La Librería de El Sueño Igualitario

Cazarabet conversa con...   Irene Murillo Aced, autora de "En defensa de mi hogar y mi pan: Estrategias femeninas de resistencia civil y cotidiana en la Zaragoza de posguerra, 1936-1945" (Prensas Universitarias de Zaragoza)

Prensas Universitarias de Zaragoza ha editado recientemente, dentro de su colección "Sagardiana. Estudios feministas", este libro que analiza cómo luchó la mujer en el día a día de la Zaragoza en la que todavía retumbaba la guerra, la de la posguerra….

La introducción nos acerca a las resistencias civiles, a la agencia individual y al empoderamiento colectivo; también nos ayudará a cómo entender todas las fuentes documentales que utiliza la autora, así como la cartografía… por último esta primera parte del libro se acerca a la legislación progresista republicana y a la irrupción del franquismo.

En el primero capítulo la autora investiga la represión económica y expropiación legal en Zaragoza, así como  los perfiles de la transgresión y agencia para escamotear la persecución política….y es por eso que analiza la Zaragoza, en su dimensión provincial, frente al golpe de Estado; también entra a investigar la Comisión de Incautaciones y la LRP, principios jurídicos y organización. Después trata la especificidad de la aplicación LRP sobre las mujeres en la transgresión en la República y la retaguardia. También investiga los efectos sobre la población femenina represaliada y, como último, en este primer capítulo el empoderamiento a la hora de afrontar las sanciones.

En el segundo capítulo, la autora analiza la represión indirecta y la dignidad de las viudas de la identidad otorgada a la subversión de la misma, para ello se acerca al Apéndice Foral aragonés y su utilización por parte de las viudas, la apelación al preámbulo de la LRP, la reivindicación del duelo frente a la negación del luto político, la denuncia de los saqueos y el abuso de poder por parte de las autoridades franquistas y los recursos de alzada al Tribunal Nacional.

s200_irene_murillo_aced.jpgEn el tercer capítulo, la autora retrata el período de la rehabilitación de la cotidianidad, mediante la supervivencia, el trabajo o la mismísima picaresca. Así analiza más pausadamente los siguientes aspectos: la difícil cotidianidad de los días sin pan y también sin lumbre; la conciencia femenina y reclamación del patrimonio; el empleo doméstico y la emigración interior; la picaresca para combatir el hambre y sus efectos legales; el fenómeno del estraperlo y los pequeños hurtos y la precarización, agencia y justicia ordinaria.

La joven autora, Irene Murillo, es licenciada en Historia por la Universidad de Zaragoza, realizando, además, diversos intercambios académicos con la Università di Pisa de Italia y con la Hopkins University de Estados Unidos. Es  miembro, desde el 2008, del grupo de investigación “La actuación del Tribunal de Responsabilidades Políticas en Aragón”( del programa Amarga Memoria del Gobierno de Aragón). Becaria de Formación del Personal Investigador, actualmente en fase de contrato con la Universidad de Zaragoza. La investigación que aquí se presenta fue seleccionada por la Comisión de Publicaciones del Seminario Interdisciplinar de Estudios de la Mujer (SIEM) en el año2011; además de coordinadora de las Jornadas Feministas Re-Generando.

http://unizar.academia.edu/IreneMurilloAced

 

¿Por qué un libro sobre la Zaragoza de posguerra con todo lo que esto conlleva y la lucha de la mujer, con sus estrategias, para sobrevivir….?

Por dos motivos principales. El primero, que a casi 40 años de que la historia dejara de ser un coto privado de intelectuales afines al régimen, e incluso con todos los libros que se han escrito sobre la Guerra Civil y el Franquismo, seguimos teniendo lagunas de conocimiento importantes. Por ejemplo, la que a mí más me preocupa, escuchar la voz de los protagonistas y las protagonistas de la historia e intentar analizarles en movimiento, como sujetos activos de los periodos en los que les tocó vivir… Cómo hicieron frente al panorama que se presentaba tras la Guerra quienes sobrevivieron y debieron reconstruir un mundo, su mundo, que había quedado en buena parte arrasado. Cómo las personas anónimas, en este caso mujeres, reaccionaron ante un régimen de falta de derechos y libertades. ¿Protestaron abiertamente, lo hicieron de manera velada, respondieron al modelo de género del franquismo, trabajaron a pesar de las restricciones, plantaron cara al discurso público del régimen, se ayudaron entre ellas…? Un segundo motivo era, conectado con este primero, acabar con algunas limitaciones o señuelos mentales que me parece que arrastramos a la hora de observar a las víctimas del franquismo como personas pasivas, únicamente receptoras de represión, como personas sin recursos para lidiar con la situación de falta de derechos. Me parece que la historia desde abajo, la historia comprometida, y más desde una perspectiva feminista, debe hacer hincapié en que incluso las personas más subalternizadas, perseguidas y sometidas a control, elaboraron estrategias de negociación, supervivencia o resistencia para combatir la represión a la que eran sometidas.

Irene, ¿cómo era la Zaragoza de posguerra?. Sitúanos en la ciudad en la que despliegas tu estudio e investigación sobre las estrategias que tuvo que idear la mujer para poder “flotar”

Aquí hay que distinguir dos cuestiones: cómo hicieron las mujeres para sobrevivir materialmente, y para sobrevivir éticamente. Ambas están trabajadas en el libro y me parecen igual de importantes. De una parte, al referirnos al ámbito material, más económico, encontramos grandes contrastes entre las mujeres del ámbito rural y del urbano. No significó lo mismo sobrevivir en el campo, donde se dependía de la tierra: bien del huerto, la recolección y el ganado, bien de la economía de trueque y de escamotear la ley de montes, de caza o pesca, así como “haciendo faenas”; que sobrevivir en la ciudad, donde la mujer tuvo que emplearse en el sector servicios de un modo más que precarizado y encontrar grietas por las que colarse, como el mercado negro o los pequeños hurtos. En uno y otro caso, las mujeres de campo y de ciudad dependieron de estrategias desarrolladas por ellas mismas para escamotear determinadas restricciones y controles y tener cierta autonomía económica. Por otra parte, tenemos una supervivencia ética que implica defenderse de acusaciones vertidas sobre ellas, crear redes de solidaridad con otras mujeres en situaciones similares, denunciar la violencia que se había cometido en nombre del Nuevo Estado, defender la dignidad de sus muertos, sus familias y la suya propia, etc.

¿Era más difícil para una mujer, tal como era la sociedad en aquellos días vivir la posguerra?

Esta pregunta tiene fácil respuesta. Era más difícil vivir para algunas mujeres que para otras. Como lo es hoy. No hay un sujeto único mujer. Hay mujeres diferentes con circunstancias vitales diversas, en los años 40 y en el siglo XXI. Para las mujeres de este libro, gente común que formaba parte del colectivo vencido así como del subalternizado económicamente (trabajadoras solteras, emigrantes, madre solas) la posguerra fue muy dura. Además ellas estuvieron sometidas a un control mayor que los hombres: al control del Estado y del dogma franquista, y al control del varón dentro de la familia. Fuera cual fuera el ámbito, el modelo dictaba que cumpliera órdenes y se limitara a seguir los dictados que otros imponían sobre ella…

Hablas, en tu libro-investigación y mucho de la represión y de cómo se tuvo que sobrevivir….¿qué nos puedes contar?

La investigación, de hecho, surgió gracias a haber formado parte de otra investigación colectiva, de la que forman parte Julián Casanova y Ángela Cenarro como director y coordinadora y Nacho Moreno, Estefanía Langarita y yo misma como investigadores, y de la cual esperamos tener pronto los resultados en papel. Este trabajo colectivo se basaba precisamente en analizar, cuantitativa y cualitativamente, la represión ejercida por el Tribunal de Responsabilidades Políticas, órgano ejecutor de la Ley de Responsabilidades Políticas de 1939, sobre la población aragonesa. Este Tribunal aplicó medidas que consideramos violencia económica contra el colectivo vencido, medidas que venían ya ensayándose en los territorios tomados por el ejército insurgente desde 1937 con las Comisiones provinciales de incautación. El primer capítulo del libro analiza esta violencia económica en forma de incautaciones, multas, embargos y subastas, pero también inhabilitaciones y destierros, sobre aquellas mujeres que fueron expedientadas por la Ley en la provincia de Zaragoza. Ante esta violencia, las mujeres lo que hicieron fue de un lado desobedecer, y de otro negociar, las condiciones de la Ley, para salir lo más indemnes posible de ella.

¿Cómo se intentó incentivar el empoderamiento entre las mujeres represaliadas o que habían vivido la represión más o menos directamente (bien ellas , directamente, sus familiares, amigos…)?

No se intentó incentivar... y tampoco se había incentivado previamente por parte de los sectores más revolucionarios de la izquierda (ahí está el caso de Mujeres Libres). A las mujeres, cuando nos autoproclamamos sujetos de derechos, de emancipación y de autonomía, se nos intenta cortar las alas rápidamente. Sólo hay que ver y leer el desprestigio mediático hacia el término feminismo hoy en día, cuando está bien masticadito el discurso bien pensante de que ya todos somos iguales y no hay estructuras de dominación hacia las mujeres… Si cuando escribo esto, en 2013, a la mujer que se autodenomina y lucha como feminista se la considera una afrenta a la “igualdad” y se le regalan todo tipo de insultos, sornas y descréditos hacia su compromiso, es fácil poder entender la transgresión de las mujeres que se defendían a sí mismas en los años 30 o 40. Lo que tocaba entonces era ser abnegada sirviente. El empoderamiento de las mujeres surgió de ellas mismas y del ejemplo positivo tomado de otras mujeres fuertes. Y esto se ve claramente en el ámbito de las cartas escritas a las autoridades para denunciar los asesinatos de sus maridos en el pueblo: existieron pueblos en los que varias mujeres escribieron cartas similares a los tribunales exponiendo hechos bien distintos a los que aparecían en la versión oficial. Es fácil comprobar las redes de mutualidad horizontal que existieron en la escritura de estas cartas… además, apoyadas posteriormente por vecinos y vecinas que firmaban dando su apoyo a la versión de estas mujeres.

En el libro nos pones en situación de cómo Zaragoza vivió el golpe de Estado, ¿cómo fue? , ¿y el papel de la mujer?

Las mujeres de izquierdas participaron de manera inmediata, sobre todo las que tenían un compromiso de militancia previo con alguna organización sindical, en las huelgas de varios sectores municipales que se echaron a la calle contra la militarada. En un segundo momento y puesto que la ciudad cayó muy pronto en manos del control de Cabanellas, las mujeres, entre otras cosas, organizaron redes de fuga para huir y pasarse a zona republicana. Aunque estas experiencias no tuvieron cabida en el libro (lo he escrito en otros artículos), el papel de personas como Quiteria Serrano, Victoria Gracia, Juana Isás y otras tantas cuyos nombres desconocemos… fue decisivo para servir de enlaces de desertores y topos en la guerra. Muchas de ellas fueron fusiladas bien temprano: Margarita Navascués, Selena Casas, Simona Blasco... Las que sobrevivieron hicieron grandes labores de enlace en la posguerra y algunas estuvieron presas por esta causa.

¿Cómo les afectó a las mujeres el tema de las incautaciones y la Ley de las Responsabilidades Políticas?

Les afectó directa e indirectamente. Directamente, fueron 1.044 las represaliadas por la LRP en Aragón: recordemos que en el libro sólo se habla de las 645 zaragozanas, pero hubo también 159 turolenses y 240 oscenses. Estas mujeres fueron sometidas a incautaciones de bienes muebles e inmuebles, se les impusieron multas económicas y se les embargó el patrimonio cuando no pagaron las multas. De ellas se habla en el primer capítulo del libro, analizando cuáles fueron las causas de esta represión, no sólo política, en el sentido en que solemos entender la política como militantes de partidos y sindicatos, sino también una represión cultural, laboral y de género que se unió al castigo económico. Indirectamente como familiares de personas represaliadas…

Dedicas un punto, el primero, del segundo capítulo a la represión económica indirecta. ¿Cómo era, cómo fue?

Pues fue tremenda. Una Ley como la de responsabilidades políticas, que no detenía el proceso ni ante la ausencia ni ante la muerte de la persona represaliada (siendo más del 90% hombres represaliados, y sólo el 23% se hallaba en sus localidades de vecindad al ser llamados a testificar), recayó sobre las familias que debían hacer frente al proceso punitivo. A este fenómeno por el cual era la familia, en la mayor parte de los casos liderada por mujeres, la que debía hacerse cargo del castigo económico, le he llamado represión indirecta. No eran ellas las destinatarias del proceso, pero acabaron siendo ellas las que le hicieron frente.

Las viudas, ¿cómo fue su particular lucha?

Tortuosa, pero llena de dignidad. Resulta curioso porque habitualmente se suele hablar de que la protesta por la memoria oficial del régimen y la reclamación de las muertes de republicanos fusilados comenzó a hacerse pública durante la Transición, pero ya desde bien temprano las viudas de republicanos fueron muy vehementes a la hora de condenar a los cuerpos y agentes de la violencia, con nombres y apellidos, y en recriminar a las autoridades nacionales el modo en que estaban construyendo un relato parcial de los muertos, hipervisibilizando a unos e invisibilizando a otros.

Fueron tiempos, aquellos, de abuso de poder por parte de las autoridades franquista ¿ con qué experiencias te has encontrado que te hayan llamado la atención para hacer frente a éstos?

Pues ante todo con cartas que denuncian estos abusos y que condenan a las autoridades locales, o que protestan ante el modo en que se ha creado la Ley, o que desvelan cómo eran los consejos de guerra o las actuaciones de, por ejemplo, el auditor de guerra Ramiro Fernández de la Mora, quien se ensañó particularmente con la población aragonesa al añadir ceros a las multas.

En el tercer capítulo, como si se tratase del caminar de una película…las cosas parecen encauzarse para la mujer en la posguerra zaragozana: primero la toma de conciencia, valorar lo que eran y las reclamaciones. ¿ Aún con eso debían de ser muy valientes, cómo se lo hacían?

¡Espero que no parezca que es un relato teleológico, como si estas mujeres fueran hacia mejor en la posguerra! Es una división más bien temática… la toma de conciencia de algunas de ellas venía de antes, de la República, o incluso de las luchas que había llevado a término sus madres durante la dictadura de Primo de Rivera. Al fin y al cabo, de una u otra manera siempre habían tenido razones para protestar. Lo que sí es cierto es que defiendo que en muchas ocasiones es del sujeto doliente, del sujeto damnificado, de la experiencia de la subyugación, de la que nace el sujeto ético y político… y de ahí defenderse y contestar al poder en sus diversas manifestaciones. Y sí, pienso que demostraron un gran coraje que no siempre ha sido valorado desde los conceptos tradicionales de “heroicidad” o “resistencia”.

La mujer encontró trabajo en el empleo doméstico, pero no libertad porque muchos /as familias que les empleaban eran los que regentaban el poder y , las mujeres empleadas domésticas, tuvieron, seguro, que morderse la lengua….¿qué nos puedes decir , según lo que has ido investigando?

La mujer encontró trabajo en ámbitos tan divididos sexualmente como el empleo doméstico, el hospedaje, la cocina, la moda o la prostitución. Y sí, completamente de acuerdo, seguro que se mordieron la lengua muchas veces, como se la muerden ahora las trabajadoras domésticas (la mayoría inmigrantes) en casas de familias de clase media. Este empleo no ha desaparecido, y las diferencias de clase y género que lo soportan tampoco.  En la Zaragoza de los años 40, ser trabajadora doméstica significaba tener habilidad en muchos campos y solventar todos ellos dentro de una unidad familiar extraña, la del contratante… y además la propia. El salario era mísero, la disponibilidad requerida completa y la sumisión a la familia contratante, en muchos casos, total (aunque también se crearon relaciones interclasistas que permearon, de modo que la familia contratante ayudaba a la trabajadora doméstica en una especie de caridad que, obviamente, mantenía las estructuras económicas y de fidelidad al patrón ). Se calcula que la inversión de tiempo era de aproximadamente 10 horas diarias, e incluía fines de semana. Es preciso señalar que en buena medida, este empleo significaba un tránsito temporal de las mujeres de clases populares, que reunían así unos dineros para luego casarse. Como bien dices, libertad poca encontró la mujer, pero el trabajo (el doméstico, y otros) sí fue una estrategia de autonomización de la mujer, que disponía así de un salario.

Cuéntanos alguna cosilla que te haya llamado especialmente la atención en las cuestiones de la picaresca para sobrevivir y del estraperlo….todo un mundo para la mujer, sobretodo el segundo fenómeno, ¿no?

El estraperlo está difícil de investigar en Aragón porque las fuentes documentales de la Fiscalías provinciales de tasas, que deberían estar en los archivos de gobernación, no están. Los datos que aparecen en el libro sobre el mercado negro son bastante parciales, alguna pista, pero poco más. Se sabe más a través de la historia oral. Algo que me haya llamada la atención es el arte de hacerse invisible a los ojos del otro… por ejemplo en un caso en que, ante la presión extrema del patrón, la empleada doméstica utilizó chantajes para conseguir la devolución de la cartilla de racionamiento que le daba acceso a su propio abastecimiento.

Irene, ¿cuánto te costó llevar a cabo este trabajo y con qué dificultades te encontraste?

Pues el texto lleva escrito 3 años… y me costó elaborarlo cosa de otros dos, entre consulta de fondos, lecturas secundarias y redacción. Fue producto de un trabajo de DEA (Diploma de Estudios Avanzados); de lo que hoy sería un TFM (Trabajo Fin de Máster). Dificultades las propias de toda investigación: una misma, los plazos, el perfeccionismo… Y luego el tema de los archivos no catalogados, como el del Gobierno Civil, y de los archivos de muy difícil consulta, como el militar.

Creo que todas las mujeres nos sentimos orgullosas de serlo , desde que nacimos, pero ¿tú te sientes más orgullosa desde la realización de este trabajo?

Como diría Simone de Beauvoir, “no se nace mujer, se llega a serlo”, refiriéndose a que el género es una construcción cultural, social e histórica que nos hacen aprender desde bien pequeñas. Lo que creo es que cada una elegimos el tipo de mujer que queremos ser, y esa elección es algo diario que conlleva renovación. Yo lo que sí siento es orgullo feminista, porque veo cómo el feminismo no sólo me emancipa personalmente, sino que emancipa a mi alrededor, como en círculos concéntricos conectados muy interesantes que acaban cobrando autonomía. En este sentido y conectando con la pregunta, estoy muy contenta de haber sido la médium de esas voces que se hallaban escondidas en las fuentes documentales… seré la autora del libro, pero las historias que están dentro tienen protagonistas con otros nombres propios. Es necesario comprender que, con todas las limitaciones y dentro del rígido modelo de mujer que impuso el franquismo, las mujeres que aparecen en el libro supieron, bajo circunstancias vitales adversas, y con el juego amañado, aprender a desafiar ciertas normas o a habitar roles de por sí poco o nada emancipadores (como es el caso de las viudas) desde posiciones autonomizadoras. En ese sentido, tanto hombres como mujeres podemos y debemos aprender a jugar las cartas que se nos reparten y a desobedecer ante las muchas estructuras de poder, entre ellas la de género, que se ciernen sobre nosotras y nosotros de maneras a veces imperceptibles, a veces tremendamente perceptibles.  


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En defensa de mi hogar y mi pan: Estrategias femeninas de resistencia civil y cotidiana en la Zaragoza de posguerra, 1936-1945. Irene Murillo Aced
218 páginas       15 x 22 cms.
20,00 euros   
Prensas Universitarias Zaragoza


Escondidas entre las medidas de control político, social, sexual y moral del régimen de Franco se encuentran las voces de mujeres anónimas de la posguerra zaragozana. Aunque buena parte de ellas fueron víctimas de la represión ejercida por la Ley de Responsabilidades Políticas, la justicia ordinaria o la jurisdicción militar, sus voces no han sido arrasadas. Al contrario, sus habilidades para defenderse, protestar, liderar procesos de duelo y reconstrucción de sus hogares, o para presentarse como sujetos de derechos y agenciarse los recursos para salir adelante, sugieren una lectura diferente. Este libro recupera sus experiencias como agentes de la memoria en la posguerra, así como sus negociaciones del discurso público y sus resistencias no violentas para la supervivencia ética, cultural y material.

 

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