviva-Mas de las Matas


Miguel “el Milito”, en la Masada del Diablo
(Foz-Calanda). 1981
Fotografía de Andrés Serrano Miranda. Del libro y
web La mirada
detenida

la Masada del
Diablo en la cartografía de 1929

demografía
de Foz-Calanda
En el censo
de 2024 figuraban como habitantes 281 personas.

Foz-Calanda en
el Diccionario de Pascual Madoz de 1845

repertorio fotográfico de
la Masada del Diablo en 2016






fotografías de la zona aportadas por Manuel Conesa Jarque






Una fotografía con mucha
historia: la Masada del Diablo hacia 1925

Por amabilidad de José Ignacio Larraz Vileta, nos
ha llegado esta fotografía que pudo haber sido tomada hacia 1925, pero no hemos
podido identificar todavía personas. Es un legado familiar que testimonia un
acto festivo en la Masada del Diablo y que se ha transmitido en el seno de la
familia Larraz Vileta sin que conozcan más datos.
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